Los 20 meses de tortura de Claudia Giovanna antes de ser asesinada

Los 20 meses de tortura de Claudia Giovanna antes de ser asesinada

En carta, dijo que su pareja la encerraba en el carro sin comer y la amenazaba con arma blanca.

Claudia Giovanna Rodríguez y Julio Alberto Reyes

Claudia Giovanna Rodríguez conoció a Julio Alberto Reyes a finales del 2014, en una brigada de salud en La Modelo.

Foto:

Cortesía Citytv - Inpec

17 de abril 2017 , 07:44 a.m.

Dieciocho días antes de ser asesinada, Claudia Giovanna Rodríguez Altuzarra describió las torturas físicas y psicológicas a las que la sometió durante 20 meses Julio Alberto Reyes Andrade, su compañero y homicida.

“Desde el inicio de nuestra convivencia hubo amenazas constantes contra mi vida, la de mi familia y la de él con cuchillos (...), encierros en la residencia y en el carro durante periodos de hasta un día sin comer ni poder ir al baño (...); llegó al punto de encerrarme para que no pudiera ir a los controles de mi embarazo porque hasta el doctor terminó siendo objeto de celos”, escribió la optómetra de 42 años en una carta a la Fiscalía 75 de Medellín.

“Durante el primer año de lactancia me quedé en casa y la dependencia económica originó humillaciones y maltratos (...). Tenía el control de mis telecomunicaciones. Bloqueé en mi celular sus llamadas, pero he recibido siete notificaciones desde su número (...).

Revelando su sufrimiento, Claudia ya había logrado que se le expidiera una medida de protección para impedir que el sujeto se acercara a su casa y buscaba que se le revocara la libertad condicional que tenía por otro crimen. Pero el pasado lunes, Reyes llegó a su trabajo –en el local de ópticas GMO en el centro comercial Santafé, norte de Bogotá– y le disparó en el tórax y en el estómago.

Su asesinato volvió a agitar el debate sobre los peligros y la desprotección de la mujer en Colombia. Los crímenes, antecedidos por episodios de violencia intrafamiliar, siguen ocurriendo a pesar del avance en la promulgación y endurecimiento de leyes.

Hay abiertas 345 investigaciones por feminicidios, 53 condenas y, solo en Bogotá, 39.200 medidas de protección desde el 2015: una cifra que preocupa si se tiene en cuenta que el pie de fuerza en la capital es de 16.000 policías. De hecho, el caso de Claudia Giovanna llevó a las autoridades a plantear otros mecanismos de protección.

Palizas y amenazas


Pero ella misma le dijo a la Fiscalía que el hombre la “estrujaba y empujaba”, destruía cotidianamente objetos de la casa y la sometía a violencia psicológica y verbal basada en celos infundados.

Con dolor, también narró que le gritaba que el hijo no era de él. De hecho, cuando la profesional vio en peligro al pequeño, decidió denunciar.

Ese 8 de marzo, después de golpearla con saña, le quitó de los brazos al menor e intentó raptarlo. En ese momento, la pareja vivía en Aromas, un lujoso condominio ubicado en el barrio El Poblado de Medellín.

“En los videos de seguridad del conjunto quedó registrado cómo Claudia gritaba y un vecino piloto salió en pantaloneta a quitarle el niño a Reyes”, recordó Fernando López.

Al parecer, Reyes fue detenido, pero quedó en libertad por irregularidades en su captura. Luego, desapareció y se llevó un Chevrolet Spark rojo de la optómetra, de placas HTU 381.

El episodio quedó registrado en la denuncia que Claudia instauró y desencadenó la medida de protección de la Fiscalía.

Acechada, asustada y sola, regresó a Bogotá a vivir con su madre en un edifico ubicado en Usaquén.

“A las dos semanas, Reyes se apareció en el barrio, parqueaba el carro en un callejón cerca del apartamento y varias veces trató de entrar. Dormía en el vehículo”, contó López.

