Familia de Marcela Garzón logra ejemplar condena para feminicida
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Familia de Marcela Garzón logra ejemplar condena para feminicida

La hermana de ella consiguió sentencia de 41 años por feminicidio contra Luis Carlos Cardozo.

Carolina Pinzón, madre de Marcela Garzón Pinzón

Carolina Pinzón, madre de Marcela Garzón Pinzón, víctima de feminicidio, en el altar que su familia hizo en su honor, tras el crimen ocurrido el 23 de mayo de 2017.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

02 de abril 2018 , 07:52 p.m.

El pasado mes de febrero, el juez 41 penal condenó a 41 años de prisión a Luis Carlos Cardozo Ballesteros por feminicidio agravado. Esta sentencia es el resultado de una incansable lucha en busca de justicia de Edith Rocío Garzón Pinzón, hermana de Marcela Garzón, asesinada el 23 de mayo de 2017 en la localidad de Bosa, en el sur de Bogotá.

Esa mañana, Marcela se ausentó de su trabajo porque iba a visitar a su hija mayor, quien se encontraba hospitalizada. Sin embargo, mientras se alistaba para salir, Cardozo llegó a su vivienda, ubicada en el barrio Las Margaritas, en la localidad de Bosa. Ella había terminado la relación por la constante violencia que tenía que soportar, pero él insistía en volver.

Luego de entrar en la casa iniciaron una fuerte discusión, al parecer por un mensaje de texto que Cardozo “consideraba comprometedor”. Él tomó un cuchillo y la asesinó; tras cometer el crimen salió de la vivienda gritando, por lo que los vecinos llamaron a la policía. Al llegar la patrulla, se entregó y confesó el delito.

El dictamen de Medicina Legal confirmó que Marcela murió a causa de las heridas ocasionadas con el arma blanca.

Este caso es tan solo uno de los muchos feminicidios registrados en Colombia el año pasado. Según Medicina Legal, en el 2017 fue asesinada una mujer cada dos días. Fueron 139 casos de feminicidio.

Estos procesos judiciales requieren tanto de la ayuda de las entidades como de las víctimas

La lucha por hacer justicia

Desde esa mañana, Edith comenzó un difícil camino para encontrar justicia en el caso de su hermana. Hora tras hora, de los nueve meses siguientes, se dedicó a recopilar pruebas, buscar abogados, contactar entidades que le pudieran ayudar y medios de comunicación que visibilizaran el caso. Con estos apoyos, su perseverancia y fortaleza, ella inició el proceso judicial en contra de Cardozo Ballesteros y asumió la custodia de sus cuatro sobrinos, quienes tienen entre 14 y 19 años, edades que, según ella, “son difíciles de llevar”.

Lidiar con el proceso judicial, la crianza de sus “ocho hijos” –sus cuatro hijos, más sus cuatro sobrinos– y su trabajo como guardia de seguridad en horarios nocturnos no es nada fácil. Hoy, su vida es completamente distinta a la que tenía diez meses atrás.

Ahora no concilia el sueño, no tiene espacio para su vida social y a veces pierde la noción del tiempo. Sin embargo, su principal objetivo es que el caso de su hermana no quede impune, y para lograrlo se capacitó de forma autodidacta en el uso de términos jurídicos, leyes y entidades que protegen los derechos de las mujeres o brindan apoyo psicológico y judicial a familiares y sobrevivientes de casos de feminicidio.

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Edith Garzón le hizo a su hermana un altar en la sala de su casa, en el sur de Bogotá. Allí permaneció hasta el inicio del proceso judicial.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

Cuando la justicia actúa

Este es uno de los procesos en los que la justicia ha actuado con relativa rapidez. “Estos procesos judiciales requieren tanto de la ayuda de las entidades como de las víctimas. La gestión tiene que ser en un 50/50, ya que no podemos quedarnos de brazos cruzados y dejar todo en manos de las instituciones”, asegura.

De esta forma logró visibilizar el caso de su hermana. Por eso se la vio marchar con la foto de Marcela, en mayo del año pasado, en medio de la conmemoración del crimen de Rosa Elvira Cely. Ese día expuso su caso ante los medios y se propuso aprender la ruta adecuada para llevar a cabo el proceso judicial.

Pero los trámites para las audiencias y la recopilación de documentos y pruebas, más los antecedentes del victimario, son engorrosos. Aun así, logró hacerlo en el menor tiempo posible.

Fueron nueve audiencias. La primera, el 19 de agosto de 2017, la cancelaron porque se desconocía el paradero del victimario. “Desde que se entregó a la Policía, Cardozo debía encontrarse en el búnker de la Fiscalía; sin embargo, yo misma comprobé que durante los tres meses siguientes al crimen, no sé por qué razón, se encontraba en la estación de policía de Bosa”, resalta la hermana de Marcela.

El victimario confesó los hechos en la octava audiencia. Según Edith “con la mayor tranquilidad”, justificando que la causa para cometer el crimen fue un mensaje comprometedor que leyó en el celular de Marcela: “Nos vemos en el lugar de siempre a las 5 p. m.”. Este argumento no tuvo ninguna validez para la jueza. Edith afirma que su hermana le prestaba constantemente el celular a su sobrina, y al parecer el mensaje era parte del chat con uno de sus amigos.

Después de tantos ires y venires, de noches enteras soñando con la justicia para su hermana, y de la desidia que genera tener que recorrerse fiscalías y juzgados, pasó lo que ella tanto anhelaba, la condena de 41 años, sin ningún tipo de beneficio, contra Luis Carlos Cardozo Ballesteros.

Edith considera que es una sentencia ejemplar. Sin embargo, su dolor por la pérdida de su hermana la acompañará toda la vida.

Ser la voz de otras mujeres

Esta mujer, de ojos expresivos y voz fuerte, ha asesorado a otras familiares de víctimas y mujeres que afrontan violencia en sus hogares. Les cuenta desde su experiencia el paso a paso que deben seguir para denunciar y tomar acciones legales. “Yo les digo que valen mucho, que hablen, que denuncien, porque a veces por miedo, por pena o por lo que sea se quedan calladas, y les puede pasar lo que le pasó a Marcela”, señala.

Uno de sus grandes sueños es poder graduarse como abogada, ya que desea defender los derechos de las mujeres y erradicar la violencia de género en Colombia. “Yo soy líder de toda la vida, y el estar en medio de la tragedia me ha hecho ser una persona más consciente y más comprometida. No hay que ser indiferentes. Hay que hacer la diferencia”, concluye.

ALEJANDRA GONZÁLEZ GONZÁLEZ
NO ES HORA DE CALLAR
noeshoradecallar@eltiempo.com

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