A veces Walser salía a pasear

A veces Walser salía a pasear

El escritor se codeó con la crema y nata de la intelectualidad berlinesa e impresionó a Kafka.

fg

Robert Walser, escritor suizo.

Foto:

14 de febrero 2017 , 10:55 p.m.

Robert Walser (1878- 1956) escribió 'El paseo' durante una de sus largas estadías en la ciudad industrial de Biel, muy posiblemente en el apartamento de su hermana Lisa, aunque cabe la posibilidad de que lo hubiera escrito en uno de los áticos de los hoteles que se levantaban en las afueras de la ciudad.

Sabemos que para entonces Walser ya se había codeado con la crema y nata de la intelectualidad berlinesa, y que el propio Kafka había expresado su interés y fascinación por su obra, hasta el punto de mencionarlo en los diarios que comenzaba a escribir en 1910.

Sin embargo, Walser no estaba contento. La verdad, había tenido que despedirse de Berlín por la puerta de atrás, tachado de torpe, provinciano y borracho por la misma aristocracia que lo había acogido, y con algunas reseñas demasiado corrosivas cargadas bajo el brazo.

Aunque había cumplido con el sueño de vivir de la literatura en la ciudad más glamurosa del mundo (“estoy a punto de escribir tanto, que Hesse y compañía van a quedar asombrados”, le dijo a un amigo antes de establecerse en Berlín), y había publicado sus novelas 'Los hermanos Tanner' (1906), 'El ayudante' (1908) y 'Jakob von Gunten' (1909), esta última, la más importante de sus obras, se sentía descorazonado.

Es posible entonces que 'El paseo' (reeditado ahora por Siruela como parte del centenario de su publicación) le sirviera a Walser como vía de escape a su melancolía y diván inmejorable para autoexaminar su vida y, por extensión, la vida en relación con el entorno.

Porque El paseo es básicamente eso: un paseo de un día por una ciudad pequeña –y sus alrededores– en la que el narrador descorre el velo del mundo para revelarnos, en efectivísimas dosis despojadas de arabescos, la belleza inconmensurable de la vida y el horror ilimitado del progreso.

“Los niños son celestiales porque siempre están como en una especie de cielo. Cuando se hacen mayores y crecen se les escapa el cielo, y caen desde la infancia a la seca y calculadora esencia, y a las aburridas concepciones de los adultos”.

Y luego: “Ay de esos automóviles que pasan, que atraviesan fría y malvadamente el juego de niños, el cielo infantil. (…) No comprendo ni comprenderé nunca que pueda ser un placer pasar así corriendo ante todas las creaciones y objetos que muestra nuestra hermosa Tierra, como si uno se hubiera vuelto loco y tuviera que correr para no desesperarse miserablemente”.

Enrique Vila-Matas definía en su novela Doctor Pasavento su gusto por el autor suizo en los siguientes términos: “En Walser pensaba yo a menudo. Me gustaba la ironía secreta de su estilo y la premonitoria intuición de que la estupidez iba a avanzar ya imparable en el mundo occidental”.

Quizás la premonitoria intuición de que esa estupidez estaba más cerca de lo que la gente pensaba pudo haber llevado a Walser no sólo a escribir ciertos pasajes de 'El paseo', sino a tomar la decisión, doce años después, de abandonar cualquier intento de escritura para internarse voluntariamente en el sanatorio de Waldau, primero, y en el de Herisau, con el fin de desaparecer. En sus ventiocho años de encierro sabemos que Walser a veces salía a pasear.

Sigue bajando para encontrar más contenido

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA