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Un especial de EL TIEMPO y Futbolred

Messi es Messi, pero todavía no es Maradona

AFP

Pareció un chiste flojo de la Fifa el darle a Lionel Messi el trofeo al mejor jugador de la Copa del Mundial de Brasil-2014. ¿Lo fue…? En la cancha no. Es que ni en su escalafón de mediciones frías las comas decimales así lo dicen. No estaba entre los mejores. El fútbol, como el cantito, "es un sentimiento que no se puede parar".

Y en ese sentimiento, Messi, sus amigos de la Selección, los 74.783 espectadores que este domingo se embarcaron en este Maracaná –nave de sueños-, los rivales, la prensa mundial y los más de 900 millones de televidentes que, según cálculos, siguieron la final en todo el planeta es uno solo: la Copa del Mundo es todavía el examen que no ha podido aprobar el fenomenal jugador para obtener su doctorado. La derrota con Alemania 1-0 en extratiempo en la final lo rajó de nuevo, como ya había reprobado hace cuatro años en Sudáfrica. (Lea aquí: 'En este momento no me interesa el premio; queríamos la Copa': Messi.)

La cara de Messi recibiendo el trofeo era una mezcla de frustración: el título perdido (obvio) y porque, tal vez, sabía que a pesar de haberle destrabado varios partidos a Argentina, solo fueron chispazos de ese talento, de esa calidad que tiene, de esa magia que llevó al Barcelona suyo y de Guardiola a ser, quizás, el mejor equipo de la historia. Desde los cuartos de final Messi no resultó determinante.

No levantó el trofeo. Y lo llevó cabeza abajo, como su mirada clavada en el piso, cuando bajaba por las escaleras del palco de premiación y honor antes de volver a subir a reclamar la medalla del subcampeón... (Vea aquí: Lionel Messi no pudo hacerle una 'gambeta' a la tristeza de perder la final del Mundial.)

"No me interesa nada... Lo único que quería era levantar la Copa", dijo Messi en sus primeras declaraciones a la’ televisión pública argentina’, este domingo, en un pasillo del Maracaná. "Es un golpe muy duro para nosotros, pero nos vamos con la cabeza alta. En otros Mundiales no podíamos pasar los cuartos de final y hoy (domingo) merecimos un poco más en la final, pero no tuvimos la suerte de otros partidos. Jugamos bien, pero no pudimos definirlo. Estamos dolidos por lo que pasó", dijo.

Este domingo, Messi empezó el juego con ganas de gloria. Un par de corridas, tres carreras de balón al pie, un par de pases a Lavezzi… Cuando la agarraba metía miedo. Para qué. Lo esperaban escalonado. Y con todo y eso asustaba a los alemanes. Estuvo a punto de anotar a los 2 minutos del segundo tiempo cuando desvió un remate cruzado pegadito a la raíz del segundo palo. Y no pudo hacer el gol que se sabe de memoria: corrida de la derecha al centro y tiro templado desde el borde del área. Esta vez le salió desviado.

Pero se fue apagando, como la luz de la vela que se derrite, se achica. Y se apagó. La última jugada del partido fue suya, para el empate en el alargue. Para la gloria buscada, para lo que pudo ser y para lo que terminó siendo: gambeta, patada y tiro libre... Para Argentina y su pie era como un penalti. Lo mandó muy alto, muy desviado, muy lejos…

Este mundial es el final de la temporada más mala para él de los últimos años. Su Barcelona no ganó la Liga de España, no ganó la Champions, no pudo retener el Balón de Oro que había ganado por cuatro años seguidos y su Argentina perdió, ayer, la final Mundial.

Messi no ha vuelto a ser el mismo después de un 2013 marcado por cuatro lesiones musculares, dos en cada uno de los bíceps femorales (de la pierna derecha y de la izquierda).

La historia dice que Messi lleva tres copas del mundo disputadas sin éxito: terminó como suplente en el 2006, eliminado con goleada en el 2010 y, este domingo, derrotado. Aún puede jugar el próximo, el de Rusia-2018. Llegará con 31 años y sabiendo que para ser Diego Maradona tiene que levantar la Copa del Mundo. Esa tarea aún la tiene muy pendiente…

GABRIEL MELUK
Enviado especial de EL TIEMPO
Río de Janeiro

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