Un menor de edad es la 'ficha' clave en el caso de curas asesinados
Por: REDACCIÓN JUSTICIA |
Rafael Reátiga (izq) y Richard Piffano, según la investigación, pagaron a los sicarios por su crimen
Foto: Archivo particularInvestigadores intentan esclarecer la presunta participación de un menor en el crimen.
El insólito caso de los sacedotes Rafael Reátiga y Richard Píffano, que -según la Fiscalía- pagaron para ser asesinados, sigue sorprendiendo a los investigadores.
Casi seis meses después de la captura de dos de los que participaron en el homicidio, se logró establecer que el macabro plan se manejó desde una cárcel y que en él participó un menor de edad, considerado por las autoridades como uno de los azotes de la capital del país.
Las confesiones de Isidro Castiblanco, 'Gallero', y Gildardo Peñate, 'Gavilán', permitieron al CTI reconstruir los hechos y llegar a otros dos señalados partícipes en el crimen. 'Gavilán', que inicialmente negó su responsabilidad y luego aceptó los cargos por los que fue condenado a 40 años de cárcel, contó cómo asesinó al padre Píffano. "Yo estaba atrás y la puerta estaba abierta. Le disparé al señor gordo que iba de copiloto; creo que fueron tres tiros", confesó. A su lado, dijo, se encontraba Osman López, alias 'Tata', quien en ese momento tenía 17 años y un largo recorrido delincuencial. " 'Tata' tiene un tatuaje cerca al cuello; es consumidor de droga y se la pasa robando", dijo.
El joven fue capturado casi un año después del crimen, por un fallido robo en Subachoque (Cundinamarca), a donde llegó con ametralladora. Hoy paga 16 años de cárcel, es investigado por decenas de robos y será vinculado al proceso de los curas.
El otro enredado en el caso que conmovió al país es alias 'Pecoso', quien está en la Modelo cumpliendo condena por homicidio. Según 'Gallero' y 'Gavilán', desde la cárcel, vía celular, el preso hizo los arreglos. Aunque se había dicho que los curas contactaron a los sicarios a través de un vendedor de matas, en realidad 'Pecoso' fue el enlace para concretar el plan.
La confesión
'Gavilán' reconoció que cuando los sacerdotes le propusieron el 'negocio', pensó que eran policías encubiertos: "Yo me asusté. Creí que eran de la ley (...). El man más delgado se me vino encima y me dice: por favor, necesito matarme; colabóreme".
El día del crimen, en enero de 2011, sicarios y víctimas se vieron cerca de una iglesia. "Cuando conocieron el sitio donde todo iba a pasar, nos pagaron el resto de la plata", relató el sicario. En total fueron 15 millones.
Tres horas después se volvieron a ver para cumplir la voluntad de los sacerdotes. "Pararon en la esquina en donde empieza la (vía) destapada, y el señor delgado (Reátiga) me dijo que lo hiciéramos con tiros a la cabeza, y que fuera al tiempo", confesó 'Gavilán'.
Según dijo, los sacerdotes pidieron que se llevaran los celulares y 200.000 pesos que tenían en el bolsillo, para que pareciera un robo. "Se miraron a los ojos de frente y se cogieron de las manos (...) Una vez mueren, con 'Tata' les despegamos las manos, como ellos pidieron, y los acomodamos", aseguró. Ahora el testigo pide protección, por la peligrosidad de sus cómplices.
Lupa a otras dos muertes
Investigación se mantiene
Tras las primeras capturas realizadas por el CTI de la Fiscalía, fue asesinado un comerciante de Abastos que iba a una iglesia Evangélica al que le vendieron el celular de uno de los sacerdotes.
Además, se investiga el extraño suicidio de la hija de 17 años de uno de los sicarios detenidos el año pasado. Ese caso lo lleva el fiscal Antonio Luis González, reconocido por tener a su cargo la investigación por la muerte del joven universitario Luis Andrés Colmenares.
REDACCIÓN JUSTICIA
justicia@eltiempo.com
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