'Sense8': globalización, turismo y poliamor

'Sense8': globalización, turismo y poliamor

El escritor español Jorge Carrión analiza el capítulo final de esta serie de Netflix.

Sense8

El autor de 'Teleshakespeare' analiza el último episodio de esta serie que logró captar el espíritu turístico y poliamoroso de la globalización.

Foto:

Cortesía: Netflix.

08 de julio 2018 , 08:45 a.m.
I. La fiesta y la orgía

Sense8 termina con una orgía. Los ocho sensates, mentalmente conectados, hacen el amor con sus respectivas parejas o en tríos; pero –como si se tratara de una obra de Spencer Tunick– son diecisiete las personas que se revuelcan y se entrelazan, paralelamente, en sus camas respectivas y en el espacio emocional y carnal común. Los destinos de Will, Riley, Capheus, Sun, Lito, Kala, Wolfgang y Nomi, junto con los destinos de sus amigos, amores y familiares, todos ellos de procedencias distintas y de naturalezas étnicas y sexuales diversas, convergen en ese montaje en contrapunto de cuerpos que sudan, de vibraciones entrecruzadas, de red telepática.

La socióloga Eva Illouz dice que cada época tiene su propio estilo emocional y que el terapéutico es el propio de la nuestra. Quién sabe si en su seno el poliamor no va ganando espacio, para definir el estilo emocional de nuestro inminente futuro. De ser así, Sense8 ha sido capaz de conciliar la terapia con el poliamor, combinando las conversaciones de los ocho protagonistas –que concluyen en la superación de sus problemas y traumas, sobre todo de origen familiar– con sus revolcones y sus orgasmos. Psicoanálisis y sudor.

La de París es la segunda gran orgía de la serie de ciencia-ficción emocional de las hermanas Wachowski. Ahora están todos en hoteles de París; en la anterior de encontraban en sus países correspondientes. Son jóvenes. Son guapos. Les va la marcha. Tras dos temporadas experimentando –en circunstancias extremas, perseguidos por un enemigo implacable– con la amistad, con la violencia, con el amor, acceden finalmente a la edad adulta a través de una masacre y de una boda. Porque estamos ante un relato de formación en que el individuo ha sido reemplazado por el grupo. El rito de paso final, el ingreso en la madurez, pasa por el thanatos y el eros de toda la vida, pero en nuestra época de macrofiestas y de Netflix.

Sense8 ha sido capaz de conciliar la terapia con el poliamor, combinando las conversaciones de los ocho protagonistas con sus revolcones y sus orgasmos.

II. Comunidades entrelazadas

Porque las discotecas y los festivales, tan presentes en Sense8, riman con el espíritu celebratorio de una serie que se sirve de las convenciones del thriller y de la ciencia-ficción para explorar la polisemia que en nuestra época ha adquirido la palabra “comunidad”. La fiesta en la torre Eiffel, con motivo de la celebración de la boda entre Nomi y Amanita, reúne físicamente las dos grandes comunidades que hemos seguidos durante las dos temporadas de la serie, en este capítulo extra o película final. La que conforman los miembros del clan protagonista. Y la del círculo que se expande más allá de ellos: padres, hermanos, amantes y sobre todo amigos y amigas.

Pero tal vez sea más importante para entender la propuesta de las hermanas Wachowski un tercer círculo: el de los fans. Así se pone de manifiesto en las imágenes que acompañan los créditos finales. En todas las ciudades donde se rodó este bonus track o epílogo climático acudieron los seguidores a mirar, a apoyar, a pedir autógrafos, a recibir besos y abrazos, a hacerse selfis, a reclamar su pequeña porción de protagonismo. Porque ha sido gracias a ellos que la historia ha tenido una conclusión. Tras la cancelación de Netflix -esa otra comunidad infinita y absolutamente global- la presión de los fans logró que el sello financiara un series finale a la altura de las expectativas del propio círculo fanático.

Tanto la conexión psicológica que caracteriza a los clanes de ocho sensates como la que pone en diálogo a seguidores de todo el mundo configuran redes transnacionales, redes que ignoran todas las fronteras. La serie de Netflix tal vez haya sido el primer gran relatomainstream sobre la globalización. Rodada en México, India, los Estados Unidos, Corea, Nigeria y muchos otros países, aunque hablada principalmente en inglés, ha visualizado con cuerpos capaces de estar virtualmente en varios lugares a la vez, esa realidad invisible que todos experimentamos constantemente: la de encontrarnos a través de Internet con personas remotas en ámbitos de confluencia hechos de datos y píxeles, de números y de representación. Pero la circulación internacional de esos cuerpos, en su realidad física, ha recordado a la vez que no solamente nos movemos más que nunca en el plano digital, también viajamos más que nunca. Somos datos y pieles en perpetuo movimiento.

