¿De visita en Florida?, La Casita; auténtica cocina cubana
Por: POR: LUIS ZALAMEA |
Su amor nato por la cocina y la pasión con que practica un arte tan exigente y de duración efímera.
Los numerosos turistas colombianos que visitan Miami comparten la curiosidad de probar cocina cubana. Les aconsejo andar con cuidado al elegir un restaurante para satisfacer el antojo porque hay muchísimos, pero prima cantidad y no calidad. Les recomiendo La Casita por excelsa calidad de cocina, ambiente y atención a cargo de meseros conocedores, Se trata del restaurante emblemático de la familia Vilariño, quienes en Cuba fueron agricultores y ganaderos. Al llegar aquí exiliados en 1980, montaron un modesto restaurante, que 10 años después se había transformado en una cadena que hoy tiene 16 sucursales en el sur de Florida, todo gracias al tesón, ingenio y arduo trabajo del clan Vilariño.
La Casita es hoy propiedad de Antonio, el mayor de los hermanos Vilariño, quien delega el manejo cotidiano a su hija Irina, a la gerente, la nicaragüense Oralia Gadea y al chef ejecutivo Pedro Herrera. Pedro tiene 37 años y lleva 21 trabajando en La Casita, donde entró de pinche. Flacuchento pero musculoso y ágil, su rostro simpático evoca a un duende travieso al regodear de su amor nato por la cocina y la pasión con que practica un arte tan exigente y de duración efímera.
A él le confieso que, sin presumir de experto en cocina cubana, no comparto lo dicho por un crítico que se trata de "cocina española pasada por agua", e intuyo también influencia francesa, concretamente de estilo Bistró, o sea de mesón de barrio para familias que sirven platos sencillos, preparados a la minuta con ingredientes frescos de calidad, en un ambiente sin artificios y a precios módicos. En síntesis, la fórmula que ha consolidado el prestigio sostenido de La Casita a lo largo de sus 22 años de existencia. El menú es extenso, variado, bien combinado, e incluye 12 rubros permanentes. Puesto que no es posible abarcarlos todos, opto por citar platos que perduran en la memoria de mi paladar.
Hígado de res encebollado o 'A la italiana' (US$9.95). En esta versión se disfruta de esta víscera sin su almizcle característico gracias a un adobo secreto del chef. Se me ocurre que podría aprovecharse para elaborar mousses, patés y terrines, tan finos como los de foie gras de hígado de ganso, pero a costos más bajos, y le dejo al chef Pedro esta inquietud, que acoge con entusiasmo.
Para los carnívoros hay Baby Churrasco (US$11.95), Palomilla (10,95) y Riñonada (15.95), asados a punto en la parrilla y encebollados en su jugo. En materia de pescados, son superlativos Pargo, Rabirrubia y Dorado a la plancha, al ajillo o empanizados (12,95 c/u). Para curar la nostalgias, guisos de la abuela: Ropa Vieja (9,95), Boliche Asado (10,95), Tasajo en salsa (16,95) y Masas de cerdo con moros y yuca (11,95). De postre: flanes de la Casa, leche, coco y queso (3,95 c/u), pudín de pan (3,95), natilla catalana (4,95), tres leches nicaragüense (5,50) y otras tentaciones.
La carta de 25 vinos de diversa procedencia y calidad oscilan de US$18 a 42 la botella. Los hay por copas a 6,95. La sangría es la mejor de la plaza porque se endulza sutilmente solo con almíbar de la fruta (copa 6,95, garrafa 18,95, ½ garrafa 12,95). ¡Salud y buen provecho!
Por: Luis Zalamea
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