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Minería ilegal, problemática ambiental y económica

Martes 26 de julio de 2016

Apertura

Nuevos desiertos avanzan detrás de la fiebre del oro

Mayores estragos de la minería ilícita se ven desde Ayapel, Córdoba, hasta el río Nechí, Antioquia.

Fotografía captada con un dron de EL TIEMPO que muestra el daño en Cuturú, Caucasia. EL TIEMPO

Desde el espacio, a 702 kilómetros de altura, los satélites del sistema Landsat de la Nasa revelan el crecimiento de un cáncer que, literalmente, se está comiendo la tierra y los ríos de al menos nueve departamentos de Colombia. La herida más grande se extiende a lo largo de miles de hectáreas, desde la ciénaga de Ayapel, en Córdoba, hasta mucho más allá del margen occidental del río Nechí, en el bajo Cauca antioqueño.

Es el cáncer de la minería ilícita del oro, y la metástasis se ha disparado en los últimos cinco años, de la mano de miles de dragas y retroexcavadoras que en cuestión de meses son capaces de convertir en un desierto de arenas muertas y lagunas de mercurio áreas más grandes que cualquiera de los centros urbanos de toda la región.

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Así arrasa la minería con el medio ambiente

Retroexcavadoras, dragas, mercurio y cianuro, entre la fórmula fatal.

El daño ambiental de la minería ilegal

Investigaciones dan cuenta de 6.330 puntos dedicados a la extracción ilegal de oro. Ya son cerca de 200 mil hectáreas de ríos y zonas selváticas seriamente deterioradas por esta actividad galopante.

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