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Picasso en blanco y negro

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Picasso

Aspecto de la célebre obra 'Guernica', pintada en 1937 en el Museo Reina Sofía, de Madrid.

Exhibición de su obra monocromática en Museo Guggenheim, y luego en el Bellas Artes de Houston.

Cuando un personaje se convierte en celebridad se crea una situación de saturación y la atención se desvía hacia la banalización de aspectos biográficos y anecdóticos que distorsionan su verdadera importancia; ha sido el caso de Pablo Picasso (Málaga, 1881 - Mougins, 1973), de quien se ha escrito copiosamente en las últimas décadas y a quien le han dedicado innumerables exposiciones. Como extraordinaria excepción, Picasso en Blanco y Negro aporta una visión rotundamente reveladora de su obra. El trabajo monocromático fue recurrente en todos los periodos de su trayectoria, así que este enfoque analítico
facilita una apreciación más lúcida de las características esenciales de su tan prolífica producción, y además se constituye en una estimulante exploración acerca de la versatilidad del lenguaje monocromático, no solo como solución formal sino significativa.

La exhibición incluye 120 obras -las cuales son literalmente en blancos, negros y grises- donde resaltan las soluciones en el
manejo de línea y volumen, la estructura formal y el uso de valores tonales tanto en pintura como en escultura. Su trabajo monocromático no le resta cualidades como colorista, ya que, por el contrario, la riqueza y modulación de sus negros, blancos y grises manifiestan un logro en ese aspecto; como contundente ejemplo, la riqueza de matices, texturas y efectos de los blancos de sus grandes dibujos sobre lienzo de la época neoclásica apuntan a la mejor pintura minimalista de casi un siglo después. La exhibición, además, pone de manifiesto cómo a lo largo de su extensa vida artística constantemente se nutrió de dos tipos de relaciones imprescindibles para él: con la historia del arte y con sus relaciones sentimentales.

Desde épocas tempranas a Picasso le atrajo la pintura de Ingres, artista paradigmático de la primacía de la utilización de la línea y estructura sobre el color, y se inspiró en él, en sus experimentos, para lograr la tercera dimensión por medio de arreglos lineales, los que eventualmente lo condujeron a un manejo del color y de la línea como elementos independientes e inclusive contradictorios. En la época 'azul' (1901-1904), su primera etapa monocromática, se manifestó su interés por la paleta restringida de El Greco, como por sus elongaciones manieristas que acarreaban transgresión de la perspectiva. Los tonos de ese color frío y nocturno con los que Picasso modelaba sus largas figuras -en su mayoría personajes tristes y desposeídos- transmiten una sensación de austeridad y reflejan la vida emocional de una época de privaciones materiales y angustias existenciales. En su siguiente etapa, también predominantemente monocromática, la época 'rosada' (1904-1906), expresó su bienestar emocional y prosperidad material, por medio del uso de colores cálidos y del énfasis en la materialidad y sensualidad del volumen corporal inspirándose en las formas de esculturas de la antigüedad ibérica. El desarrollo del cubismo analítico, nuevamente se caracterizó por experimentos monocromáticos, donde redujo el color a la grisalla - modulación a través de grises-, que le permitían enfocarse en intrincados problemas de control de estructura y formas; tan arraigado fue el uso de ese color en las exploraciones de ese movimiento, que su colega Juan Gris adoptó ese color como apellido.

