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En la plaza de Manizales se recorren calles de miedo

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Calles de miedo en plaza de Manizales

Imagen de la Galería de mercado en el centro de Manizales.

En zona histórica marcada por violencia, hoy impera el abandono que alimenta a la delincuencia.

'Puerto Plomo' y la 'calle de la Penicilina' son zonas míticas que no se borran del imaginario de los manizaleños. Allí, hace unos 10 años, los cafetines todavía funcionaban como centros de reunión de sicarios, en un ambiente contaminado de prostitución y drogas.

Entre los muertos que 'carga' la Galería está Orlando Sierra, subdirector del periódico 'La Patria', víctima de un atentado el 30 de enero del 2002. En un café en los alrededores de este sector se fraguó el crimen. La justicia ha condenado a tres autores materiales del asesinato, que tiene preso al político Ferney Tapasco, uno de los 'caciques' electorales de Caldas.

"La muerte de Orlando Sierra permitió que se destapara esa realidad de que en los alrededores de la plaza de mercado existían oficinas o escuelas de sicarios", agrega Justo Pastor López, administrador de la Galería.

Hoy, son sectores trajinados, de calles sucias, que aún conservan rastros de esos vicios y donde se alimenta el millonario negocio del microtráfico, que es el dolor de cabeza de la capital caldense. Estas dos calles rodean la tradicional Galería, una plaza de mercado que en el 2011 cumplió 60 años, conformada por cuatro pabellones, por la que se mueven a diario unas 15.000 personas. Es un inframundo en el que convergen comerciantes, compradores, jíbaros, prostitutas, travestis y ladronzuelos, que se camuflan entre los puestos de comercio informal que ya casi borraron los senderos peatonales y las vías.

Además de alimentos, a esa gran manzana llegan los 'botines' de los reducidores, que luego se comercian, pero es en las calles de poco tránsito, que espantan por su olor, donde se camufla la droga.

"Ese tema lo manejan organizaciones con personas que venden en la calle, otras que recogen el dinero y quienes les entregan la droga", reconoce el comandante de Policía de Caldas, coronel Herman Bustamante, quien afirma que el negocio se concentra en la venta de bazuco y de marihuana, provenientes, en su mayoría, de departamentos vecinos.

Tras un trabajo de 10 meses, coordinado con la Fiscalía, la primera semana de abril la Policía capturó a 15 personas, 14 de ellas integrantes de una banda dedicada al microtráfico, requeridas por concierto para delinquir agravado en la modalidad de narcotráfico. En su andamiaje, esta organización -sin nombre- dividió la plaza en siete puntos de distribución, entre los que figuran 'Puerto Plomo' -hoy conocido como 'Puerto Paz'- y la 'calle de la Penicilina'. Tras las capturas, en cumplimiento de la operación Serpiente, la Fiscalía evalúa la aplicación de extinción de dominio a cerca de una decena de bienes que estarían dentro y fuera de la ciudad, y que tendrían vínculos con esta red de lavado.

El negocio era millonario. En una sola operación encontraron unos 20 millones de pesos en billetes de mil y de dos mil pesos.

En Pereira no reportan problemas

La captura de 'Niño Fabián', el heredero de la banda 'La Cordillera', parece haber alejado definitivamente el fantasma del poder de ese grupo criminal sobre las dos grandes galerías de Pereira. La de Risaralda es una de las pocas capitales del país donde, según la Policía, no hay mayores problemas con la gran criminalidad.

Ese 'blindaje' que existe en esta ciudad sobre la galería surgió tras el terremoto de 1999 que afectó al Eje Cafetero. Esta tragedia dio un empujón extra para la desaparición de la plaza de la zona centro.

"Pereira tuvo un gran avance desde hace 10 años cuando arrancó el proyecto de renovación del centro, que implicó demoler la antigua galería que estaba en ese sector y donde confluían droga, delincuencia, habitantes de la calle y prostíbulos. Allí se construyó una plaza cívica, edificios y un centro comercial", afirma Juan Carlos Valencia, secretario de Gobierno de Pereira.

Los vendedores informales fueron reubicados en Mercasa, donde están los mayoristas -en la periferia de la ciudad- y la plaza de mercado de La 40.

Las autoridades afirman que en estas dos centrales de abasto no hay rastro de delitos como microtráfico, extorsión o sicariato. "A la administración, a la fecha, no ha llegado un comerciante a denunciar que lo están extorsionando", señaló Gloria Arango, administradora de Mercasa, central mayorista ubicada en la vía de salida hacia Cartago (Valle), donde al mes se mueven unas 12.000 toneladas de alimentos.

En la plaza de La 40, sin embargo, reportan preocupación por los 'gota a gota'. En los pasillos se rumora que los encargados de este oficio le rinden cuentas a 'la Cordillera'.

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