18 años sin luto por el padre que las Farc nunca les devolvieron

18 años sin luto por el padre que las Farc nunca les devolvieron

Hernán Bustos Díaz fue secuestrado y asesinado. Sus hijas todavía piden saber dónde lo enterraron.

Liliana Bustos, hija de secuestrado de las Farc

Liliana Bustos (en la foto), junto a sus hermanos Amparo y Hernán, no han cesado en la búsqueda de justicia ante las autoridades.

Foto:

Mauricio León / EL TIEMPO

26 de junio 2018 , 01:28 p.m.

En algún lugar de El Escritorio, vereda de Guaduas, bajo quién sabe cuántos metros de tierra, yacen los restos de Hernán Bustos Díaz. En esa zona de Cundinamarca donde operó el frente 22 de las Farc, Hernán pasó sus últimos días de vida secuestrado. Luego lo asesinaron.

Liliana Bustos, una de sus tres hijos, vive en el municipio de Cota, cerca de las montañas donde termina la sabana de Bogotá. En la sala de su casa, el rostro de su padre mira a quien entra. El retrato está enmarcado sobre una mesa baja, tendida con un tejido blanco, sobre la cual también reposan un florero redondo con vetas de color verde claro y oscuro y, en el centro, la Rosa Mística, la virgen a la cual rezan quienes piden por sus familiares secuestrados o desaparecidos.

Junto a esa mesa, sentadas en un mueble, Liliana y su hermana Amparo recuerdan el 26 de febrero del 2000, cuando Luis Ignacio Bustos Rincón, su tío, fue interceptado por un grupo de personas armadas en la vereda Los Árboles de Madrid, también en Cundinamarca. Lo obligaron a bajar de su camioneta, se identificaron como miembros de las Farc y se lo llevaron a zona montañosa de Villeta.

En la vereda San Isidro de este municipio, los guerrilleros entregaron a Luis Ignacio a Mauricio Rangel Cifuentes, también de las Farc, a las 5 o 6 de la tarde, según le contó este a la justicia. Exigían un millonario rescate, como se lo hicieron saber al día siguiente a la familia. En medio de su inexperiencia frente a esa situación, negociaron el rescate y acordaron un día para la entrega.

Hernán, responsable de llevar el dinero, viajó a Villeta acompañado por un yerno de su hermano, el viernes 3 de marzo de ese año, en una camioneta azul. Nació en Ubaté, Cundinamarca, pero hizo su vida en Bogotá, donde fue conductor y luego administrador de taxis.

Ese dinero se pagó, y volvimos a caer. Se llevó la plata, y a mi papá no lo soltaron nunca

Sus hijas cuentan la historia con el cansancio de quien lleva 18 años repitiéndola, sin recibir justicia a cambio. “Mi papá siguió las indicaciones de ellos, llegó hasta un punto donde le salió alias Marcela. Ella le anunció que mi tío ya salía y le dijo a mi papá que se bajara de la camioneta”, cuenta Liliana. Un rato después, Rangel liberó a Luis Ignacio, mientras ‘Marcela’ –su nombre es Marisol Cruz Dimate– se llevaba a Hernán. “Nos engañaron. Nos hicieron un cambiazo”, dice Liliana. Su tío tenía 67 años y problemas de salud; Hernán, su padre, tenía 72 años.

Rangel contó en sus testimonios a Justicia y Paz que, tras entregar a Luis Ignacio, se llevaron a Hernán a El Escritorio. Lo tenía el frente 22 del bloque Oriental de las Farc, que arreció en el norte de Cundinamarca con una estrategia de extorsión y secuestro para financiar al Comando Conjunto Central de esa guerrilla.

“Como a los ocho días llamaron a pedir más plata”. Las llamadas las contestaba cualquiera de los tres hermanos: Liliana, Amparo o Hernán hijo. “Uno nunca está preparado para eso”, dice Liliana. “A mí me llamaron varias veces. En junio pidieron más dinero para devolverlo. Ese dinero se pagó, y volvimos a caer. Se llevó la plata, y a mi papá no lo soltaron nunca”. Ese último pago se hizo el 7 de junio del 2000.

