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Febrero 21 de 2008

Que viva el machismo por conveniencia, dice Isabella Santo Domingo

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Foto: Carlos Duque
En serio pero con humor, Isabella Santodomingo habla sobre feminismo y machismo.

En serio pero con humor, la actriz y escritora da la versión de sus libros sobre el feminismo de hoy

¿A qué le suena hoy feminismo?

Tomo en serio muy pocas cosas del feminismo que se aleja de la teoría original y de una práctica que se basaban en la justicia. Según la Real Academia es: Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.

Siempre pensé que era lo contrario, que la mujer luchara por ser la protagonista de su vida sin tener que imitar hasta convertirnos en una mala copia (Olimpia de Gouges y Mary Wollstonecraft deben estar revolcándose en sus tumbas al ver cómo se ha degenerado su idea hasta convertirse en una inútil batalla de géneros en la que, encima de todo, algunos se ofenden si no queremos tomar partido).

Por eso de militante de dichas filas pasé a desertora. Escribí un libro (mi abuela -y fijo Santiago Gamboa, ambos de la misma escuela- insisten en que es un pasquín) en el que lideró mi propio movimiento: 'Machismo por conveniencia'. Cuyo significado en la RAE sería algo así como: Doctrina morronga y solapada que sí es favorable a la mujer a quien concede plena incapacidad (para no hacer nada, especialmente oficio), derechos y beneficios ilimitados ante los hombres. Prometo que la única marcha si siguen mis consejos, será la nupcial.

Hay que ser descomplicados y saber viajar con poco peso. Sin tanta preocupación, cargos de conciencia y más que nada, sin tanto drama. No me interesa ser como ellos... sino salir con ellos.

¿Aprovecha la mujer su libertad para cambiar su condición?

A las que siempre hemos sido libres, más que nada de pensamiento, no nos interesa cambiar nuestra maravillosa condición.

Otras, en su afán por parecerse a los "machos opresores" lo único que han logrado es distorsionar lo que conocíamos como estabilidad.

Asumido con revanchismo, el feminismo es nocivo para la salud y entre sus síntomas se encuentran resentimiento, soledad y una sensación de frustración que no alivian ni antidepresivos ni cantidades de alcohol (créanme, lo he probado).

El fracaso del feminismo a ultranza es no haber logrado feminizar al mundo, que habría sido el ideal, sino llevar a una masculinización global.

¿Fue irresponsable dejarlas sueltas?

¿Es que encima de todo nos tenían amarradas? ¡Con razón nos sublevamos! Por mentalidades así es que mujeres como yo hemos popularizado los vibradores.

No sé qué es estar amarrada. Siempre me han acusado de ser una suelta de madrina. De no establecer lazos afectivos permanentes y de preferir relaciones sin atadura. A menos que sea parte de un juego de alcoba. Ahí sí acepto corbatas, cabuyas, pitas, cinturones y hasta esposas. Pero únicamente si no son celosas.

En pleno siglo XXI, cuando millones salen para decir 'No al secuestro' quedó claro que retener a una persona es una violación.

El machista alega legítima defensa...

Mientras las feministas reclaman justicia prefiero exigir la legítima mitad de todo y en pro de mi defensa, una caución que le prohíbe acercarse por lo menos a 10 kilómetros.

Sus libros caricaturizan el feminismo, el machismo, o ninguno de los anteriores.

Siempre tendré algo que decir. De hecho cuando me callo me salen subtítulos. A punta de humor, he encarretado a miles.

Quienes en mis libros buscan alguna doctrina, un manifiesto, a una gurú del sexo o a una Dalai Lama del amor, exijan que les devuelvan su dinero. No soy machista, ni feminista, ni gay, ni la solución a ninguno de sus problemas reales, inventados o magnificados.

En mi carro hay una calcomanía: 'Por favor no me siga. Estoy más perdida que usted'. Mi única autoridad para aconsejar es haber ido a una fiesta de más, haberme tomado un trago de más y haber salido con un tipo de más. Mis libros sirven para aprender a reírse más y a quejarse menos.

