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Derrota en Mundial revela inclinación por prometer demasiado en Brasil

EFE

Mirando el fondo de sus vasos de cerveza, asombrados de haber perdido por 1-7 contra Alemania en una semifinal del Mundial, muchos brasileños expresaron su frustración por otra falsa promesa y una historia de expectativas infladas. El técnico de la selección, Luiz Felipe Scolari, les había dicho hacía tiempo a sus compatriotas que conseguiría el preciado trofeo en casa, para sumarlo a los cinco anteriores.

El autobús del equipo, que trasladó a un plantel inconsolable desde el estadio de Belo Horizonte, tenía las palabras "prepárense, el sexto está llegando" pintadas en un lado del vehículo. Hasta la presidenta Dilma Rousseff expresó confianza en la selección.

Pero el martes todo se derrumbó, ilustrando lo que muchos dicen es una característica nacional de prometer demasiado y cumplir por debajo de las expectativas, tanto en la cancha como fuera de ella. El ministro de Finanzas Guido Mantega, por ejemplo, es con frecuencia satirizado por sus proyecciones económicas optimistas que usualmente no se han alcanzado en los últimos años, más caracterizados por un estancamiento económico.

La petrolera estatal Petrobras también ha incumplido metas de producción y de inicio de operaciones de pozos en las vastas reservas de crudo de Brasil. "Prometer demasiado erosiona la credibilidad con el tiempo y en última instancia significa que los inversores van a buscar otros mercados", dijo David Rees, economista de mercados emergentes en Capital Economics, una firma de inversión de Londres. "Prácticamente todos los días se ve en las noticias que Mantega dice en una entrevista que el crecimiento se va a acelerar", agregó.

Decepcionados, los inversores le han dado la espalda a una economía que en la última década creció a un promedio anual que superaba el 4 por ciento.

La inversión extranjera directa en Brasil cayó un 4 por ciento desde el 2012 al 2013, convirtiendo la meta de actividad en la peor para los inversiones fuera de los países BRIC -un grupo de economías emergentes integrado por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica.

No es sorpresa entonces si los brasileños, para quienes el fútbol es casi una religión, se sienten un poco más que decepcionados por la paliza propinada por los alemanes el martes, en particular por los cuatro goles convertidos en seis dolorosos minutos de la primera mitad. "Nos prometieron tanto y ha sido un desastre", dijo Hernani Pennino, un trabajador del sector de informática, mientras se servía una dosis de Johnnie Walker en un bar de Río de Janeiro durante el partido.

Los medios están llenos de introspección, búsqueda de responsables y títulos a toda página y gráficos que recuerdan a los periódicos durante la guerra. #EmbarrassedBrazil es uno de los temas del día en Twitter.

El miércoles, el cuerpo técnico de Brasil se mostró contrito en una conferencia de prensa, durante la cual el asistente técnico Carlos Alberto Parreira dijo que antes del torneo "era una obligación ser optimista. Uno no dice vamos a la guerra pero vamos a perderla", agregó.

Reuters

 

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