“Creemos que para esa época él ya estaba muerto”. Según Mauricio Rangel, quien les ha contado a Liliana y Amparo del secuestro de su papá, Hernán vivió dos o tres semanas más. “Y a nosotros –continúa Amparo–, a pesar de que él ya estaba muerto, nos volvieron a pedir plata”.

Un año después, otra llamada: les pedían mercado y medicamentos. “Nos amenazaron: si no pagábamos, ellos lo mandaban en una bolsa”. Amparo los retó. Les pidió una prueba de supervivencia, a lo que respondieron con más amenazas. El cansancio y los rumores de que a su papá lo habían matado la llevaron a perder el miedo. “Le dije: ‘¡Listo! ¡Mándemelo en una bolsa!’. Y tampoco lo mandó”.

Liliana Bustos, hija de exsecuestrado de las Farc

Este es el altar en la mesa de sala de a casa de Liliana Bustos. Siempre tiene flores frescas en el florero que acompaña a la Rosa Mística y a su padre.

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Mauricio León / EL TIEMPO

La búsqueda

Los indicios de que a Hernán lo habían matado los tuvieron por cuenta de Wílmar Antonio Marín Cano, alias Hugo, entonces jefe del frente 22. ‘Hugo’ fue capturado el 4 de agosto del 2000, en Bogotá, y enviado a La Picota. Antes de que se fugara de allí le respondió a un investigador, de manera informal, que sí lo habían matado. En diciembre de 2003, ‘Hugo’ volvió a caer. Sobre sus hombros pesaban 18 órdenes de captura en ese momento, la mayoría por secuestros.

“Amparo habló con ‘Hugo’ en Valledupar”, cuenta Liliana, y su hermana sigue el hilo: “Sí, hablé con ‘Hugo’, le pedí visita en la cárcel de máxima seguridad. Me dijo que no sabía, que iba a averiguar, pero nunca pasó nada". Ese encuentro, el primero de varios, fue entre 2003 y 2004.

De hecho, no fue de ‘Hugo’ de quien obtuvieron certeza, sino de Mauricio Rangel. En 2009 le reveló a Las voces del secuestro, de 'Caracol Radio', el paradero de los restos de varios secuestrados asesinados por el frente 22. Entre ellos, Hernán Bustos.

Cuando vuelvo al sitio, al señor lo habían enterrado, le habían echado la tierra encima, a unos seis u ocho metros del cambuche

“A él lo mata Wilson, porque él era el encargado de la comisión”, se lee en el testimonio de Rangel. “Cuando llego al lugar, lo encuentro ahí. Wilson y Uriel ya estaban haciendo el hueco, ordenados por Marisol, que era la encargada en esa área. (...) Le dije a ‘Marcela’ (Marisol) que por qué no lo sacaba a un sitio para que lo encontrara la familia, y dijo que la orden era enterrarlo ahí”. Rangel calló y obedeció. ““Don Hernán en ese momento tenía una cadenita de oro delgada, un reloj de pulso, una billetera, la cédula y otros papeles y 70 mil pesos en el bolsillo. Eso se lo entregué a Marisol. Cuando vuelvo al sitio, al señor lo habían enterrado, le habían echado la tierra encima, a unos seis u ocho metros del cambuche”, continúa su relato.

No obstante esas indicaciones, en dos visitas que han hecho la Unidad de Exhumaciones de la Fiscalía y la familia Bustos a El Escritorio, no han dado con el sitio exacto donde enterraron a Hernán. La última vez que estuvieron allí fue en 2010, cuenta Liliana, mientras muestra fotos de la visita. Después, aunque la Fiscalía ha citado a los responsables, estos no han acudido.

Wilson Carrillo Luna, el ‘Flaco’, y su tío, Uriel Luna Jiménez, ‘Grillo’, son señalados por Mauricio Rangel como culpables del asesinato. Fueron capturados en diciembre de 2012 y luego condenados por dos delitos de secuestro extorsivo, incluido el de Hernán.