¿Por qué 'agarraron'?

Lamento decir que no por declararme alérgica al matrimonio, imprudente, promiscua, rumbera, inestable, haber hecho el amor en un ascensor y el oso en TV en un reality y casi morir asfixiada para rematar en diferido en una prueba en la que quise brillar, pero por mi ausencia, y además haber posado desnuda sobre un caballo. Queda la posibilidad de que por mérito propio tengan su encanto.

A pesar de que hago críticas duras tanto sobre el género masculino como el femenino, que tampoco se salva de nada y para el pesar de algunos, también en el tercero que viene en camino, mis lectores aprecian que con humor logro que se rían hasta de ellos mismos y así hablar de infidelidad, hipocresía y la envidia que pulula en el que he denominado 'Mercado Nacional del Usado'.

Usualmente el bar de moda donde habitan seres inestables que se reúnen para dar rienda suelta a sus vacías existencias. No creo que en Iquitos importe mucho quién soy. O que en México, Uruguay, Argentina o Chile, intrigue de dónde salí, o que al país de Chávez, así sea por 'piedad' le interese lo que he hecho. Dudo que en España y E.U. tenga relevancia si estoy emparentada a los Santo Domingo que salen en Hola o a los que literalmente viven en la olla. Si fuera por eso Aura Cristina Geithner estaría en la portada al lado de Gabriela Mistral.

¿Explota la mujer liberada su sexo más que antes?

Igual que siempre. Las mujeres intuitivamente saben que el sexo es el talón de Aquiles del hombre y que ha sido un elemento de manipulación infalible que algunas han sabido aprovechar.

¿Acaso Cleopatra, Malinche, Ana Bolena o París Hilton no han destruido solas y con una sola mano imperios cuando millones de hombres, incluso armados, lo intentaron sin éxito?

La única diferencia es que ya no permitimos que nos escojan la ropa o que tengamos que sacarles a escondidas dinero cuando están dormidos. Porque encerrada, esclavizada, seguramente amargada y tapada de la cabeza a los pies, la mujer que no lucha contra su condición, siempre ha encontrado la manera de lograr lo que se propone.

¿La mujer hoy resulta de su independencia económica?

Somos víctimas de nuestro propio invento. Porque por un lado exigimos que nos traten de igual a igual pero por otro nos quejamos cuando a ellos ya no les interesa ser galantes o considerados.

Las radicales lograron lo que ningún hombre con todo su machismo, su autoritarismo y opresión pudo: ponernos a trabajar. La liberación basada en independencia económica no es otra cosa que otro tipo de esclavitud pero mejor disfrazada. Somos esclavas de los sobregiros, de las tarjetas de crédito, de los pagos por módicas cuotas y las televentas.

Por mostrarnos poderosas, autosuficientes y exitosas, seguimos en una competencia desleal que solo tiene una explicación: la lucha por la atención masculina.

¿Difieren el feminismo de una campesina y el de una privilegiada?

Salvo algunas circunstancias son básicamente iguales, pues todas queremos lo mismo: estabilidad emocional. Padecemos de lo mismo: frustración. Odiamos la misma cosa: que nos irrespeten.
La diferencia real está en la forma de practicarlo. Supongamos que al tiempo privilegiada y campesina están en relaciones abusivas donde su cónyuge reacciona con violencia, en ocasiones física. A ambas, su instinto las lleva a acudir a la autoridad en casos extremos (el ideal sería en todos), en eso también son parecidas, no denuncian a menos que su vida corra peligro o sea demasiado tarde.

La una llegaría al CAI en carro mientras la otra lo hará en la comisaría de pueblo a 20 kilómetros, sea caminando o a lomo de burro. O si, por el contrario, ambas son de armas tomar, la privilegiada arrojaría un cenicero y la otra utilizaría azadón.

