Más de $ 3,5 billones, el botín anual de las redes dedicadas al hurto

Más de $ 3,5 billones, el botín anual de las redes dedicadas al hurto

Más de 56.000 personas han sido víctimas de atracos y 'cosquilleos'.

Capturados Villavicencio

Capturados Villavicencio

Foto:

Hernando Herrera / CEET

10 de junio 2018 , 02:54 p.m.

Detrás de los al menos 388 atracos y robos que se denuncian a diario en el país, y los centenares que se quedan en la sombra y en la impunidad, se mueve una mafia millonaria que, además, es responsable de al menos uno de cada diez de los asesinatos que ocurren cada año en Colombia.

Mientras los delitos más graves –como el asesinato y el secuestro– completan casi dos décadas de tendencia a la baja (en homicidio hay un repunte este año, explicado por la guerra por los cultivos de coca y los narcolaboratorios), el hurto en todas sus modalidades sigue siendo el indicador en rojo para las autoridades encargadas de la seguridad de los ciudadanos.

El último corte de cuentas de la Fiscalía, conocido por EL TIEMPO, revela que entre el 1.° de enero y el 30 de mayo hubo 171.621 denuncias, casi 35.000 más que en el mismo lapso de 2016. El aumento es de un 25 por ciento en general, y ese delito en todas sus formas es de lejos el que más aflige a los colombianos.

En cinco meses, la Fiscalía empezó a investigar los casos de más de 56.000 personas que fueron víctimas de atracos y de ‘cosquilleo’; de por lo menos 4.000 bicicletas (las denuncias se incrementaron un 65 por ciento frente al 2017) y 748 casos de ‘fleteo’, que es la modalidad de atraco que más muertes y lesiones deja en sus víctimas.
Ese crimen ha aumentado un 26 por ciento frente al año pasado y las autoridades señalan que en promedio el monto de cada caso llega a los tres millones de pesos.

Hay alerta porque regiones como Arauca reportan incrementos de hasta el 50 por ciento en los casos. Y en la lista de ciudades que van perdiendo el año frente a los ladrones están prácticamente todas las capitales, empezando por Bogotá, en donde el hurto se incrementó en todas sus modalidades.

Las ganancias de las bandas que se dedican a esas actividades y las de los mercados de lo hurtado explican su propagación. Las estadísticas de los sectores más afectados y las proyecciones de las autoridades apuntan a que la mafia de lo robado en Colombia está moviendo cada año unos 3,5 billones de pesos, más de lo que gastará este año el país para asegurar su tránsito al posconflicto tras la firma de la paz con las Farc.

¿De dónde salen esas cifras? Reporteros de este diario hablaron con los gremios, con las autoridades que reciben las denuncias de los ciudadanos y también con fuentes que se mueven en el mundo de lo robado.

De lejos, las ganancias de las bandas dedicadas al robo de autopartes y a revender en el país piezas hurtadas en otros países son las más jugosas. Asopartes, el gremio del sector, calcula que en Colombia hay un mercado ilegal de al menos 680 millones de dólares (cerca de 2 billones de pesos).

Ese mercado tiene dos grandes fuentes: por un lado, centenares de contenedores que ingresan irregularmente al país con carros robados y desguazados en Estados Unidos y algunos países europeos, pero también en la región.

Los ladrones que aprovechan los trancones para desguazar los carros de sus víctimas y las bandas que rondan por los barrios para llevarse llantas, espejos y unidades electrónicas son la otra entrada. Y al final los elementos terminan en manos de compradores sin escrúpulos en las ‘playas’ de cualquiera de las capitales del país.
Las ganancias de las organizaciones dedicadas al robo de los carros que no son desguazados sino que terminan con papeles falseados o incluso fuera del país se calculan en al menos 500.000 millones de pesos, según Asopartes.

El año pasado los carros robados fueron 10.856, un promedio de 30 diarios. En los primeros cinco meses de 2018 se contaban 3.749 (52 menos que los del 2017).