A las dos semanas, Reyes se apareció en el barrio, parqueaba el carro en un callejón cerca del apartamento y varias veces trató de entrar. Dormía en el vehículo


Al menos 40 veces llamaron al cuadrante a pedir protección, pero Reyes alegaba que le tenían secuestrado a su hijo. Incluso, López dijo que uno de los agentes les advirtió que el sujeto tenía derecho a verlo.

Ante el acoso, el 16 de marzo Claudia se dirigió a la Secretaría Distrital de la Mujer, en cabeza de Cristina Vélez. Allí la llevaron al Centro de Atención a Víctimas de Violencia Sexual (Caivas), donde la asesoraron para que siguiera la ruta de protección y para que escribiera la carta.

“El riesgo en su contra era alto, según dictaminó una de nuestras mejores abogadas. Le ofrecimos protección en una de las casas refugio habilitadas para alejar en secreto a las víctimas de violencia intrafamiliar, pero no aceptó porque decía que el peligro se cernía sobre su familia”, dijo la Secretaría de la Mujer.

La optómetra acudió ante un juzgado de ejecución de penas para informar que Reyes violó la buena conducta que le valió su libertad cuando estuvo la primera vez preso. Sin embargo, no la dejaron entrar al complejo judicial porque llevaba el niño en brazos.

La abogada de la Secretaría de la Mujer la siguió buscando, pero no le contestó dos llamadas que le hizo el 31 de marzo pasado.

En efecto, su crimen está plagado de episodios que indignan y que los reclaman con urgencia.

Reyes, de 38 años, desempleado y de familia paisa acomodada, ya había pagado tres quintas partes de una condena a 22 años por un doble crimen.

A los 26 años de edad, mató a la hermana y a un amigo de otra de sus exparejas, Margarita Acosta, a quien hirió por la espalda. El episodio sucedió en mayo del 2005 en el bar Combo Combo, del centro comercial Bachué II, noroccidente de Bogotá, en donde hirió a un policía y recibió un disparo en la cara. Con el mismo tipo de arma que perpetró esos asesinatos –una pistola CZ 7.65– mató a la optómetra.

Reyes intentó hacerle el quite a su condena diciendo que era esquizofrénico, pero Medicina Legal diagnosticó que estaba en sus cabales cuando cometió los crímenes. Luego, apeló y allegó una certificación de que sufría trastornos psiquiátricos por epilepsia desde los 8 meses. Por eso, su madre pidió declararlo interdicto por demencia.

Pero nada le sirvió y siguió en La Modelo. En esa cárcel conoció a Claudia a finales del 2014, cuando la optómetra participó en una brigada de salud de Caprecom, donde trabajó tras hacer el rural y permanecer cuatro años en Leticia (Amazonas).

El sujeto, reservista del Ejército, gozaba de beneficio de extramuros y cargaba una certificación de buena conducta. Tras jurarle que estaba injustamente preso y que quería una segunda oportunidad, se fue a vivir con ella.

La familia de la optómetra ignoraba el infierno en el que vivía, porque el hombre la aisló llevándosela a vivir a Medellín. Solo se enteraron cuando, el 8 de marzo, Reyes le propinó una paliza que la dejó 10 días incapacitada.

“Pensábamos que todo iba bien. Él decía que era intachable y que fue a la cárcel por defenderse de unos atracadores cuando vendía relojes Rolex en Sanandresito”, le narró a EL TIEMPO Fernando López, cuñado de Claudia Giovanna.

El desenlace

Diez días después, la profesional salió hacia las 10 de la mañana a su trabajo. Reyes la empezó a seguir de cerca y hay evidencia de que hacia las 11 de la mañana, el sujeto entró detrás de ella al centro comercial.

Según indagaciones de la Policía, Claudia notó su presencia desde mediodía y le pidió al administrador del local, Cristian Molina, que le llevara el almuerzo, pues estaba petrificada.

Hombre toma de rehén a su expareja y la mata en el C.C. SantaféEl asesino, que ya había estado preso por homicidio, murió a manos de la Policía.
Centro Comercial Santafe

El paso a paso del asesinato de mujer en el C.C. Santafé

Mientras tanto, Reyes fue a un almacén de marca y compró ropa para ella y una chaqueta de cuero negra para él. Además, un balón de fútbol Umbro para el niño. La Fiscalía confirma testimonios según los cuales Reyes llegó a GMO, habló con Claudia y buscó una reconciliación. Ante la negativa, le disparó.

