Cada día 8 personas mueren por heridas de cuchillo en el país

Cada día 8 personas mueren por heridas de cuchillo en el país

Siete de cada diez asesinatos con arma blanca ocurren en medio de peleas y discusiones.

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Mientras en todo el país avanza la restricción al porte de armas de fuego, la legislación sigue siendo laxa a la hora de perseguir las armas blancas.

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Óscar Berrocal / EL TIEMPO

01 de noviembre 2016 , 11:29 a.m.

Una fiesta familiar en un salón comunal de la zona de Fontibón, en el occidente de Bogotá, el pasado julio, terminó en tragedia. Un grupo de muchachos intentó entrar a la fuerza y en medio de la pelea, uno de los dueños de la celebración, de apenas 17 años, terminó matando a un joven de 21 con un cuchillo. Hoy espera al menos 8 años de prisión por homicidio.

En Medellín, Orlando Arbey Pérez, de 65 años, resultó muerto por una herida con arma cortopunzante que le asestó Hernán de Jesús Chavarría, de 51 años. Según la investigación adelantada por la Fiscalía, los dos hombres se enfrascaron en una discusión por un canon de arriendo no pagado.

Este año, en Colombia se cuentan 2.331 asesinatos cometidos con arma blanca. La escalofriante cifra lo es aún más si se tiene en cuenta que, según las averiguaciones preliminares de Fiscalía y Policía, al menos siete de cada diez casos ocurrieron en medio de peleas y discusiones. Es decir, el móvil del crimen es la intolerancia, incluso en el número total de muertes.

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muertes con arma blanca en colombia

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Por supuesto, la delincuencia común también pesa de manera definitiva en este tipo de violencia.

Este año se cuentan al menos 122 asesinatos cometidos en medio de atracos (cifra que los expertos consideran demasiado baja frente a lo que se vive en las calles), casi siempre por heridas en el tórax y el abdomen, cuando la víctima se resiste al robo, y en la espalda, cuando intenta huir sin suerte.

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Precisamente en un atraco murió el profesor Melbin Pérez Celys en agosto, cuando persiguía al ladrón que minutos antes les había robado a él y a su novia sus celulares. Una herida mortal en el pecho acabó con su vida.

Mientras en todo el país avanza la restricción al porte de armas de fuego, que son las empleadas en ocho de cada diez asesinatos, la legislación sigue siendo laxa a la hora de perseguir las armas blancas, las cuales son la causa de lesión personal más frecuente en el país.

En este momento, lo máximo que puede hacer un policía cuando sorprende a alguien portando un cuchillo o una navaja, incluso en lugares públicos o en el sistema masivo de transporte, es decomisar el objeto y, como sanción, llevarlo a una Unidad de Reacción Inmediata (URI) para hacerle una anotación. Esto, incluso cuando se trata de personas con antecedentes penales graves.

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Venta controlada

Diversas iniciativas para endurecer las condiciones que permitan el porte justificado han naufragado en el Congreso, pues no ha habido manera de lograr que los derechos de personas de bien que trabajan con cuchillos y suelen portarlos (por ejemplo, cocineros y estudiantes de gastronomía e ingeniería de alimentos) se vean afectados por eventuales restricciones. “No se trata de restringir por restringir –dice Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos, Cerac– sino de hacer más efectivos los controles. Por ejemplo, de controlar la venta y prohibir cierto tipo de arma blanca, como los que retraen sus hojas” (tipo navajas automáticas).

En países de Europa, la venta se hace en lugares controlados y es necesaria la presentación de documentos que acrediten, por ejemplo, el domicilio de comprador. En Inglaterra, el porte simplemente está prohibido.

Daniel Mejía, secretario de Seguridad de Bogotá, dice que restricciones al porte de armas como los puñales serían muy efectivas para prevenir la violencia, pero anota que se requiere también de intensas campañas de cultura ciudadana y mayores y mejores políticas de control.

“El puñal no debería ser un objeto que cargue absolutamente nadie en una ciudad. El monopolio de la fuerza debe estar en manos del Estado”, afirma el secretario de Seguridad.

Bogotá, donde los controles al porte de armas de fuego son muy efectivos –al punto de que a pesar de tener dos o tres veces la población de Cali y Medellín, históricamente el número de homicidios ha sido menor–, muestra cifras en rojo en lo que toca a la violencia con armas cortopunzantes. En la capital van 420 muertos y 1.714 heridos, lo que sitúa en la ciudad al menos uno de cada diez casos de violencia con estas armas. (Además: Riñas en Bogotá dejan más de 50 lesionados diarios)

Tan solo en Bogotá, en los diez meses que van del año, han sido incautadas 278.427 armas blancas, es decir, casi mil diarias. Y a nivel nacional la cifra es todavía más aterradora: van 1’031.259, un 7 % más que en 2015 (975.682). La mayoría de ese millón largo de personas, salvo las que tenían orden de captura al momento de hallárseles el cuchillo, volvieron a las calles a las pocas horas.

‘En casos, concretos, porte debía ser delito’: Policía

El director de Seguridad Ciudadana de la Policía, general Jorge Rodríguez Peralta, dice que el nuevo Código de Policía ayudará a controlar el problema de los cuchillos, pero se declara partidario de aplicar sanciones, incluso penales, en algunos casos de porte.

A partir de enero, cuando entre en vigencia el código, el porte de armas blancas será considerado un “comportamiento contrario a la convivencia” que podrá ser sancionado con multa de 95.000 pesos y la asistencia obligatoria a un curso pedagógico.

La sanción suena blanda, sobre todo si se tiene en cuenta que en lo corrido del año al menos 622 personas quedaron heridas de gravedad por ataques con ese tipo de armas.

Por eso, el general Rodríguez Peralta dice que, dependiendo del contexto del hallazgo del arma, se debía pensar también en un escenario penal: “Es diferente cuando un campesino porta su machete, porque es costumbre o porque hace parte de sus elementos de trabajo. Pero alguien que lleva un puñal en un sitio de diversión o un sitio público no puede pretender que ese es su elemento de trabajo, sino que se puede presumir válidamente que tiene la intención de causar daño. Eso debería ser punible”.

Juan Carlos Forero, decano de Jurisprudencia de El Rosario, considera que en todo caso “se salvan más vidas con una redada de la Policía en búsqueda de armas blancas que poniendo a una persona en la cárcel”. Forero se declara a favor de una reglamentación frente a la tenencia de armas blancas, pero cree que esto se puede hacer con facultades de Policía y no a través de legislación.

El exfiscal Guillermo Mendoza Diago coincide en que tipificar el porte sería demasiado complejo y podría dar lugar a injusticias, pero señala también que podrían aplicarse mayores controles a través de Código de Policía.

Marco Forero, coronel retirado y experto en seguridad ciudadana, sostiene en cambio que la prohibición debería ser total en las zonas urbanas. “Esto ayudaría a mejorar la seguridad, que es lo que la gente está clamando en las ciudades”, dice el oficial.Justicia@eltiempo.com

JUSTICIA

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