Ambas considerarían divorciarse, la diferencia sería que la privilegiada aspiraría a quedarse con la mitad de todo y la campesina se quedaría con todo: los chinos, los quehaceres y un préstamo del que nunca vio un peso.

Tal vez la mayor ventaja de la privilegiada es que si queda muy maltratada, siempre tendrá esperanza de salir en SoHo.

¿Es igual el feminismo de la fea al de la bonita?

Ni beldad o fealdad deben ser determinantes para que la mujer defienda su dignidad. Como existen feas exitosas (para la muestra un botón: Betty), también existen bonitas pero brutas que se sienten fracasadas.

Tiene que ver más con el valor que nos damos que con factores físicos que varían. Debido a que las comparaciones siempre son odiosas, es injusto considerar tanto feminismo como machismo en términos de bueno y malo, fuerte o débil, víctima y victimario y darles connotación negativa que, en últimas, es lo que nos ha segregado.

Es tan erróneo asumir que todas las feministas son feas, bigotudas, masculinas y activistas agresivas, como definir que machismo significa opresión, agresividad y golpear a la mujer, encerrar a la hija para que no se vea con el novio mechudo, emborracharse, ser infiel e irse a las patadas con cualquiera que lo haya mirado raro.

Aunque suene cada vez más raro, aún existen feministas que no odian a los hombres y machistas que aman a sus mujeres.

¿Cómo le parece la mujer de la telenovela?

Aspiracional. La propuesta nacional es mucho más evolucionada que la de países como México o Venezuela. No es totalmente cierto que la TV no es más que un reflejo de la realidad. La realidad siempre termina imitando lo que, en algunos casos por desgracia, ve por TV.

¿Cuál es el problema real de la colombiana hoy?

Que ve mucha TV. Gracias a la globalización, con cada vez más TV, nos queremos parecer más a las de allá que a las criollas de acá. Pero si dejaran de imitar tanto colombianas como latinoamericanas, si en vez de imitar a las frías y supuestamente prácticas del Primer Mundo impusiéramos una liberación que se ajuste más a esta realidad como las aterrizadas que aún somos en gran mayoría, en vez de tener problemas, podríamos incluso solucionarlos.

¿Y las feministas fundamentalistas?

Al parecer no ven suficiente TV. Tal vez por ello aparece como dos corrientes distintas un supuesto mismo partido. Por un lado las que asumen que es poder comprar más carteras sin tener que pedir permiso a un marido avaro.

Por el otro las que han decidido que las novelas son para amas de casa inútiles y muy desesperadas, que la moda es una costosa ridiculez y que los hombres son como las batidoras: que casi siempre hay uno en casa y no tienen ni idea para qué sirven.

¿Lee a Florence Thomas?

Solo cuando no está recibiendo un Simón Bolívar tras escribir una columna contra mí en la que cuestiona desde mi autoridad para escribir un libro de humor, pasando por mi punto de vista frente al feminismo radical y la dañina batalla entre géneros en la que he decidido no tomar partido por estar más ocupada viviendo que suponiendo, hasta recordarme que gracias al feminismo tengo una hija en vez de medio equipo de fútbol.

Soy consciente de que mi humor no es para todos, pero que con el mismo es posible llevar mensajes de pacífica emancipación y reconciliación entre las partes para ayudar a entender que el feminismo nunca fue planteado como disputa por el poder sino como propuesta conciliadora para defender a los más desvalidos sin importar si eran niños, animales, ancianos de cualquier género como para darle voz y voto a las mujeres.

¿Es utópica la liberación de las minorías sin la de la comunidad?

No, si esa minoría se une para lograr un beneficio común. Lo de 'minoría' lo revisaría. Cuando han sido los hombres los que, tal vez para justificar su infidelidad, nos hicieron o el daño o el favor de promover que había más mujeres, lo que supuestamente les da margen para escoger entre tanta oferta y escasa demanda. De ser así, y si alguna vez dejáramos las rencillas de nuestro género, si armáramos un frente común con objetivos claros, hasta volvería a ser feminista. 

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