El administrador fue quien dio aviso de lo sucedido. El cuadrante 66 llegó a los tres minutos y uno de sus agentes vio el cuerpo de la profesional en medio de un charco de sangre.

“Si entran la termino de matar”, les gritó a los patrulleros, que avisaron que se trataba de un secuestro.

El Gaula atravesó la ciudad por el carril de Transmilenio y llegó a los 45 minutos al lugar. Uno de sus expertos en negociación, protegido por un escudo blindado, le pidió a Reyes que dejara que paramédicos atendieran a la mujer.

Incluso le pasaron una camilla para que él mismo subiera a la optómetra.

“¿Me cree ‘huevón?’. Se la llevan al hospital y a mí, a la cárcel”, les contestó. Pero accedió a dar su número celular por el que pedía que le llevaran a su suegra.

“Era claro que también quería matarla a ella, a la hija de 14 años de Claudia y a su cuñada”
, explicó uno de los 12 oficiales desplegados en el Santafé.

Tras una hora y cuarenta y cinco minutos de negociación, y luego de que la optómetra no diera señales de vida, Reyes disparó y un francotirador lo ultimó.

El miércoles, sus compañeros de la Universidad San Martín, de Leticia y de GMO y sus primos del Espinal fueron a su velación. Hubo tristeza, pero también rabia e impotencia al recordar los trámites que Claudia hizo para salvarse.

“La medida de protección era su escudo. La cargaba para todos lados, pero no sirvió”, dijo su cuñado.

Ahora, la mamá de Claudia busca quedarse con la custodia de la niña de 14 años y del bebé de uno, hijo del hombre que les cambió la vida para siempre.

Se buscan ajustes de normas de protección y en centros comerciales

La secretaria de la Mujer del Distrito, Cristina Vélez, está segura de que con la legislación vigente el asesino de Claudia Giovana tendría que haber purgado los 22 años de cárcel a los que fue condenado y aún seguiría tras las rejas.

“Ahora la justicia no les concede ningún tipo de rebajas a casos de feminicidio como los que cometió Julio Reyes o el de Rafael Uribe”, explicó la funcionaria. Pero también admitió que los casos de violencia intrafamiliar que requieren de protección desbordan los mecanismos habilitados por la justicia. Hay 39.200 medidas de protección vigentes por violencia intrafamiliar, lo que exigiría que, para cumplirlas, se doblara el pie de fuerza de la Policía y sus hombres se dedicaran a cuidar a estas personas.

La propuesta del Distrito y de la Policía es que se habiliten mecanismos alternos. “No hay modelos para seguir en el mundo, pero sí alternativas como, por ejemplo, habilitar dispositivos en celulares que permitan saber en tiempo real cómo están las personas en riesgo y con medida de protección de la Fiscalía. A la mujer le llegaría una alerta diaria para que reporte su estado”, explica Vélez.

Y voceros de la Policía agregan que ya hay un mecanismo similar a través del Sistema Distrital de Protección Integral a las Mujeres Víctimas de Violencia (Sofia). Además, sugieren que las medidas de protección se revisen para saber si siguen vigentes y que las que se expidan tengan control y caducidad. Las casas refugio del Distrito, cinco con 210 cupos, son otra alternativa. Pero todas deben ir de la mano de la acción de la justicia para que los casos no queden en la impunidad.

Los centros comerciales necesitan subir la guardia en los controles de ingreso de armas, detectables a través de aparatos y cámaras. “Por el volumen de gente, es difícil la detección. Pero algunos ya ni siquiera revisan los carros con ayuda de perros ni los bolsos y paquetes a las entradas. Sin duda, estos son mecanismos disuasivos. Por lo general, activan las medidas cuando algo pasa y las vuelven a quitar, alegando costos. Hay que empezar a exigir y a sancionar”, dijo un experto en seguridad urbana.

UNIDAD INVESTIGATIVA
u.investigativa@eltiempo.com  

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