Crecen narcocultivos en Nariño, apesar de 'lluvia' de glifosato
Por: REDACCIÓN JUSTICIA |
Repunte de cultivos ilícitos estuvo frontera, también en el Catatumbo y en resguardos indígenas.
Sembrar coca no saca a los campesinos de la miseria. Al mes, sus ganancias no superan los 540.000 pesos por hectárea y, pese a eso, al menos 62.000 familias siguen dedicadas a cultivar 'cuarentena', 'tingomaría' y 'pajarito', las variedades de coca más comunes en el país.
Los narcocultivos están en 280 municipios y en el 2011 sumaron 64.000 hectáreas, 2.000 más que en el 2010. Eso dice el último censo del Simci, de las Naciones Unidas, que hace la radiografía oficial de los sembrados ilegales.
El resultado rompió con la línea de descenso ininterrumpido en la que se venía desde el 2008 y, por primera vez, va en tendencia contraria al conteo hecho por el Departamento de Estado de EE.UU., que arrojó una significativa reducción para el 2011.
En lo que sí coinciden las dos mediciones es en que Nariño, Putumayo y Norte de Santander son los departamentos con mayor concentración de cultivos ilegales.
El caso de Nariño, que completa seis años en el primer lugar de narcocultivos, plantea serias reflexiones sobre la estrategia de fumigación. Aunque sobre ese departamento llovió uno de cada tres litros de glifosato lanzados por los aviones de la Policía -35.000 de 103.000-, las hectáreas crecieron de 15.951 a 17.231.
Por eso, el Ministerio de Defensa escogió a Tumaco, el municipio con más cultivos de coca, para lanzar el viernes la nueva estrategia contra el narcotráfico. Tras el paso de los erradicadores y fumigadores, la Fuerza Pública se quedará en las 5 zonas donde hoy se concentra el narcotráfico, y con ella vendrán también los programas sociales.
El plan se aplica en el Catatumbo, en Norte de Santander, donde las siembras pasaron de 1.889 a 3.490 hectáreas, porque, según el Simci, en todo el año no hubo fumigación y la erradicación manual cayó en una cuarta parte. Eso hizo que esta región se convirtiera en la más rentable para la extracción de base de cocaína: de cada tonelada de hojas se lograron extraer 2,2 kilos, mientras que en otras regiones el promedio fue de 1,7.
Analistas del Simci atribuyen el comportamiento de los cultivos en Antioquia y Putumayo a dos fenómenos del país. En el caso del primer departamento, señalan que la reducción histórica (de 5.350 a 3.104) está ligada a la fuga de campesinos hacia la minería ilegal.
En cambio, el repunte de la coca en Putumayo (de 4.785 a 9.951 hectáreas) está marcado por el fantasma de DMG. En su momento, la 'pirámide' influyó en la reducción de siembras en municipios como Puerto Asís, pero las millonarias pérdidas de miles de estafados estarían directamente amarradas al incremento de la hoja. Otro factor clave allí es que se dejó de fumigar en el cinturón de 10 kilómetros desde la frontera con Ecuador, zona que hoy tiene buena parte de los narcocultivos. Allá está la única zona del país donde las siembras superan las 20 hectáreas.
Los narcos también aprovechan las tierras de comunidades protegidas, como resguardos indígenas y consejos comunitarios de afrodescendientes.
En territorios indígenas hay 6.000 hectáreas con matas de coca, una de cada diez del país. La mitad está en resguardos de la línea del Pacífico. En tierras de afros, donde también es necesaria una consulta con la comunidad antes de fumigar, se concentra el 25 por ciento de la coca del país.
Y aunque la estrategia de los narcos es volver a zonas abandonadas tras las fumigaciones, no han dejado de acabar con el bosque para los nuevos sembrados.
En los últimos diez años deforestaron 245.382 nuevas hectáreas, que se suman a más de 2 millones que han devastado en los últimos 30 años y que pueden tomar siglos antes de recuperarse.
Cultivador prefiere no procesar la hoja
Un punto de análisis del censo es que el 56 por ciento de los campesinos dedicados a cultivar coca prefieren vender la hoja a intermediarios. Según el Simci, grupos armados cuentan con gente experta en transformar la hoja para así "obtener un producto más homogéneo y de mejor calidad" para el tráfico.Salto de los cultivos a la minería
Leonardo Correa, coordinador del Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos, de la ONU, asegura que la reducción de las matas de coca será más difícil cada año.
¿Qué influyó en que se postergara la publicación de las cifras?
El invierno de final del 2011 hizo que la toma de imágenes del satélite requiriera más tiempo del previsto. Y este año, la discusión por la metodología y su comparación se inició un poco tarde. Indudablemente, el hecho de que hubiera habido un incremento alertó a los miembros del comité técnico.
¿La desaparición de DMG influyó en el aumento de los cultivos en Putumayo?
Los cultivos ilícitos reaccionan a las dinámicas regionales. Si hay una actividad lucrativa alternativa, como está pasando probablemente en algunas áreas de Antioquia y del sur de Bolívar con un 'boom' de la minería, los cultivos bajan. Allá la gente que siembra coca se está dedicando a las actividades mineras. Cada vez que aparece un buen negocio, lícito o ilícito, la gente puede migrar hacia ellos. Ese puede ser el caso de Putumayo y su relación con DMG.
¿Por qué los cultivos persisten en las mismas zonas desde hace 10 años?
La principal razón de tanta persistencia en el cultivo en esas regiones es que estamos haciendo bien la mitad de la tarea. La idea es disminuir los incentivos para sembrar coca, pero aumentar los incentivos para sembrar cosas lícitas, y en este momento estamos trabajando más fuerte en el primer aspecto.
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