La espantosa historia de las falsas víctimas del conflicto

La espantosa historia de las falsas víctimas del conflicto

Hay redes de tramitadores que entrenan a los ‘clientes’ para que declaren sin equivocarse.

La espantosa historia de las falsas víctimas del conflicto

Según la Unidad para las Víctimas, los 6.999 casos de presunta falsedad que ha hallado se concentran en unos pocos lugares del país. Se espera un incremento fuerte en próximos meses.

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Archivo / EL TIEMPO

08 de junio 2017 , 12:27 p.m.

Hay redes de tramitadores, que entrenan a los ‘clientes’ para que declaren sin equivocarse. Empleados estatales, detrás del negocio.

Lo que les faltaba a las verdaderas víctimas del conflicto armado colombiano: como si no hubieran sufrido ya lo suficiente, ahora son víctimas, además, de las falsas víctimas. Parece un juego de palabras, casi como una charada, que sería cómica si no fuera trágica. Es la triste realidad. Hasta allá ha llegado la descomposición moral del país. Espérenme y ya les cuento.

Las cifras son aterradoras, pero el drama humano es todavía peor. Hasta hace dos meses estaban oficialmente registradas 8'405.000 víctimas de la violencia. Es decir: el 18 por ciento de la población completa del país. Eso significa, ni más ni menos, que de cada cien colombianos hay dieciocho que se consideran víctimas directas del conflicto.

Entonces es cuando las preguntas comenzaron a darme vueltas en la cabeza. ¿Es posible una cantidad tan alta de gente? ¿Cuántas de ellas son verdaderas víctimas y cuántas son víctimas fraudulentas? Allí fue donde empezó Cristo a padecer, como decían nuestras abuelas, porque fui encontrando incontables historias que son horrendas y hay episodios que lo espeluznan a uno.

Dicho sea con franqueza y sin más rodeos: convertirse en víctima del conflicto se volvió negocio. Es como una nueva profesión. El problema es de tales proporciones que Alan Jara Urzola, director de la Unidad para las Víctimas, entidad oficial que se encarga de esos menesteres, me describió la situación con un ejemplo elocuente y rotundo: “De tramitadores de tránsito pasamos a tramitadores de víctimas”.

¿Cuántas son las falsas víctimas?

Los fraudes más frecuentes que se presentan en el actual proceso de paz tienen que ver con la posesión de la tierra, violencia sexual, lesiones de incapacidad permanente o temporal, torturas y trato inhumano. Numerosos demandantes dicen que fueron despojados o desplazados a la fuerza y piden que les restituyan sus propiedades. O que les paguen subsidios y mensualidades.

En ese sentido, el enredo es tan grande que ni siquiera coinciden las cifras de los diferentes organismos estatales. Por ejemplo: la Unidad para las Víctimas ha detectado posibles falsedades en las declaraciones de 6.999 reclamantes, pero la Fiscalía General de la Nación va mucho más lejos e informa que hay al menos 22.000 víctimas falsas.

Lo que ocurre es que la Ley no permite retirar a una persona de los registros de la Unidad de Víctimas, aunque se detecte el engaño, sin haberle hecho antes un proceso de exclusión, que es largo y complejo.

Como si fuera poco, se ha descubierto que mucha gente se hace pasar por víctima, sin serlo, no solo por razones económicas, sino también por venganzas personales o intereses políticos. En varias regiones del país se conocen casos de partidos o movimientos que incitan a sus seguidores a hacer declaraciones mentirosas y peticiones indebidas contra sus adversarios.

¿Y las verdaderas?

Es hora de preguntarse, a la inversa, cuántas son las personas que han resultado verdaderamente afectadas. Por las mismas razones, responder eso tampoco es fácil. Paola Gaviria, que fue la anterior directora de la Unidad, informó en el año 2014 que se tenían en registro 6,8 millones de afectados.

Pero tres años después, en abril pasado, hace apenas dos meses, el propio presidente Juan Manuel Santos dijo, en un mensaje electrónico dirigido a todo el que quisiera verlo, que son casi 8,4 millones. Creció 24 por ciento en los últimos tres años, y eso que las negociaciones de paz llevan ya cinco años.

Las regiones más afectadas

Según pude establecerlo, revisando los registros oficiales, Antioquia es la región colombiana más afectada por el conflicto, desde el punto de vista humano, con 1'695.000 víctimas. Le siguen dos departamentos del Caribe: Bolívar, con 633.000; y Magdalena, con 515.000. Luego vienen el Valle del Cauca, con 483.000 víctimas; Nariño, con 447.000; y Cesar, con 433.000.

No hay una sola región del país, por tranquila que parezca, que haya escapado a la maldición de la violencia. Con decirles que las menos afectadas son Vaupés, con 11.000 víctimas; Guainía, con 7.700; Amazonas, con 3.000, y el archipiélago de San Andrés, con 129 casos.

Redes nacionales

Vuelvo a preguntar cuántas de esas víctimas son auténticas. Ese es el gran drama. El país se nos ha llenado de profesionales del victimismo, expertos en el fraude, embaucadores.

