Casi la mitad de las mujeres tras las rejas cayó por narcotráfico

Casi la mitad de las mujeres tras las rejas cayó por narcotráfico

Representan el 46 por ciento de internas, más del doble que los hombres. Crece número de detenidas.

Mujeres en cárceles

El encarcelamiento, dice el informe, margina aún más a mujeres que han cometido delitos de drogas ilícitas.

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Claudia Rubio / Archivo EL TIEMPO

04 de junio 2017 , 12:00 a.m.

En mayo del 2012, Sandra Contreras*, de 31 años, fue abordada en una calle de su barrio, en el sur de Bogotá, por un vecino que inmediatamente después de saludarla le propuso un negocio “fácil”: solo debía dejar un paquete en la dirección que él le indicara. Si el encargo llegaba a su destino, le pagaría 30.000 pesos. Sandra aceptó sin pensar. La muerte de su esposo, quien aportaba a la manutención de sus hijos, la puso en aprietos económicos que su trabajo como vendedora ambulante no le había permitido resolver.

Como la entrega del primer paquete fue exitosa, su vecino le encomendó cinco ‘vueltas’. En el momento menos pensado, y sin entender muy bien en qué consistía el negocio, Sandra empezó a participar de los eslabones más bajos del mercado de las drogas, tal y como lo hacen muchas de las mujeres que caen en estas redes.

La mayoría de ellas, sin conocer el funcionamiento de las organizaciones delictivas, sin tener vínculo con sus cabezas ni incurrir en delitos violentos, y cumpliendo tareas que, aunque son de bajo rango, las hace más susceptibles de ser capturadas, encarceladas o procesadas. La historia de Sandra refleja un fenómeno creciente en el país: la captura y encarcelamiento de mujeres por delitos relacionados con drogas ilícitas.

De hecho, el informe ‘Mujeres, políticas de drogas y encarcelamiento’, del centro de estudios jurídicos y sociales Dejusticia, analiza esta situación y revela cifras alarmantes: cinco de cada diez reclusas están en prisión debido a crímenes relacionados con drogas.

Según el estudio, la población femenina en las cárceles ha crecido más aceleradamente que la masculina. Además, frente al total de mujeres en prisión, cada vez son más las reclusas por delitos de drogas.

Entre 2000 y 2015 el número de mujeres privadas de la libertad por participar de redes de narcotráfico se incrementó de 1.230 a 3.871. De acuerdo con los investigadores, este aumento se explica por dos razones: las condiciones de vulnerabilidad y pobreza a las que están expuestas las mujeres cabeza de familia y la alta selectividad y eficiencia de las autoridades al momento de judicializar a las mujeres que participan en estos delitos.

En 2015 –año de referencia del estudio–, el Instituto Nacional Penitenciario y Carcelario (Inpec) reportó un total de 8.351 mujeres encarceladas, de las cuales 3.871, es decir, el 46 por ciento, estaban sindicadas o condenadas por tráfico, fabricación o porte de estupefacientes.

De acuerdo con Felipe Cruz, uno de los investigadores del informe, estas mujeres tienen un perfil social específico: en su mayoría son madres cabeza de hogar que, debido a su escasa formación escolar, no han logrado vincularse al sistema laboral en buenas condiciones y que encuentran en el mercado de las drogas una oportunidad para satisfacer sus necesidades básicas y la de las personas que tienen a cargo.

“No negamos que existen hombres con este perfil social, pero tampoco negamos que, debido al rol que se les ha asignado socialmente, son principalmente las mujeres las que asumen la tarea de cuidar y sostener a sus familias. Esa situación, sumada a la pobreza, no solo las hace más susceptibles de vincularse a las redes de narcotráfico, sino que hace de su paso por la cárcel una experiencia totalmente distinta a la de los reclusos”, explica Cruz.

Las cifras del Inpec respaldan su argumento: del total de mujeres que ingresaron a las cárceles por delitos relacionados con drogas entre 2010 y 2015, el 93,4 por ciento tienen hijos, el 52,81 por ciento son madres cabeza de hogar y el 74 por ciento no han podido concluir el bachillerato. Estas condiciones las ubican en la mira de las organizaciones narcotraficantes, que las cooptan para realizar actividades de baja remuneración, pero de alto riesgo, en las que, si son capturadas, pueden ser rápidamente reemplazadas.

Estas mujeres son capturadas con mucha más facilidad que las cabezas de las organizaciones porque, según los investigadores, el sistema penal y las políticas de drogas han concentrado sus esfuerzos en perseguir los delitos menores y no a las grandes cabezas del narcotráfico. El modelo punitivo de “guerra contra las drogas”, dice el informe, “se ha concentrado en criminalizar, penalizar y encarcelar a los eslabones débiles del mercado de las drogas. Es decir, a aquellas personas cuya relación con el negocio es marginal”.

El lugar que las mujeres ocupan en las redes de narcotráfico generalmente es marginal. Una vez coptadas son utilizadas como correos humanos, microtraficantes, cultivadoras de plantas ilícitas, operarias del procesamiento, empaque y transporte a pequeña escala de estupefacientes y como consumidoras.

Cruz asegura que la vulnerabilidad social de las mujeres que comenten delitos de drogas se refuerza de manera drástica en el momento en que son encarceladas. “La cárcel, lejos de contribuir a resolver su situación de marginación, profundiza las vulnerabilidades de las mujeres y de sus familias”. Por eso, Dejusticia cree que es urgente buscar alternativas distintas al encarcelamiento para casos como el de Sandra.

De hecho, los investigadores piensan que es necesario poner en práctica el punto 4 del Acuerdo Final firmado entre el Gobierno Nacional y las Farc, según el cual se deberían tramitar cambios legislativos para otorgar beneficios tanto a los pequeños agricultores involucrados con cultivos ilícitos como a mujeres en condición de pobreza que hayan sido condenadas por delitos menores o no violentos, población que, actualmente, representa el 84,16 por ciento de las detenidas.

Aunque ya existen iniciativas para solucionar este problema, la Fiscalía ha expresado su temor frente a que se les otorgue estos beneficios, porque cree que las mujeres pueden ser utilizadas nuevamente para seguir cometiendo crímenes relacionados con drogas.

* Nombre cambiado para proteger la identidad de la fuente.

MARÍA LUNA MENDOZA
Redacción Domingo

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