Lo más grave es que, en promedio, los carros asegurados en el país no llegan al 30 por ciento. Eso significa que la pérdida en la mayoría de los casos la tienen que asumir los ciudadanos.

La otra millonaria fuente de ingresos para las bandas dedicadas al robo en Colombia son los teléfonos celulares. Ese hurto es el más cometido en el país y también el de mayor subregistro. Así, mientras la Fiscalía recibió en todo el año pasado 54.559 denuncias (van 32.000 este año), la Asociación de la Industria Móvil de Colombia, Asomóvil, reportó 1,2 millones de aparatos hurtados.

El impacto es de al menos 600.000 millones de pesos, pero ese cálculo no mide las ganancias por los equipos, usualmente los de más alta gama, que terminan en el extranjero para lograr hacerles el quite a los bloqueos implementados por las autoridades.

Otra modalidad de robo que está cuantificada es la que afecta a los comerciantes, especialmente a las grandes superficies. Según cifras de 2016 de la Federación Nacional de Comerciantes, Fenalco, esas actividades dejaron al sector pérdidas por 226.000 millones. En esa estadística aparece que los hurtos cometidos por empleados llegaron a los 117.000 millones de pesos, mientras que robos por 97.000 millones fueron cometidos por clientes (la mayoría bajo la modalidad de ‘hormigueo’).

Las bajas penas y, sobre todo, la laxitud de algunos operadores judiciales a la hora de procesar a los detenidos por estos robos explican por qué son tan frecuentes.
De hecho, en la lista de los delincuentes recurrentes aparece una mujer, Carmen Alicia Chavarro, de 40 años, quien fue capturada en febrero de este año hurtando productos de aseo personal. Desde el 2011 ella suma 43 capturas en flagrancia por actos similares.

Atracos, zona gris

Sobre el impacto económico de lo que las autoridades llaman ‘hurto a personas’ no hay estadísticas consolidadas. En promedio, dicen fuentes judiciales y policiales, la afectación económica por víctima podría rondar los 70.000 pesos, si es que lo que le robaron no es el teléfono celular.

Así, cortando por lo bajo, algunas autoridades calculan en al menos 10.000 millones lo que se mueve en esa modalidad criminal.

En promedio, dicen los expertos, los ladrones revenden los objetos por un 40 por ciento de su valor o menos a reducidores que usan como fachadas prenderías y negocios similares.

El hurto de las viviendas es otra de las modalidades que afecta directamente la economía del núcleo familiar. El año pasado ante la Fiscalía se interpusieron 36.995 denuncias en todo el país.

Eso implica que al día fueron violentadas al menos 102 casas, apartamentos o habitaciones. Televisores, computadores y joyas son los bienes que más se llevan, pero por supuesto eso depende del perfil de las víctimas.

Así, por ejemplo, muchas bandas se llevan también corbatas, zapatos y vestidos, además del botín tradicional. Los cálculos ponen en unos 184.000 millones de pesos el monto de los robos en viviendas.

Este año –reporta la empresa Alto Colombia, experta en la prevención y pérdidas patrimoniales– está disparado el robo de televisores, probablemente porque el Mundial de fútbol suele dinamizar el mercado de esos electrodomésticos cada cuatro años.

Al día se están reportando entre 5 y 10 casos. El valor de lo hurtado oscila entre 500.000 y cinco millones de pesos.

Robos por encargo, en el ‘portafolio’ de bandas criminales

Además de las millonarias ganancias que quedan en las manos de los delincuentes, la cultura de comprar artículos robados es un poderoso motor de los robos en el país.

De hecho, por primera vez la justicia colombiana está persiguiendo, bajo cargos de receptación, a quienes son sorprendidos con repuestos robados. Esa estrategia está amarrada a la persecución contra las personas y locales que comercian con ese tipo de elementos. Las ‘playas’ de Bogotá y Medellín son las más reconocidas del país.

