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Febrero 21 de 2008

La Luis Ángel, 50 años

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Una de las salas de lectura de la Luis Ángel Arango en Bogotásala.

El 20 de febrero de 1958, el Banco de la República abrió las puertas de la Biblioteca Luis Ángel Arango en la calle 11 con carrera 4ª., y desde entonces esta ha crecido junto a su público.
La biblioteca empezó en 1932 con colecciones oficiales, en 1944 el Banco compró la biblioteca privada de Laureano García Ortiz, cerca de 25 mil volúmenes, entre ellos prensa del siglo XIX, libros de historia y algunos manuscritos.

Las bibliotecas de Carlos Lozano, Luis Rueda Concha, Leopoldo Borda, Jorge Soto del Corral fueron compradas posteriormente para hacer parte de la colección. En 1949 se abrió al público una pequeña sala de lectura para 25 personas en el edificio Pedro A. López.

En 1955, el gerente del Banco, Luis Ángel Arango, decidió que se construyera el edificio que se inauguró 3 años más tarde con una sala de lectura para 250 personas, una sala de exposición, una de música, la hemeroteca y la sala de raros y manuscritos que alberga documentos históricos y libros muy valiosos.

En 1965, la gran afluencia justificó la ampliación tanto de los depósitos como de las salas para acoger a 500 personas. En los 80 se crearon bibliotecas en las sucursales del Banco en 12 ciudades, en la BLAA se reabrió la bella Sala de Conciertos con 380 sillas y otras salas de exposiciones, se abrieron salas temáticas, Bogotásala de audiovisuales y las cabinas de investigadores y, sobre todo, se estableció la consulta del catálogo por computador con un sistema de entrada múltiple.

La colección bibliográfica sigue creciendo constantemente, ya casi llega a 2 millones de títulos, cubre todas las áreas, y se actualiza permanentemente, incluye prácticamente todas las publicaciones colombianas, las de los colombianos fuera del país, y las que se refieran al país.La biblioteca inicialmente era visitada especialmente por investigadores y sus libros estaban en depósitos.

Pero la variedad y amplitud de su colección atrajo a variados públicos, estudiantes, universitarios, público general. Al iniciar el siglo XXI, la BLAA era la biblioteca pública con más visitantes a nivel mundial: más de 9 mil personas diarias. Con el establecimiento de la Bibliored del Distrito, la presión sobre la BLAA disminuyó.

Hoy entran alrededor de 6 mil personas diarias. Desde finales de los 80 la BLAA presta libros a los socios. La cobertura de la biblioteca crece, ya es una red de 19 bibliotecas y 6 centros de documentación y en total en 29 ciudades donde el Banco tiene áreas culturales hay servicio de asociación y se puede hacer préstamo domiciliario.

La biblioteca es pues, al tiempo, una biblioteca patrimonial que atesora y conserva la producción cultural del país, una biblioteca de investigación que acoge a los estudiosos y una pública que responde a las necesidades de los lectores en general.

También es un espacio de encuentro, de diálogo y argumentación donde llega un público diverso para el que se ofrecen variadas actividades culturales, entre ellas los conciertos de música de cámara y las conferencias de escritores nacionales y extranjeros, de investigadores de diversas disciplinas, muchas veces concertadas con las universidades o las distintas entidades culturales.

La biblioteca virtual iniciada desde 1996 está en el centro de los esfuerzos futuros pues no solamente ha de ser, como viene siendo, un gran repositorio de material colombiano en los distintos formatos que hace posible lo digital sino que debería convertirse en un medio de acceso a todo tipo de contenidos que se genera en el país y alojan las distintas instituciones.

Es importante seguir ofreciendo recursos públicos que ayudan a reflexionar, a darle sentido a la experiencia humana y hacen al individuo capaz de elaboraciones propias, autónomas y críticas.

La BLAA es uno de los mejores resultados del esfuerzo continuado del Banco de la República que entendió su labor cultural con una visión amplia de formar ciudadanos, de contribuir a su patrimonio simbólico y a ofrecer respuestas a sus necesidades culturales.

Para celebrar sus 50 años se hará un concierto conmemorativo el 27, en la primera semana de marzo se inaugurará la exposición La BLAA, una biblioteca que crece con su público, y se lanzará el programa Becas BLAA 50 Años que apoyará proyectos de investigación en las colecciones de la biblioteca y los centros de documentación regionales de la red de Bibliotecas del Banco. A mediados de año se publicará un libro con la historia de la biblioteca.

Aportes y donaciones, fuente de enriquecimiento

La Biblioteca se ha enriquecido con las donaciones de bibliotecas privadas como la de Alfonso Patiño Roselli que es la base de la biblioteca del área cultural del Banco de la República en Tunja, la de Darío Echandía en Ibagué, la de Bernardo Ramírez que se está instalando en Pereira. La biblioteca de Alfonso Palacio Rudas fue albergada en la Casa Gómez Campuzano, dada en comodato al Banco y abierta como sede en el norte de Bogotá. El archivo de Orlando Fals Borda se está catalogando para el Centro de Documentación de la sucursal de Montería y los de Rafael del Castillo y de Jorge García Usta en Cartagena.

Otras donaciones como las de Álvaro López Toro, Enrique Uribe White, Jesús Antonio Bejarano, Juan Luis Londoño de la Cuesta, Alicia Dussán de Reichel, Jorge Orlando Melo, Miguel Urrutia, Rodolfo Segovia y Guillermo Páramo enriquecen la colección bibliográfica de la BLAA.

Entre los archivos  donados están los de los presidentes Tomás Cipriano de Mosquera, Eduardo Santos, Alberto Lleras, Carlos Lleras, y los de estudiosos como Guillermo Hernández de Alba, José María Samper Brush, Lauchin Currie, Francisco Urrutia, Alfonso Gutiérrez, Alfonso Villegas, Nina de Friedemann, y entre los más recientes los manuscritos de Andrés Caicedo y la de los de Darío Jaramillo Agudelo.

Otros fondos han sido comprados. Algunos extranjeros han dejado también importantes contribuciones a las colecciones como las de Tulio y Rebecca Rabinovich, Simón y Lola Gubereck, Frank Wallemberg, Casimiro Eiger, Peter Aldore, Pierre Daguet y Howard Rochester.

La donación de Monseñor Perdomo constituye el corazón de la colección de instrumentos musicales, y a ella se ha sumado el piano donado por la Fundación Arte de la Música. Documentos como las partituras de músicos colombianos coleccionados por mismo monseñor y las grabaciones y correspondencia de Guillermo Uribe Holguín engalanan la sala de música.  En las colecciones de arte, junto al incomparable caso de la donación Botero, se encuentran entre otras las donaciones de pintura de Manuel Hernández, Beatriz González, Luis Caballero, Santiago y Juan Cárdenas, Antonio Roda, Guillermo Widemann y Lorenzo Jaramillo.

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