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Póngale bolas al extintor: explicaciones y técnicas sobre su uso

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Léalas pues le pueden salvar la vida. Por ejemplo, nunca tenga este elemento en el carro solo para pasar retenes sino como una herramienta vital en caso de fuego, que es un riesgo latente y cercano.

Tenga mucho cuidado al comprar y recargar pues hay un mercado pirata que vende productos cuya efectividad usted solo puede evaluar en el momento del fuego y ya puede ser tarde.

Para la gran mayoría de los conductores, el extintor que se debe llevar en el vehículo es más un requisito para pasar el examen del equipo de carretera obligatorio que hace la Policía que una herramienta la cual puede salvar vidas y, de paso, su patrimonio rodante.

Los automóviles son apenas uno de los elementos que pueden generar incendios en nuestro entorno diario; en las casas hay también agentes que a cualquier momento desatan un fuego si no se tienen las debidas precauciones. Por ejemplo, las estufas, los cables eléctricos sobrecargados que se calientan, los calentadores de gas y fumar en la cama representan un grave peligro. Pero el carro con el tanque lleno y sin recursos a la mano, es una bomba potencial.

Para que haya un fuego se necesitan tres agentes: En primer término, oxígeno. Luego, un elemento combustible, como por citar algunos, madera, telas, plásticos, cauchos o líquidos inflamables.

Finalmente, el calor entra en juego. Sumados estos tres factores se produce una reacción en cadena que es el incendio. En un automóvil están presentes todos estos factores de riesgo y en el caso del combustible, nos acompaña el agente más inflamable y peligroso que es la gasolina (o ACPM) y no en cualquier cantidad: al menos 10 galones en el tanque de un carro pequeño.

Por supuesto, los automóviles tienen muchos sistemas de seguridad para evitar que haya derrames de gasolina y los cableados eléctricos siempre están protegidos para que no tengan contactos que puedan generar cortocircuitos o bien fusibles para que se interrumpa la corriente cuando haya sobrecarga o calor en las líneas. Pero, como lo vemos a diario, no siempre funcionan o los vehículos han tenido manipulaciones e instalaciones incorrectas que desencadenan fuegos, especialmente cuando instalan accesorios de manera antitécnica.

En los automóviles modernos el riesgo de fuego por gasolina es muy alto debido a que los sistemas de inyección se alimentan con una bomba que empuja la gasolina a más de 40 libras de presión mientras que en los carburadores usualmente se hace entre 4 y 7
libras. Si por alguna razón se desconecta alguna manguera y el motor no se apaga por falta de combustible de inmediato, el fuego se puede iniciar por contacto de la gasolina con las partes calientes como los escapes del motor, cosa que se ve mucho en los autos de competencia o en los accidentes de aviación. Un chorro de una bomba de esas durante diez segundos puede poner muchos litros de gasolina en circulación.

Si el problema se ocasiona en un cortocircuito, es posible que no se propague tan fácilmente pues consume inicialmente los cables
pero si el calor es tal que se traslada a otras piezas del carro como asientos, plásticos, mangueras, llantas, pintura y demás, es posible que se derritan los conductos de gasolina y esta empiece a chorrear alimentando el fuego.

Ante esto, hay recursos: Primero analizar cómo combatir el problema y para ello hay dos sistemas: sofocar las llamas cortando el oxígeno y, en segundo término, tratar de neutralizar la fuente combustible. Tercero, aislar el fuego si este ya se salió de control y evitar que se propague a otros vehículos, elementos, casas, etc.

Para sofocar las llamas está el extintor que contiene un polvo químico seco, en los usuales de riesgos generales, o bien de CO2 o Sokaflam para aplicaciones más especializadas. Para un automóvil, el extintor multipropósito, de color amarillo, marcado 5-B es usualmente capaz de manejar un fuego con 10 galones de gasolina, si se usa bien.

Pero de nada sirve llevarlo bien empacado en una bayetilla, dentro de una caja de herramientas con candado en el fondo del baúl y usualmente debajo de las maletas. Puede ser demasiado tarde cuando logre tenerlo a la mano, si lo consigue.

Lo primero que se debe hacer al sospechar un fuego (humo, calor y olor anormales) es liberar las tapas del baúl y el capó que usualmente se manejan con guayas (es lo primero que se derrite) o tienen cierres eléctricos (cuyas conexiones también se derriten con el calor). Hay que tener dos cosas en mente: primero acudir al baúl que es donde está el extintor pues se pierde tiempo mirando y tratando de ver dónde hay fuego. Segundo, tener precauciones al abrir el capó pues de alguna manera las llamas están sofocadas por falta de oxígeno y se avivan al tener más aire. Pero es el momento de usar el extintor de la manera correcta (ver uso) para apagarlas.

