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Febrero 21 de 2008

La palabra arte

No deja de ser curioso que habitualmente se esté empleando la palabra arte a manera de una convención en la que en apariencia todos estamos de acuerdo como quienes previamente hubiesen conocido y aceptado su significación; pero no es así la cosa y basta acudir a la historia de las culturas para convencerse de lo contrario.

Ante las manifestaciones que bajo dicho rótulo se presentan hoy en los museos, galerías, teatros, calles o concursos, muchos de los espectadores, cuando no se indignan al menos se plantean la cuestión: "¿esto es arte?" y es que parten de "una cierta idea" pocas veces correcta pero muy común que estima que lo que podemos llamar arte ya está más que definido.

El concepto de arte ha sido y es variable e inefable. Con esa palabra se han designado actividades, fenómenos y hechos muy diversos. Los antiguos griegos, que nos han dejado magistrales construcciones, esculturas, piezas teatrales y cerámicas que se reconocen como "obras de arte" no tenían en su lengua una palabra que pudiéramos traducir como equivalente a arte.

Hablaban de mimesis, que es más bien una técnica de imitación; y cuando los filósofos hablan de belleza no se refieren precisamente a sus esculturas, danzas o músicas sino a algo más intelectual y abstracto. La palabra latina ars-artis, madre de la neolatina arte, servía para designar la habilidad para hacer cualquier cosa y así tenemos el famoso "Ars amandi" en que Ovidio nos enseña destrezas en el amor; se dice que también se escribió el "Ars muriendi" y otros muchos tratados para resolver lo divino y humano artísticamente.

El siglo XIII nos ha legado el "Arte cisoria", un grueso tratado sobre la anatomía de las reses y el arte de despedazarlas técnicamente, obra dirigida por el rey Alfonso X el Sabio.

La cultura medieval europea clasificaba entre las artes la astrología, la geometría, la aritmética, la retórica y la elocuencia, y no la pintura o la escultura, que solo se albergarán bajo la idea del arte con el Renacimiento. A partir de este, la Filosofía, en cuanto sabiduría de la explicación de las cosas del mundo, ha considerado necesario buscar una definición del arte. Ferrater Mora, en su Diccionario de filosofía observa que las definiciones del arte parecen ser por lo menos tan numerosas como los sistemas filosóficos.

Ha sido tradicional, en efecto, que cada una de las grandes concepciones filosóficas se vea obligada por así decirlo a dar su respuesta propia y original al problema de lo que es el arte. En 1750, Alexander Baumgarten incorpora la palabra 'Estética' inspirada en la griega 'aestesis' al pensamiento occidental como ciencia de la belleza y desde entonces hasta el siglo XX las ideas de arte y belleza han sido fuertemente vinculadas, defendidas por la Academia y aceptadas casi como indiscutibles por el público en general. 

Durante los últimos dos siglos no solamente la estética clásica como ramas de la filosofía, sino otros y diversos saberes se interesan en hallar un concepto definitorio de lo que se llamaba arte; predominaba, sin embargo, y ha seguido predominando por largo tiempo la idea de lo artístico con lo natural y lo bello. A mediados del siglo XIX, Ingres, el prestigioso paladín del neoclasicismo, escribía: "No hay dos artes, hay solo uno; el cimentado en la belleza, que es eterno y natural; se equivoca fatalmente quien busca en otro sitio".

Los idealistas seguidores de Kant y de Hegel, filósofos, escritores o artistas, extenderían la idea del arte como actividad encaminada a buscar la perfección de las formas, en todo caso para lograr el ideal de lo bello. El naturalismo, algo más amplio, populariza la frase "Naturaleza más Hombre, igual a Arte" que pretende ser definitoria por otras vías, cada vez más alejadas del rigor filosófico y ya ambientadas en el siglo XX se dirá que la misión del arte no es tanto la búsqueda de la belleza, sino cierta idea o cierta imagen del mundo distinta de la que pueda ofrecer el filósofo o el científico.

Benedetto Croce, para quien el arte es una forma de conocimiento intuitivo, ha abierto con su obra una de las puertas tal vez más expeditas para que entren por ella con sus propuestas de explicación del sentido de la palabra arte no solamente las "gentes del nuevo pensamiento" de que habla Habermas sino también los artistas mismos, los literatos, los historiadores, los neoestetas, los museólogos y, en fin, todos lo que creen tener derecho a pensar todavía.

Se leerán o se escucharán por doquiera pensamientos y voces más o menos definitorias sobre lo que llamamos arte: "es la vida" dicta De Sanctus; "lo que nos acerca o aparta de la vida", anotará Maurois; "el presentimiento de una verdad", declarará Picasso; "la más hermosa de las mentiras", Shaw; "un ejercicio inútil", corearán los epígonos de Proudhon; "es religioso o no es arte", proclamará Pio XII; "es expresión o no es nada", repetirán los expresionistas; "lo que harán los artistas", definirán los existencialistas...

Un recorrido por lo que al problema que suscita la palabra arte deducimos de un acervo de estudios, conferencias, ensayos, ponencias, artículos, entrevistas, manifiestos y catálogos conduce a afirmar que su significado se nos ofrece menos claro que nunca. Hoy, con ella pueden designarse si se quiere uno o varios de estos conceptos:

- Un modo de conocimiento distinto y opuesto del científico y al filosófico.

Un medio de comunicación social.
Un lenguaje universal.
Un hecho estético.
Una búsqueda de la belleza.
Una expresión de contenidos.
Una técnica de imitación.
Un signo productor de un efecto.
Un producto de la imaginación.
Una transformación intelectual de lo objetivo.
Una sublimación de la sexualidad.
Una religión.
Una invención inútil.
Una creación de la inteligencia.
Una emanación del alma.
Una habilidad cualquiera.

Hoy por hoy no se puede disponer de una definición clara y de valor universal de lo que significamos con la palabra arte. Apenas nos movemos en torno de los conceptos que en muchos casos tienen un carácter vicario. Cada uno de los resumidos aquí reposa en argumentos más o menos sólidos, algunos de ellos con el apoyo de expresiones históricas.

Ninguno renuncia a nombrar con la palabra arte las posiciones que defienden. Mucho tememos que no quede en ser una palabra convencional y antigua para uso de historiadores.


Por Francisco Gil Tovar
 

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