Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Rafael Pombo: de la cultura al vacío tecnocrático

Por: |

Rafael Pombo

Decoración de la FilBo la componían los personajes de los cuentos de Rafael Pombo.

Víctor Paz nos da su visión acerca del 2012 como año de homenaje al poeta en su centenario.

Estimulante haber declarado este del 2012 como año de homenaje a la memoria y a la recordación del poeta Rafael Pombo Rebolledo. Una sociedad quebrantada y desorientada como la nuestra requerirá siempre rituales y ceremonias de reconciliación con las abandonadas dimensiones del espíritu; abandono que ha sido elemento de profundización en nuestra cotidiana tragedia colectiva.

Un fetichismo falsificante acerca del 'desarrollo' ha condicionado que nuestros grandes esfuerzos sociales se orienten de manera casi exclusiva a la búsqueda y al logro de metas materiales que pretendidamente mejorarán la calidad de nuestra vida. Pero el resultado no puede ser más trágico y fallido. A mayores niveles de desarrollo económico y social solo hemos agregado una mayor degradación moral y un continuo y progresivo deterioro de los valores esenciales que caracterizan e identifican un auténtico y más elevado estadio de civilización. Se ha sobrevalorado la conquista de infraestructuras físicas; la obsesión por elevar los índices cuantitativos del desarrollo ha comprometido el fortalecimiento de superestructuras morales, espirituales y culturales, donde radica la posibilidad de darle sentido y realización a un proyecto histórico centrado en la dignidad de la vida humana. Privilegiamos el mundo de las cosas y asumimos una actitud casi despreciativa por el mundo de los hombres. Y después nos preguntamos con asombro por qué la sociedad en que vivimos se nos presenta como un universo atravesado por todas las miserias posibles, y especialmente por aquellas miserias espirituales, que siempre parecen acercarnos a la posibilidad de ser una sociedad fallida.

Una cierta prepotencia tecnocrática ha terminado por imponer sus equívocos conceptos en el manejo del Estado. "Ideologismo cuantitativo" que, al querer legitimar su eficacia a base de indicadores de crecimiento, desconoce el fundamento cultural y espiritual sobre el cual descansa lo esencial de nuestro destino histórico. El Estado, ese que alguna vez Hegel definió como la consciencia ética consciente de sí misma, entre nosotros está lejos de ser entidad ética o consciente, ni siquiera responsable en su capacidad de orientar y fortalecer nuestro desarrollo en perspectiva de un modelo que acoja y se alimente de algunos criterios humanizantes. Esa tecnocracia, por lo general salida de la matriz made in USA, no maneja conceptos, se regodea con las cifras. Pero ella ejerce poder, diseña e impone políticas que nos ha vendido alegremente la mezquina idea de que el tipo de sociedad que puede surgir al amparo de sus perversiones tecnocráticas es la sociedad verdadera, la sociedad que necesitamos y la que deseamos, la sociedad "racional" que, diseñada en correspondencia con las exigencias de la modernidad, nos conducirá a un futuro de esplendor social. Y allí estamos, desarrollándonos, pero para el fracaso; para que el caos de la degradación colectiva acabe siendo el precio que paguemos por haber aceptado y acatado el poder de esa dictadura tecnocrática. ¿Y en dónde están las voces intelectuales que cuestionen, o al menos asimilen críticamente, los artificios de este paraíso de plástico en que nos hemos comprometido en las últimas décadas?       

Al menos con Pombo celebraremos la poesía, verdadera y única religión posible en una época deshumanizada y deshumanizante. No se trata entonces de nada adjetivo o intrascendente; se trata de reivindicar y proclamar la presencia de elementos esenciales que ayuden a replantear este proyecto histórico en el que hasta ahora estamos fracasando.

No son demasiados los logros con los cuales los colombianos pueden cantar alegremente que se sienten orgullosos de serlo. Solo de vez en cuando, y con carácter excepcional, el esfuerzo y el talento de algunos logra sostener esa deshilachada bandera del orgullo nacional. Triste es reconocerlo, pero tenemos también abundante cosecha de "celebridades" en el campo del crimen que han contribuido a la dolorosa celebridad nacional. De siglo en siglo producimos obras que alcanzan figuración y notoriedad universal; pero de semana en semana fabricamos bandidos colosales, criminales estrafalarios y degradación por toneladas. ¿Será gratuita o producto del puro azar esa refinada capacidad para ser potencia del mal y esa incapacidad manifiesta para lograr grandes realizaciones culturales y espirituales? Solemos  pasar por alto esas dramáticas correlaciones, pero están visceralmente implicadas en los falsos modelos que hemos venido privilegiando para superar el atraso.

Recordemos que nuestro poeta vivió en una época en que Santafé de Bogotá se conoció como la "Atenas Suramericana". Y dicha Atenas no tenía alcantarillado; carecía de alumbrado público; las calles eran lodazales; el mugre y los limosneros eran el símbolo y el emblema de esa capital "atenazada" y avasallada por plurales formas de miseria. Pero había filólogos eminentes. Circulaban muchos periódicos y revistas. Una élite notoria y valiosa discutía y tertuliaba al calor del aromático chocolate. Hoy, la ecuación altera sus términos. Tenemos Transmilenio (colapsado), vías, servicios de toda clase, hoteles de siete estrellas, opulentos centros comerciales y financieros y, en algunos lugares muy diferenciados, deslumbra un pedazo de esa Colombia desarrollada. Pero la percepción que se tiene y se padece es que ese país es un artificio amenazado de miseria, de criminales y de corruptos por todas partes. ¿Por qué no podría estar rodeado de cultura por todas partes?

Víctor Paz Otero

Herramientas

Publicidad

Paute aquí

Patrocinado por:

ZONA COMERCIAL

Paute aquí

Reportar Error

¿Encontró un error?

Para eltiempo.com las observaciones sobre su contenido son importantes, permítanos conocerlas para, si es el caso, tomar los correctivos necesarios, o darle trámite ante las instancias pertinentes dentro de la Casa Editorial El Tiempo (CEET). Por favor, incluya su nombre y correo electrónico para informarle del seguimiento que le hemos dado a su observación.

Los campos marcados con * son obligatorios.

*
*
*

Respuesta

Recordar clave

Recordar clave

Por favor, escriba la dirección de correo electrónico con la cual se registró.