Tenga presente liberar a los pasajeros de inmediato y si hay niños o bebés proceder a evacuarlos pues se pueden sofocar con el humo, para no citar sino el mínimo riesgo.

De ahí en adelante, hay que confiar en que el aparato funcione y no se acabe su contenido. De ahí que haya que dispararlo con total precisión. Si el fuego sigue, habrá que buscar más extintores pues el agua no apaga la gasolina debido a que esta es más liviana que el agua y queda encima por lo cual la llama se extiende a medida que el agua corre en el piso.

Los últimos recursos que quedan siempre apuntan hacia el objetivo primario: quitarles aire a las llamas. Por eso, sofocarlas con mantas o algo parecido puede funcionar como también convertirse en un combustible más en el problema.

Nadie está exento de un caso de estos. Bien sea por una falla mecánica puntual, por un accidente y hasta por terceros agentes. Por ejemplo, un maromero de semáforo que se caiga con su tea encima del carro y riegue la botella de varsol o gasolina que tiene en el andén. Ahí puede empezar el caos, para no citar la eventualidad de que se caiga y suelte su tea por la ventana abierta de un bus. En nuestras ciudades convivimos con este riesgo a diario.

Por lo tanto, regresando al extintor, hay ciertos conocimientos y cuidados vitales al respecto. Primero, comprar el adecuado y no el que le ofrecen a la orilla del camino para pasar el retén. Puede que pese como si estuviera bien cargado (uno no sabe qué le echaron), que el reloj indique presión pero al mismo tiempo nadie está seguro de que lo hayan cargado con el gas correcto y de que tenga la presión suficiente para dispararlo. El extintor es una pieza muy simple y por ello mismo la falsificación y manipulación deshonesta es frecuente. Por lo tanto, cómprelo en un sitio certificado, del tamaño correcto (no necesariamente el que quepa en el famoso maletín), con la carga apropiada y revíselo periódicamente. Obviamente, esos extintores plásticos son de juguete en una emergencia.

La segunda parte es portarlo en un sitio accesible para lo cual el mejor es en la cabina, pero con ciertas restricciones. Nunca colgado en el paral a manera de adorno, pues en un accidente, si se zafa, mata a cualquier persona antes que el incendio. Tampoco debajo del asiento del conductor porque en caso de que falle el soporte, inmediatamente rueda y llega debajo de los pedales bloqueando el freno. Lo mejor es debajo del asiento del pasajero, al alcance fácil de la mano.


EL USO
Tenga presente que usar el extintor puede ser una única y fugaz opción de apagar un incendio. Luego no puede fallar y seguir estas reglas:

❊ Mantenerlo cargado y a la mano.
❊ Quitar el sello con cuidado, girándolo de la llave y no se precipite a dispararlo.
❊ Acérquese cuanto pueda y dispárelo desde una inclinación de 45 grados lo más que pueda a la base del fuego y haciendo un barrido horizontal y muy bajo sobre las llamas. Todo el polvo que eche por encima de las llamas se pierde.
❊ Recuerde que el polvo químico actúa sofocando, es decir, aislando las llamas del aire y esto de inmediato quita el oxígeno, que es el eje del problema.

LA RECARGA
Un extintor tiene por dentro un polvo químico seco, del cual hay tres modalidades muy parecidas y afines. Se llena más o menos un 80% del volumen con este material y luego en el espacio libre se agrega nitrógeno a 120 libras. El nitrógeno tiene mínimas variables y no se descompone. De esta forma, el polvo queda comprimido dentro del recipiente y puede salir por un tubo plástico
que va en el centro y conectado a la válvula o pistola que es lo que uno oprime para liberarlo sobre el fuego.

En la realidad, desde el punto de vista mecánico y químico, el extintor no se deteriora. Pero sí hay potenciales fallas que pueden ser pérdida del nitrógeno o presión y para ello existe un manómetro en la válvula que indica el nivel de libras. Si se baja, es muy posible
que el extintor no se desocupe plenamente por lo cual su efectividad se reduce o es nula si no hay empuje. Si hay pérdida del químico, lo cual es visible, por ahí salió antes el nitrógeno, luego
el aparato no sirve sino como adorno.

La única forma de saber si el extintor está bien es desocupándolo,
lo cual implica recargarlo de nuevo. Una señal de que al menos la carga química existe es el peso y agitándolo se puede notar el contenido pero ello denota falta de nitrógeno pues para moverse el polvo necesita el espacio donde falta el gas.

Para prevenir un costoso y doloroso chasco, se recomienda la recarga cada año, claro está, en un sitio reconocido y serio. Es
una operación muy simple, que no toma más de diez minutos. En
ese caso, refiérase con mayor razón a centros especializados porque un buen extintor de origen recargado con talcos o harina y
aire comprimido, es una burla a la seguridad y apenas un "capacomparendos".

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