Hace un año, el proceso de búsqueda y exhumación de Hernán Bustos está a cargo del fiscal Hugo Hernando Villalobos, quien cuenta que al principio mantuvo contacto con Carrillo y Luna. “Fui a entrevistarlos varias veces, y decían que sí colaboraban, pero que por orden del comandante iban a esperar”, cuenta. Esperaban aclarar primero su situación frente a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), surgida del acuerdo de paz entre Gobierno y Farc, y por eso no acudían a las citaciones.

La última vez que Villalobos habló con ellos fue el 23 de junio de 2017. Sin embargo, el fiscal perdió contacto con ellos en agosto pasado, cuando quedaron en libertad condicionada como gestores de paz del ahora partido político Farc. “La última dirección que dejaron en el Inpec es una vereda en Mesitas del Colegio, Cundinamarca, pero no especificaron en cuál. Dependemos de ellos porque son los que manifestaron conocer el sitio. No ha sido posible ubicarlos”, concluye el fiscal.

Además de Uriel y Wilson, ‘Marisol’ y ‘Hugo’ podrían tener información del paradero de los restos de Hernán. Ella fue capturada el 13 de mayo de 2000 y condenada por secuestro extorsivo y homicidio simple. Firmó acta de libertad el 7 de marzo de 2017. Y ‘Hugo’, también condenado por el secuestro de Hernán, entre otros crímenes, la firmó el 9 de marzo de 2017. Ambos, en el marco de la JEP. Ninguno ha sido amnistiado. Liliana les pide que le ayuden a encontrar, de una vez por todas, los restos de su padre.

Liliana Bustos, hija de exsecuestrado de las Farc

Sobre la mesa, los archivos que Liliana ha recopilado durante estos 18 años y que le han permitido documentar el caso de su padre.

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Mauricio León / EL TIEMPO

La paz y la justicia

“Cuando Francisco Santos salió del secuestro hubo una marcha, y mi papá se fue a caminar por su cuenta”, dice Liliana. Continúa Amparo: “Mi papá qué se iba a imaginar que después le tocaría a él”.

Aunque hay condenas por su secuestro, no las hay por su desaparición ni por su asesinato. Concuerdan en que la desaparición ha sido un delito invisibilizado y en que “hubo secuestrados de primera y de segunda. Uno se siente a un lado, olvidado”, dice Liliana.

Ellas creen que el proceso de paz fue “muy injusto con las víctimas de las Farc”. También afirman que pidieron a Humberto de la Calle y a Frank Pearl que la entrega de desaparecidos fuera un condicionante para la continuidad del proceso y que no permitieran que el secuestro fuera un delito conexo con los delitos políticos.

Las hermanas Bustos todavía van a los juzgados a preguntar qué se ha sabido, y aunque reconocen el trabajo de varios funcionarios judiciales que las han acompañado, son críticas con las instituciones: “Todo el mundo nos atendía, pero nadie nos daba ninguna solución. Ninguna entidad ha sido efectiva”.

Ahora están dispuestas a acudir a la JEP, pese a que, como explica el fiscal Villalobos, las diligencias de búsqueda y exhumación de los restos de Hernán siguen a su cargo, en la Fiscalía General. Asegura que no les han ordenado remitir sus casos a la justicia especial.

Liliana y Amparo le hacen dos peticiones a la justicia: que familias en su misma situación –casos como Enrique Márquez, Gerardo y Carmenza Angulo, quienes fueron asesinados, y Alexánder Bayona y Gerardo Alberto Arandia, de quienes no hay certeza de si están vivos– tengan alguna información y poder cerrar una herida que lleva 18 años abierta. “Dónde está, qué pasó, cómo fue, por qué lo mataron” son las preguntas que Liliana lanza al aire, sin encontrar todavía quién las responda.

JUAN DAVID LÓPEZ MORALES
Redactor de ELTIEMPO.COM
Twitter: @LopezJuanDa

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