Entregan premio Anne Klein a Jineth Bedoya y Mayerlis Angarita

Entregan premio Anne Klein a Jineth Bedoya y Mayerlis Angarita

Fundación Heinrich Böll destacó lucha por los derechos humanos de las mujeres.

Jineth Bedoya y Mayerlis Angarita

La activista Mayerlis Angarita Robles y la periodista Jineth Bedoya.

Foto:

Archivo particular y Héctor Fabio Zamora.

02 de marzo 2018 , 04:58 p.m.

Dos colombianas, la periodista Jineth Bedoya Lima y la activista Mayerlis Angarita Robles, reciben este viernes el Premio de Mujeres Anne Klein 2018 por sus años de dedicación en pro de los derechos de las mujeres y de la solución pacífica de conflictos.

“Con Jineth Bedoya y Mayerlis Angarita el jurado rinde homenaje a dos mujeres que, de manera independiente una de otra, trabajan por los derechos de las mujeres y las niñas en conflictos armados, contra el uso de la violencia sexual estructural contra las mujeres; y a favor de la paz y de una reconstrucción sanadora del pasado en Colombia. Ambas están comprometidas en los ámbitos nacional, regional e internacional con los derechos y la participación de las mujeres de su país, y por lo tanto representativas de todas las mujeres en el mundo entero”, indicaron los jurados del premio.

Jineth Bedoya Lima lidera la campaña No Es Hora De Callar, iniciativa que recibe el apoyo de EL TIEMPO. Bedoya fue víctima de secuestro, tortura y abuso sexual el 25 de mayo del 2000 cuando realizaba una investigación periodística en la cárcel La Modelo de Bogotá.

El 25 de mayo fue declarado por el Gobierno colombiano como el Día Nacional por la Dignidad de las Mujeres Víctimas de Violencia Sexual.

La campaña No Es Hora De Callar ha realizado cinco retornos simbólicos en Bolívar, Putumayo, Buenaventura (Valle), Bogotá y Tumaco (Nariño) con mujeres sobrevivientes de violencia sexual. También promueve el Proyecto Tumaco y capacita a los periodistas sobre temas de violencia de género y el uso correcto del lenguaje, entre otros.

Por su parte, Mayerlis Angarita fundó en el 2000 el colectivo de mujeres Narrar Para Vivir, en el que trabaja en la restitución de tierras a las mujeres que fueron desplazadas forzadamente en Montes de María. Angarita sobrevivió a dos atentados y en 2011 hizo campaña a favor de la creación de una ley para las víctimas del conflicto armado. 

Este fue el discurso de Jineth Bedoya

"La violencia sexual ha sido uno de los peores crímenes cometidos contra las mujeres en medio de la guerra, y Colombia no ha sido la excepción.

Las voces de las mujeres, como Mayerlis Angarita y centenares de otras defensoras de derechos humanos, hacen hoy la diferencia en mi país y en el mundo. Levantar la voz se ha convertido en nuestra bandera, pero también en nuestra misión, por eso es un honor llegar a una ciudad como Berlín, donde muchas mujeres empezaron hace ya un par de años a hablar por primera vez en más de cinco décadas, de las violencias y atrocidades que tuvieron que vivir las alemanas en medio de la Segunda Guerra Mundial.

En septiembre de 2009 estuve por primera vez en esta ciudad. Vine a reunirme con sobrevivientes de violencia sexual, como yo. Fue casi que un cónclave. La solemnidad de los secretos atroces que hablamos allí, precisamente me ratificaron que no podía seguir guardando silencio. Me lo ratificó Gretta Kauffman, una mujer de unos 81 años, que pese a las cicatrices que dejan en el alma las heridas de la guerra, estaba entera y llena de vida. Ella, y otros centenares de mujeres fueron el botín de las tropas aliadas en 1945. Le pregunté por qué despertaba a sus fantasmas tantas décadas después y ella me respondió que una periodista la había convencido de contar su historia.

Tiempo después, en una charla llena de confesiones sobre el poder de la palabra y la voz, con la propia Svetlana Alexievich, la única periodista que ha logrado el Premio Nobel de Literaura, concluimos que fue ella quien convenció a Gretta de hablar de su violación.

Es el mismo ejercicio que he intentado hacer con muchas mujeres en diferentes lugares de Colombia, para visibilizar la crueldad de un crimen que en el período más álgido del conflicto armado pudo dejar cerca de 2 millones de mujeres violentadas sexualmente.

Yo fui una de ellas. Intentaron silenciarme con un secuestro, interminables torturas físicas y sociológicas y una violación masiva. Mi espíritu se doblegó, mi cuerpo quedó quebrado e inevitablemente morí en vida. Decidí volver al periodismo para refugiarme en él, pero hice un pacto de silencio conmigo misma, para tratar se seguir adelante.

Pero ese septiembre de 2009, luego de confrontarme y contar mi historia públicamente en Madrid, Bruselas y Londres y luego de conocer a Gretta y a las otras mujeres aquí en Berlín, decidí levantar la voz y nunca, nunca más volver a silenciarme. Así nació No Es Hora De Callar, la campaña que es mi vida y que me ha traído de regreso a recibir el Premio Anne Klein, para honrar su memoria y decirle a Bárbara, su compañera, gracias por haber sido parte fundamental de la voz y la acción de Anne.

