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Febrero 21 de 2008

Breve historia de Lecturas

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Directores de Lecturas: Santos, Arciniegas, García-Peña, Carranza, Barrera Parra, Jaime Posada, Mendoza Varela, Carlos Villar Borda y Hersán.

Lecturas Dominicales está inextricablemente ligada a la tradición y la propia historia de este periódico. Como suplemento literario, estuvo bajo la dirección de intelectuales de la talla de Jaime Barrera Parra, Germán Arciniegas y Eduardo Carranza, en las décadas del treinta y del cuarenta (siglo XX).

Paralelamente, surgieron y fueron promovidas escuelas de escritores y poetas como Los Centenaristas, con Rafael Maya y Luis Vidales a la cabeza, y posteriormente Piedra y Cielo, a cuyos miembros León De Greiff calificaba como "narcisos de hojalata".
Mi padre, Jaime Posada -entre otros-, también estuvo al frente entre 1945 y 1955. Pleno furor de Los Cuadernícolas, aparte de contar con colaboradores tan prestigiosos como Baldomero Sanín Cano, Hernando Téllez (quien sostenía que "el estilo es el hombre"), Pedro Gómez Valderrama y Eduardo Caballero Calderón.

'Lecturas' -inicialmente bautizadas 'Lecturas Populares' por el doctor Eduardo Santos- fue también un refugio de los españoles cuando la guerra civil. Nombres tan excelsos como los de Salvador de Madariaga, Indalecio Prieto, don Manuel Azaña, al igual que los muy recordados José e Ignacio Prat, tuvieron plena acogida en estas páginas durante su largo exilio y aun después.

En la buena época de Eduardo Mendoza Varela y Jaime Paredes Pardo se incorporó Enrique Santos Calderón, para darle una apertura ideológica -y también idiomática- con ciertas firmas.

Recuerdo que a comienzos de los setenta le publicó una crónica a Óscar Collazos, en la que palabras como 'puta', 'verga' y 'chimba' se usaban más de una vez. El hecho que aparecieran impresas suscitó encendida reacción en mi abuelo, Roberto García-Peña, entonces director de EL TIEMPO.

Él, que era un hombre ampliamente liberal y tolerante, montó en cólera y de inmediato prohibió la firma, pues el empleo reiterado de las palabrejas resultaban escatológicas y de mal gusto. Aparte de reconocido novelista, hoy Collazos es columnista del periódico.
Después vino la época en que Hernando Santos -entonces subdirector de este diario- asumió la dirección de 'Lecturas', en 1981, y me nombró coordinador.

Le gustaba destacar las artes plásticas y las audacias de pintores como Fernando Botero en plan de cuentista. Cada cuento lo acompañaba el maestro con una estupenda ilustración que Hernando me pasaba en perfectas fotocopias.

Yo me preguntaba en silencio sobre los originales, muerto de las ganas de guardarme uno. Nunca pude. ¡Oh sorpresa!

Un día, al entrar a la casa de Hersán a uno de sus gratos almuerzos donde se comía de maravilla y siempre tenía como invitado a un ex presidente pero también un torero, topé con los dibujos cerca de la escalera que conducía al segundo piso. ¿Cuál de sus hijos los tendrá ahora?, me pregunto con cierta curiosidad...

Cuando Santos Castillo asumió la dirección de EL TIEMPO, en 1983, me nombró director del suplemento, y aunque conservaba su carácter cultural hubo muchos reparos porque dejó de ser literario. Tenía, en efecto, diversas lecturas: entrevistas políticas, ensayos económicos, artículos ecológicos y una buena cuota de gastronomía.

Pero quizá el recuerdo más vivo resultó una larga entrevista con Julio Mario Santo Domingo que se le publicó a Luis Zalamea, en la que a una conocida columnista de Semana le pareció que al entrevistador se le iba la mano en opiniones incluidas en sus preguntas, y lo tildó de fósil.

Se le dedicaron 6 páginas porque reportaje con Julio Mario no es fácil que lo conceda, y eso que no cupo completo. El texto inédito lo conservo en algún cajón de la oficina, por si a más de uno le interesa.

Con Jorge Restrepo, buena parte de mi vida periodística la he pasado frente a Lecturas, que desde hace dos años dejaron de ser dominicales para volverse sabatinas y que cambian de rostro para convertirse en una revista mensual y, prontamente, quincenal. Todo un nuevo reto profesional. 

POR D'ARTAGNAN

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