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Khedira, la mejor muestra de un 'tanque' alemán

EFE

Sami Khedira llegó al Mundial de Brasil por la puerta de atrás. Sin hacer ruido. Recuperándose en silencio de una lesión gravísima que le dejó sin jugar durante casi toda la temporada. Con la confianza de un técnico, Joaquim Löw, que contó con él hasta el último momento. Le esperó y, este martes, contra Brasil, Khedira culminó su recuperación para dar una lección de fútbol.

El centrocampista del Real Madrid jamás podría imaginar cuando se lesionó una rodilla en noviembre del 2013 que iba a jugar el Mundial. Después de pasar por el quirófano para operar una rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla derecha, el tiempo estimado de recuperación era de seis meses.

"Esperemos que pueda llegar para el inicio de la Copa del Mundo", dijo entonces el médico de la selección alemana, Hans-Wilhelm Müller-Wohlfarth. Desde el minuto uno, todos en Alemania confiaron en una recuperación milagrosa. Era necesario para Löw. Siempre, desde que llegó a la selección, dio el mando en el centro del campo a uno de sus jugadores más resaltado.

Khedira recogió el guante y trabajó desesperado en una recuperación que parecía imposible. Y lo consiguió. Tardó exactamente 177 días en volver a jugar un partido de fútbol. Reapareció con Real Madrid en los últimos partidos de la Liga e incluso Carlo Ancelotti le dio la titularidad en la final de la Liga de Campeones. Aquello pareció un error. Khedira no funcionó, fue sustituido y Real Madrid mejoró su juego hasta conseguir ganar al Atlético de Madrid.

El jugador alemán había quedado señalado. Todavía no estaba bien físicamente y el Mundial de Brasil estaba en el aire. Pero Löw confío en él y lo llamó. Estaba con Khedira hasta el final. Y lo demostró en el primer partido del Mundial. Contra pronóstico, alineó al centrocampista frente a Portugal en el duelo más importante para Alemania en toda la fase de grupos. Jugó los noventa minutos y, aunque cumplió, pasó algo desapercibido en el 4-0 que abrió el camino a su selección hacia los octavos de final.

Contra Ghana, de nuevo Löw colocó a Khedira en el once de los elegidos. Fue sustituido a 30 minutos de final. Después, cerró la primera fase en el banquillo y no saltó al césped a lo largo de todo el partido que ganó Alemania a Estados Unidos.

En octavos, llegó otra decepción para el futbolista de la ‘Mannschaft’. Löw no confió en Khedira para el complicado duelo con Argelia. Al final disfrutó de treinta minutos. Parecía haber perdido definitivamente su hueco en el centro del campo.

El debate que estaba abierto estaba cerrado. Khedira había perdido. Pero tal vez era un plan de Löw para dosificar a un jugador que iba a necesitar por su potencia y poder físico. Pocos esperaban ver a Khedira entre los once elegidos que iban a intentar pasar por encima de la Francia de Benzema. Cuando apareció en la alineación, alguno se sorprendió. No brilló, pero dio mucho equilibrio al centro del campo de Alemania.

Y, por fin, contra Brasil, explotó. Dio una exhibición en la primera parte. Se creció. Volvió a ser el Khedira que deslumbró en sus mejores momentos con Alemania. Demostró las razones por las que Real Madrid le fichó. En el club de Florentino Pérez siempre ha sido cuestionado, nunca ha cuajado al cien por cien y ha sido blanco de muchas críticas. Pero el espectáculo que dio en los primeros 45 minutos contra el equipo de Felipe Luiz Scolari fue descomunal.

En Real Madrid deberían analizarlo con lupa. Fue el verdadero culpable del desastre brasileño. El empuje inicial de sus rivales lo cortó el solo. Y, además, supo salir con la pelota muy bien jugada para conectar con sus compañeros de ataque. Encima, se permitió el lujo de anotar un gol. Khedira se coronó. Pero con él, su entrenador.

"Es un riesgo calculado. Su personalidad y su experiencia son esenciales para el grupo. No está todavía a su mejor nivel, pero haremos todo para que lo esté", dijo Löw el día que dio una primera lista de 30 jugadores para el Mundial.

Khedira respondió a la confianza de su entrenador. Fue su renacimiento. A lo grande, sin fisuras. Como un verdadero tanque, como una apisonadora que arrasó a Brasil para confirmar su regreso a la elite. Khedira ha vuelto.

EFE

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