El Arauca, el río que cambió de curso, según Venezuela

El Arauca, el río que cambió de curso, según Venezuela

Expertos dicen que incluso si el río hubiera cambiado el curso, eso no sería un hecho reciente.

Incursión

Militares colombianos ejercieron soberanía en el lugar donde acamparon los uniformados venezolanos.

Foto:

Archivo particular

28 de marzo 2017 , 02:21 p.m.

Los 300 habitantes de Caño Jujú, el paraje del municipio de Arauquita que esta semana fue escenario de un nuevo incidente binacional por la irrupción de 60 militares venezolanos, están acostumbrados a ver de este lado del río Arauca a uniformados del vecino país.

Ólder Cáceres, quien fue diputado del departamento, dice que muchas veces pasa porque “se desorientan, y luego retornan sin mayor dificultad a su territorio”. Otras veces, relata Andrés, un joven de 19 años que vive de la pesca en esa zona, la Guardia Nacional se aparece con su cara más conocida en la zona: intimidando a los habitantes, con la excusa de estar persiguiendo contrabandistas y, supuestamente, “paramilitares”. La gente hace bromas porque cuando incursionan nunca usan la excusa de estar persiguiendo a la guerrilla colombiana, que sí usa el territorio del vecino país como retaguardia estratégica, especialmente el Eln.

Yo vivo del río –dice el muchacho– y he vivido en carne propia los abusos de la Guardia. Cuando quieren, se meten al río y nos quitan el motor de la canoa o la pesca. Casi siempre son muy groseros y nos amenazan”. Hace un año, dice la personera de Arauquita, Helena Gelves, incluso hicieron disparos a este lado de la frontera en medio de las que llaman ‘persecuciones en caliente’.

Pero lo que nunca se había visto fue lo que pasó esta semana en Caño Jujú: que además de violar la soberanía colombiana instalaran por casi dos días campamento en la orilla sur del Arauca, que durante más de 130 años los dos países han reconocido como perteneciente a Colombia, y que también se atrevieran a izar la bandera tricolor con las 8 estrellas blancas.

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En esa zona, y en todo el departamento, hay sorpresa y algo de temor. Más que por nuevas incursiones, por la posibilidad latente de que las autoridades del vecino país aprieten aún más el comercio y el paso para comunidades que, como sucede en los 2.219 kilómetros limítrofes, tienen familia, amigos y negocios en ambos lados de la frontera.

A diferencia de lo que pasaba hace unas décadas, ahora son los vecinos los que vienen a Colombia a rebuscarse la vida o a comprar hasta los productos básicos de la canasta familiar, que allá escasean, como en toda Venezuela.

Mapa de frontera con Venezuela

Caño Jujú está a unos 25 kilómetros del casco urbano de Arauquita.

Foto:

Imagen tomada de Google Earth

Caño Jujú está a unos 25 kilómetros del casco urbano de Arauquita. Al otro lado del río hay caseríos pertenecientes al corregimiento La Victoria, una de las ‘puertas naturales’ a la selvática zona del Nula. Es la misma área desde donde ‘Pablito’, el jefe militar del Eln, ha organizado varios ataques contra Arauca. Hasta ahora nadie ha logrado que las autoridades del vecino país respondan a los informes que dan cuenta de la presencia del jefe ‘eleno’ al otro lado del río.

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Por los 296 kilómetros del Arauca que sirven como límite entre los dos países (tiene 1.096 kilómetros en total) se mueven productos de pancoger como yuca y plátano, pescado, gasolina de contrabando y también, cocaína. Y los colombianos se quejan de que la Guardia venezolana, una vez más, parece más preocupada por acosar a los contrabandistas y a los pescadores que a los narcos.

El Arauca, con sus aguas amarillas, sí se ha movido de su curso en las últimas décadas, pero ha mordido terreno de lado y lado. En los inviernos más fuertes no es extraño que la tierra se desbarranque. De hecho, el exdiputado Cáceres dice que su finca, a orillas del río, ha perdido 8 de las 30 hectáreas que tenía hace 20 años.

Pero este fenómeno natural jamás había dado pie a una situación como la ocurrida esta semana. Tanto así que la Cancillería colombiana nunca había recibido un reclamo de Caracas en ese sentido. Esta, señalan los expertos en relaciones internacionales, era la ruta que debió haber seguido el gobierno de Nicolás Maduro si, como lo aseguró su Cancillería, la supuesta justificación de la incursión militar era hacer soberanía en una zona que los cambios del río supuestamente dejaron en el lado colombiano.

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Pero incluso si eso hubiera pasado, no ocurrió en los últimos años, ni siquiera en la última década, señalan fuentes que conocen la geografía del lugar. De hecho, en Google Earth hay imágenes satelitales (las primeras, captadas en el 2003) que ubican el punto al que llegaron los venezolanos esta semana en la orilla sur del Arauca, es decir, en Colombia.

Wálter Arévalo, profesor de Derecho Internacional de la Universidad del Rosario y experto en temas limítrofes, señala que en efecto, cuando él límite está definido por un accidente geográfico, como en este caso por el río, es posible que se den discusiones entre los países. Eso, recuerda, pasó en el 2016 entre Holanda y Bélgica, por cambio de curso del río Mase. Los dos países decidieron reacomodar la frontera, pero nunca hubo de por medio ni siquiera la intención de ninguno de los dos de ocupar las franjas de tierra –en todo caso, de menor extensión– que los cambios en el cauce habían dejado al otro lado.

Intentó ampliar territorio por decreto

A mediados del 2015, un reclamo formal de Colombia forzó al presidente Maduro a modificar un decreto en el que declaraba “zonas de defensa marítima” de Venezuela áreas reclamadas por nuestro país en el golfo de Coquivacoa.

El antecedente muestra el inusual manejo que Caracas les ha dado a los asuntos con todos sus vecinos. El profesor Arévalo señala que hechos como el de esta semana muestran la necesidad de que exista un órgano permanente que atienda la situación de las fronteras. Con Venezuela se han instalado varias comisiones binacionales para esos efectos, pero su funcionamiento e incluso su existencia siempre han estado al vaivén de los afanes políticos de Caracas.

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Arévalo sostiene que, en todo caso, la salida a la que acudió el Gobierno, privilegiar la diplomacia en este y otros incidentes, fue acertada. Esto, sin perjuicio de la necesidad de que Colombia incremente los controles reales para ejercer soberanía en la frontera.

JUSTICIA

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