Apenas hace un par de meses, las autoridades desplegaron operativos en sectores como La Paz y La Bayadera, en la capital antioqueña, y lograron capturar a 30 personas e incautar 30 motocicletas, 1.839 autopartes y motopartes, todas hurtadas.
Aunque no todos los robos de autopartes los cometen bandas organizadas, lo que sí es un hecho es que la comercialización termina en casi todos los casos en las mismas redes criminales.

Así, las piezas que son hurtadas usualmente por habitantes de calle en los trancones de cualquier ciudad terminan en manos de los mismos reducidores a través de un macabro trueque que implica el pago de lo robado por una suma mínima que incluye dosis de marihuana y basuco.

En grandes centros criminales, como el desmantelado ‘Bronx’ de Bogotá, les pagaban con fichas de máquinas tragamonedas: más de 500 de esos aparatos fueron descubiertos en ese sector, de modo que la mayoría de las veces los dueños de las ollas lograban quedarse con las autopartes casi sin pagar por ellas.

Las ‘playas’ no solo operan como expendio de lo robado. Muchas veces aparecen ‘clientes’ que piden una pieza específica. Por eso, algunos robos se cometen de la manera difícil: por ejemplo, los ladrones no se llevan el espejo que está hacia el lado de la calle sino el del lado contrario, el que está en la visual de los dueños del carro.
En prenderías, locales comerciales, puestos callejeros y hasta en centros de reciclaje e incluso en el mercado negro en el exterior (como en el caso de los celulares de alta gama) se termina comercializando el producto del lucrativo negocio del hurto.

Las mercancías pasan de mano en mano, del atracador al intermediario, el mayorista y de nuevo al mercado, en donde un elemento robado puede conseguirse por debajo de la mitad de su valor real.

En el negocio de lo robado se han establecido sofisticadas redes criminales que solo dan golpes en zonas en las que el hurto dejaría utilidades millonarias. Es el caso de la red ‘los Balseros’, desmantelada por las autoridades e integrada por nueve personas, entre ellas un funcionario del CTI de la Fiscalía. La banda es señalada de ser la responsable de por lo menos una docena de hurtos a lujosas residencias en Cundinamarca.

En esa misma categoría están los doce capturados, entre ellos varios policías, señalados de asaltar en el 2016 el apartamento blindado del entonces vicefiscal general, Jorge Fernando Perdomo.

Esas bandas, dice una fuente que se mueve en lo ilegal, se diferencian de otros ladrones en que dan los golpes no por oportunidad –una ventana abierta, una persona ebria–, sino por “trabajo de inteligencia”.

La misma fuente dice que por semanas enteras se dedican a vigilar las casas de sus potenciales víctimas y que suelen aprovechar espacios como los supermercados o parques para abordar a personal de servicio y tratar de lograr información o ganarse su confianza.

Las joyas usualmente se llevan con un comprador que las pone luego de un tiempo en el mercado a través de una ‘peña’ (una casa de empeño). Pero cuando no se puede, se llevan al centro y se venden para fundir por gramo oro, a 90.000 pesos”, asegura. El hombre afirma que un golpe promedio deja unos 25 millones de pesos para distribuir entre todos los integrantes de la organización.

Otra fuente que se dedica al robo de relojes de lujo en atracos que suelen durar menos de un minuto, asegura que “hay gente que va a los sanandresitos a encargar relojes tipo Rolex y que paga 8 millones de pesos por vuelta”.

Esos robos por encargo se desencadenan una vez se ha detectado quién tiene lo que necesita el cliente.
Tan solo en Bogotá las autoridades están tras la pista de un hombre que tiene, a nombre de varios testaferros, unas 15 compraventas por las que desfilan cada mes decenas de elementos robados en la capital del país.

JUSTICIA
En Twitter: @JusticiaET

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