Su legado es también un gran reto. Países como Colombia están despertando frente a una realidad que nos ha atado por siglos. Como en todas las guerras, los hombres armados, los que tienen el poder de la bala y el machismo, usaron nuestros cuerpos como represalia y supuesto castigo para sus enemigos. Acabamos de firmar un proceso de paz con la guerrilla de las Farc que nos da el alivio de frenar parte de la confrontación armada, pero aún tenemos muchos problemas: un creciente narcotráfico alimentado por la demanda del consumo en Estados Unidos y Europa; otra guerrilla, el Ejército de Liberación Nacional (Eln) que se niega a entrar en el momento histórico que vive Colombia, y unas bandas criminales, residuos de los antiguos paramilitares y guerrilleros de las Farc que no se reincorporaron a la vida civil.

En medio de esta confrontación siguen estando las mujeres. Son ellas quienes aún hoy continúan desplazadas, amenazadas y violentadas sexualmente. Desconocer esta realidad es llamarnos a engaños y hacer a un lado la verdadera paz que soñamos para nuestro país. Por eso, creo firmemente en el valor y la fuerza de la palabra. Nuestra voz es capaz de transformar realidades y cambiar la vida de quienes han sido golpeados por la violencia.

Yo misma lo he comprobado, porque decidí asumir como misión, darle voz a través del periodismo a miles de mujeres que seguramente nunca iban a ser escuchadas, porque creo que los periodistas, no sólo en Colombia, sino en el mundo entero, tenemos una responsabilidad social que hoy más que nunca debemos asumir; porque nuestras buenas prácticas periodísticas pueden salvar la vida de una mujer violentada por su pareja en un hogar de Latinoamérica, de una joven siria en un campo de refugiados, o de una menor de edad traficada y explotada sexualmente en algún lugar de Ámsterdam o Hong Kong.

Y ese es mi llamado: En este siglo XXI el silencio no puede ser una opción. Hablar nos ha costado casi la vida misma, con el premio de ser un potente grito que se escucha aunque muchos no quieran oír; pero callarnos es irremediablemente una muerte que le da poder al victimario.

Señoras y señores: No Es Hora De Callar".

Algunas palabras de Mayerlis Angarita

“Hoy contamos con nuestra metodología para el apoyo psicosocial, hemos impulsado el desarrollo económico, creado una empresa de confecciones y hemos logrado mejorar nuestro entorno social y nuestras comunidades.

Hemos logrado llegar a la política pública departamental y nacional y a los espacios donde se toman las decisiones que tienen que ver con nuestro interés. Es importante resaltar el gran papel de las mujeres en el proceso de paz y cómo llevar nuestra voz a los acuerdos de paz. Nos estamos preparando para llegar al poder.

Destacamos la importancia de la violencia de género en el proceso de paz y exigimos medidas de protección.

Es un reconocimiento para todas estas mujeres. Estas acciones han llevado a quemas de casas y amenazas, pero eso no nos ha parado. Necesitamos resultados concretos del Gobierno. Nosotras no pedimos ser llamadas a la guerra, no escogimos a nuestros victimarios, no quisimos ser las sobrevivientes de esta tragedia humanitaria que se apoderó de nuestro país, ni vivir los horrores a los que fuimos sometidas.

Hoy alzamos nuestra voz para decir que queremos estar en la reconstrucción del tejido social de nuestro país, que estamos llamadas a la reconstrucción de la paz porque las mujeres somos tejedoras de vida. Le apostamos a una paz duradera y sostenible.

Este premio es muy importante para nosotras. No nos podrán quitar la alegría ni las ganas de soñar, pensaron que podían enterrarnos pero no sabían que éramos semillas, semillas buenas que han nacido y han dado frutos en cada uno de los rincones del país".

Barbara Unmüßig, junta de la Fundación Heinrich Böll y presidenta del jurado

"Querida Mayerlis y querida Jineth, las dos con un gran número de aliados no dejan de luchar para realmente pedir y pelear por lo conseguido y dar fin a la violencia. La implementación de los acuerdos de paz lamentablemente se lleva a cabo de una forma muy lenta y frente a las elecciones que tendrán lugar muy pronto, el país amenaza de recaer en patrones antiguos como el clientelismo, la corrupción y la violencia masiva.

La violencia por parte de las bandas criminales ha aumentado en vez de disminuir y en Alemania tenemos la tarea de publicar y de divulgar la noticia, apoyar a todas estas personas que luchan cada día para que se implemente este acuerdo de paz.
Estoy preocupada por estas cifras de asesinatos a activistas y líderes de derechos humanos.

Las dos no dejan de luchar por sus preocupaciones y por sus deseos, una tras otra vez reciben amenazas de muerte y no se dejan intimidar. Las dos animan a las demás partidarias y a nosotros. Tienen coraje para luchar por sus derechos.

Les deseo mucha fuerza, coraje, mucha solidaridad y un nuevo impulso gracias a este premio a la perseverancia, que hace falta para lograr que tengamos un futuro en paz. Las felicitamos.

Tom Koenigs, comisionado especial de Alemania para el proceso de paz en Colombia

"Las víctimas y victimarios se han callado y hemos aprendido que el silencio y el callar no es la alternativa ni el camino para la reconciliación.

La JEP debe ser una justicia aliviada, pero tiene un prerrequisito que es la verdad. Esperamos que la JEP tenga la forma de lograr la reconciliación y lograr el intercambio mutuo, es una contribución nueva a favor de la reconciliación y de la paz.

Sabemos lo difícil que es integrar a las víctimas en el proceso y Alemania puede aprender de este ejercicio y por eso acompaña este proceso. Es la contribución de las premiadas a la lucha por los derechos humanos".

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com

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