En cualquier ciudad se ubican estratégicamente en las esquinas, cerca de los puntos de atención, y se ofrecen para adelantar las mismas gestiones que los funcionarios adelantan gratuitamente. Les hacen creer que ellos agilizan giros y pagos. Y así le quitan la plata a la gente.

La situación ha llegado a tales extremos que ya se han organizado redes nacionales de tramitadores, que operan en numerosas ciudades del país, y cuentan hasta con la asesoría profesional de abogados. Pásmense ustedes: dictan “cursos de entrenamiento” para que sus clientes aprendan a recitar una declaración sin equivocarse. En varios de estos casos se ha descubierto a empleados estatales que son los verdaderos dueños de esas redes o gestorías.

Las mentiras

Investigadores de la Unidad de Víctimas han logrado recopilar un extenso inventario con numerosas historias de farsantes que intentan obtener beneficios de diferente índole haciéndose pasar por damnificados. Paul Ladino, que trabaja en la Unidad para las Víctimas, ha desentrañado varios de esos falsos martirios. En el sur del país descubrió a un empleado del Gobierno –que fue destituido y está bajo investigación penal– dedicado a entrenar a una gran cantidad de mujeres para que aprendieran a declararse objeto de violencia sexual. Algunas de ellas terminaron confesando.

En la población santandereana de Sabana de Torres fueron desenmascarados unos falsos desplazados que reclamaban tierras, y algunos de los cuales ya figuraban como beneficiarios en los programas de reparación. Intentaban hacerlo dos veces.
Falsifican hasta sus propios documentos personales. En numerosas ocasiones se ha detectado falsedad de documentos en el momento mismo en que tratan de reclamar el cheque de una indemnización.

Lo que más persiguen las falsas víctimas es obtener dinero en efectivo o en un cheque, o que les consignen en una cuenta bancaria. También hay muchos que se presentan como desplazados o despojados para que les restituyan la tierra.

Los territorios del fraude

En los últimos meses, las autoridades de Cúcuta han revelado el hallazgo de ocho casos falsos de personas que buscaban ser incluidas en el Registro Único de Víctimas, para obtener tierras, subsidios y beneficios, como si hubieran sido desplazadas de sus propiedades rurales. Las investigaciones establecieron que ninguno de ellos había sido propietario.

El caso se repite en los cuatro puntos cardinales. En regiones de la Costa Caribe, el Valle, el sur del país y la propia Bogotá, ahora se ha descubierto el caso de lo que se conoce como “narraciones análogas”. Las personas de una misma región, y que han sido entrenadas juntas, aunque hagan por separado sus declaraciones ante las autoridades, y en fechas diferentes, terminan repitiendo las mismas historias.
De acuerdo con informaciones que me suministra la Unidad para las Víctimas, el ciento por ciento de los 6.999 casos de presunta falsedad que ellos han hallado se concentra en unos pocos lugares del país. Imagínese lo que nos espera a medida que avancen las investigaciones.

Me quedo perplejo al confirmar que, en primer lugar, aparece Policarpa, un pequeño y hermoso municipio del departamento de Nariño, donde se han presentado 3.906 declaraciones de supuestos afectados. Pero, según los datos que me entrega la misma Unidad para las Víctimas, el 56 por ciento de ellos son sospechosos de fraude.
Luego aparecen El Carmen de Bolívar, con 42,4 declarantes de sospechosos, y, con porcentajes más pequeños, otras poblaciones también de Bolívar, el sector bogotano de Usme y diferentes localidades de Córdoba, Valle y Antioquia.

Pirámides, casas, gallinas

Me volvería interminable si tratara de contar todos los episodios insólitos, extravagantes e inconcebibles a que recurren las falsas víctimas para sacarle provecho a los programas de reparación.

La imaginación abunda tanto como la maldad. Piden tierras, dinero, cerdos, gallinas, casas, apartamentos, automóviles, ropa, computadores, tocadiscos. En regiones apartadas hay quienes organizan hasta pirámides de víctimas o cobran por entablar acciones de tutela y derechos de petición.

Sigo pensando en las víctimas verdaderas. Todo este panorama complica y retarda la atención que ellos merecen y necesitan. Pero ahora también tienen que sufrir por culpa de los farsantes, que no respetan el dolor ajeno.

Frente a esa realidad, tan terrible, la Unidad para las Víctimas organizó un comité especial de control de fraudes, que se reúne cada semana y ha creado mapas de riesgos de las regiones colombianas para estudiarlas de manera permanente.

Epílogo

Para terminar, quiero contarles que, mientras escribía esta crónica, llegó a mis manos el libro 'Víctimas falsas, verdaderas y acomodadas', que acaba de publicar la periodista e investigadora Nancy Sáenz. Es una obra seria, profunda y reveladora. Recomiendo su lectura a todos los que se sientan tan preocupados como yo por las cosas que están pasando en este país. Recuerdo ahora lo que dice aquel canto vallenato del maestro Leandro Díaz: “Quién sabe adónde iremos a parar...”.

JUAN GOSSAÍN
Especial para EL TIEMPO

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