Tras la cancelación de Netflix la presión de los fans logró que el sello financiara un series finale a la altura de las expectativas del propio círculo fanático

Aunque el turismo esté presente en toda la serie, es en ese capítulo extendido con que concluye cuando explota. Nápoles y París son las dos ciudades en que se desarrolla el largo final del relato. En Nápoles, la batalla. En París, la fiesta. Si acaso no es en sí la batalla con los antagonistas una fiesta extraña, por no decir bizarra. Porque mientras se dirigen hacia el Apocalipsis cantan en el tren, comparten canciones en sus dispositivos de reproducción de música o se entusiasman con el sabor de la pizza napolitana. La estrategia que idean para penetrar en la fortaleza de los enemigos es muy elocuente a este respecto. Se disfrazan de turistas y entran haciendo fotos, a bordo de un autocar, en el palazzo custodiado por los camorristas del clan rival. Una vez ha funcionado la táctica del caballo de Troya, acontece una auténtica carnicería; pero la incursión tiene toda la alegría y el colorido propio de una festiva experiencia turística.

III. Los orígenes del mundo

En esta segunda década del siglo el parto se ha convertido en un importante motivo de representación teleserial gracias a tres obras muy significativas de ciencia-ficción. El capítulo final de la segunda temporada de The Leftovers nos traslada inesperadamente a la prehistoria para mostrarnos cómo una mujer da a luz, a solas, una noche de luna llena, al calor de una hoguera. El parto de Molly, la segunda hija de June –la protagonista de The Handmaid'sTale– se muestra en contrapunto a través de un flash-hack con el de Hannah, su primogénita; para mostrar cómo el futuro distópico de la serie es en realidad un retroceso, la escena del pasado tiene lugar en un hospital mientras que la del presente ocurre en una casa deshabitada y también es iluminada por fuego (de una chimenea). En ambos casos se trata de partos individuales y concretos. Sense8 –en cambio– nos muestra cómo nace cada uno de los ocho sensates del clan protagonista.

Se encuentran en un concierto de música clásica. Mientras Alfred Brendel Bernard Haitink y la orquesta filarmónica de Londres interpretan la Op 73, “Emperador”, del concierto número 5 para piano de Beethoven, en pleno capítulo décimo de la primera temporada, un primer plano de cada personaje nos traslada al momento en que su madre lo parió. Aunque se trata de escenas de gran singularidad –pues la madre de Sun se puso de parto en un cementerio y la de Will en un coche de policía, entre otros contextos pocos habituales, lo que importa es la comunión colectiva. Porque en esos momentos en que la música los traslada a sus inicios vitales están, como siempre, compartiendo sus emociones y sus pensamientos y sus recuerdos. A partir de ese concierto llegan a un conocimiento tan íntimo de los demás miembros de la tribu psicológica, que pueden pensarse como un único cuerpo con ocho orígenes distintos.

IV. El hombre emocional

Aunque provengan de familias más o menos convencionales, esa amalgama los convierte en una familia literalmente extraordinaria. Con los clanes de sensates, las hermanas Wachowski, antes hermanos, llevan su condición de personas transgénero al ámbito de la ficción transgénero. En Sense8 el thriller de espionaje y ciencia-ficción, con persecuciones y tiroteos y telepatía, se transforma inesperadamente en comedia o en relato romántico o en drama familiar o en retrato psicológico o en manifiesto LGTBI, siempre coral, siempre colectivo, siempre global. Los poliamorosos sensates configuran una extraña familia que pone en jaque las estructuras familiares al uso, al tiempo que Sense8 se desarrolla narrativa y estilísticamente como una banda sonora de sintonías, canciones y sinfonías de muy distintas procedencias e intensidades, a menudo contradictorias entre sí. Pero con un gran mensaje común.

Con los clanes de sensates, las hermanas Wachowski, antes hermanos, llevan su condición de personas transgénero al ámbito de la ficción transgénero.

En ese contexto, la serie de las Wachowski adquiere nuevos significados. Su reivindicación de la conexión emocional, psicológica y física, como clave de la amistad y del amor, contradice la hegemonía del algoritmo (Facebook o Tinder). O quizá la reviste de una dimensión metafórica. Su concepto evolutivo, según el cual el sensate sería una mutación del sapiens, en realidad insiste en la acepción de la palabra en inglés: “relativo a lo que puede aprehenderse a través de los sentidos”. De modo que en una lectura realista el sensate sería simplemente un ser humano que presta más atención a su relación sensorial con el mundo que a la meramente intelectual. Y, como dice Tegmark, eso es justamente lo que nos llena de sentido en un futuro dominado por inteligencias artificiales. La emoción, la creatividad, el sentido del tacto y del olfato, todo aquello que de momento no podrá ser experimentado y expresado por nuestros engendros, nuestros hijos.


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