La obra de Picasso, en la que llevaría el monocromatismo al nivel
de excelencia formal y expresiva, fue su gran lienzo 'Guernica' (1937) que presentó en el pabellón español de la Exposición Mundial de París y que se constituye en icónica obra alusiva a la atrocidad de la Guerra Civil española (1936-39). Franco ganó la guerra y Picasso, en exilio en Francia, nunca volvió a su país pues murió antes que el dictador, pero 'Guernica' retornó a España en 1981 cuando se había completado la transición a la democracia. En su análisis de la obra, el experto en percepción visual Rudolph Arnheim señaló que el monocromatismo enfatiza la unidad interna de los objetos de la pintura: todos los elementos de ese universo comparten el mismo contexto y además los acentúa por igual, no solo en términos formales; todo está igualmente afligido y es partícipe de la misma tragedia. Eso se corrobora por la composición de la narrativa que tiene forma de friso, e inclusive está coronada con un frontón a la manera de templo griego señalando el alcance universal y mitológico del drama; el artista señala la circularidad de la historia de la pintura paralela a la del destino humano. En la muestra se incluyen tres estudios de esa obra maestra, entre ellos el boceto 'Cabeza de caballo'.

La exhibición presenta la otra gran pintura de Picasso de pronunciamiento sobre un evento histórico y la universalidad de la tragedia humana, comparable con 'Guernica'. 'La masacre o Fosa común' (1944-5) sintetiza las atrocidades de la II Guerra y se constituye en documento de la situación tras la ocupación de Alemania; es una expresión de indignación, un rompecabezas de destrucción y dolor de más precisión que las fotografías con las que comparte sus tonos característicos. En ambos casos, como en 'El rapto de las sabinas' (1962) -otra denuncia de tragedias bélicas cuando acechaba el ataque de EE.UU. a Cuba- reducir el color a blanco y negro le permitió manejar lienzos más grandes, con más figuras y realizar composiciones más ambiciosas y complejas que las de la mayoría de sus obras, lo que manifiesta su necesidad de claridad y urgencia por una expresión más directa y rotunda.

Era usual que Picasso pintara con poca luz nocturna -a veces a la luz de una lámpara o de una vela- lo que se traducía en la exageración de elementos y contrastes. Sin embargo, su uso de línea, claroscuro y monocromía no deben considerarse como mero resultado de sus técnicas o procesos, ya que para él esos elementos conllevaban una carga simbólica intelectual, cultural y psicológica. El artista se interesaba en las dicotomías de los opuestos, como blanco y negro, y la dialéctica entre claro y oscuro: otorgaba una dimensión conceptual a los dos colores, fuera el contraste entre ellos o la armonía de ambos en grises, y especialmente expresaba en términos formales la dicotomía entre masculino y femenino.

En sus estructuras cubistas conviven todo tipo de dualidades: cuerpos y objetos que se ven por delante y por detrás, desde arriba y desde abajo, por fuera y por dentro; sin embargo, sus imágenes, aunque aparentemente fragmentadas, son sorprendentemente totalizantes y expresan realidades simultáneas y contradictorias. Esa particularidad es especialmente significativa en las obras que representan sus compañeras sentimentales, ya que adquieren una dimensión sensual y erótica de percepción escultórica que las relaciona más con la sensación del tacto que con la vista: las ambigüedades espaciales hacen que caras y cuerpos se perciban en redondo y proporcionen una sensación íntima y de inmediatez propias del contacto físico. La continuidad y redondez del cuerpo es imposible a la vista, pero es aprehensible al sentido del tacto, y esa extrema sensualidad puede operar sin luz ni color. Sus pinturas no representan un único aspecto de los muchos sucesivos de la percepción visual, sino uno táctil simultáneo que comprende el objeto en su totalidad; el retrato de la voluptuosa 'Marie Therese' (1931), que a primera vista parece un beso, representa su cara simultáneamente de perfil y de frente.

La exhibición analiza muchos niveles de representación, lo que es un gran logro curatorial que refleja la innovativa obra de Picasso. Ya en su viaje a España de 1838, Manet había admirado al Greco, Velázquez y Goya y adoptado el uso de muchos negros en su pintura, antes de ser el creador del impresionismo que los restringiría. Picasso continuaría esa impresionante tradición española enriqueciéndola con múltiples capas significativas que esta exhibición evidencia claramente, en blanco y negro.

Natalia Vega
Para LECTURAS DOMINICALES

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