El enigma tras la muerte de una modelo caleña en México

El enigma tras la muerte de una modelo caleña en México

Autoridades dicen que Stephanie Magón se lanzó de una azotea. Forenses revelaron signos de tortura.

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Stephanie Magón Ramírez era modelo comercial en Cali.

Foto:

Archivo particular

07 de agosto 2016 , 07:35 a.m.

Stephanie Magón Ramírez se quitó por su propia cuenta el frenillo de la boca para mejorar su amplia sonrisa. También hizo todo lo posible por rebajar cinco kilos de los 55 que pesaba.

‘Nany’, como sus amigos de más confianza llamaban a la caleña, de 23 años, soñaba con pasar un concurrido ‘casting’ en Cali, para obtener un contrato en la agencia de modelos mexicana New Icon Model Management. Y ese sueño, que se convertiría en pesadilla, empezó cuando le informaron que había ganado y que se iba a la capital mexicana con el tiquete y los costos del viaje pagados.

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La agencia se encargó de los trámites de la visa de trabajo en el país azteca, donde la muerte la sorprendió en la madrugada del sábado 30 de julio, dejando más de una duda sobre cómo su cuerpo terminó desnudo, con golpes en el rostro, desprendimiento de dientes y costillas rotas.

El cadáver resultó tendido a más de cinco metros del edificio en el que vivía, en plena vía de tránsito, en el cruce entre las calles Miami y Arizona. Allí residía en un cuarto de la azotea que había sido su casa durante los 15 días previos a su muerte.

En dicho edificio, según nuevas versiones de la Procuraduría General de Justicia de Ciudad de México (PGJMX), habría ocurrido una “precipitación” o lanzamiento con impulso. Sin embargo, antes de esta tesis, el informe del Instituto Nacional de Ciencias Forenses (Incifo) había reportado que el cuerpo, que fue hallado en posición fetal, presentaba signos de tortura, haciendo sospechar que quizá pudo ser víctima de un ataque violento. No obstante, esta versión fue negada y rectificada al cabo de unas horas. La PGJMX oficializó enseguida que no había evidencia de huellas de lucha, defensa, forcejeo o sometimiento y que los golpes y fracturas correspondían con el impacto de la caída.

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La noche del viernes 29 de julio, Magón salió de su casa rumbo a un establecimiento de eventos privados conocido como Foro Normandía, en el centro de Ciudad de México. Estuvo con dos amigos, un hombre y una mujer. Ellos cuentan que al regresar del baño, ella resultó mareada y comenzó a mostrar ganas de quitarse la ropa.

Se marcharon juntos a las 2 a. m., sospechando que Stephanie había sido drogada por alguien en el bar y la dejaron en su edificio para que descansara.

A pesar de esta sospecha, los exámenes forenses no hallaron droga ni alcohol en su cuerpo, aunque la Procuraduría practica nuevos exámenes en busca de rastros de alguna sustancia sintética que eventualmente pudiera explicar su extraño comportamiento.

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La amiga que la acompañaba dice que Stephanie “no era una niña que se drogara con otra cosa que no fuera marihuana. No tengo ni la menor duda: la drogaron con algo muy fuerte”.

El sueño mexicano

Antes de viajar, Stephanie estaba emocionada, y sus amigos y compañeros de la agencia de modelos caleña M&P también le auguraban éxitos en lo que quedaba de este año y quizás en el 2017. Si todo salía bien podía extender su estadía en Ciudad de México trabajando como modelo de protocolo, es decir, representando la marca de algún producto en el mercado.

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Allegados a Stephanie, de ojos verdes y expresivos, comentaron que la veían muy ilusionada y con potencial. Es así como en la agencia creían en su talento y le ayudaban al permitirle pagar menos por cada curso de etiqueta, glamur y modelaje.

Su familia reside en una vivienda popular del barrio La Primavera, en el oriente de la ciudad. Allí compartía un hogar con su esposo Anthony, un DJ de música electrónica, y con su hijo de 4 años. Vivía, además, pendiente de su abuelo materno, Manuel Ramírez, pero, en especial, de su mamá, Magaly Ramírez, quien desde hace tres años quedó con el dolor y el trauma psicológico que aún intenta superar con tratamiento médico por el asesinato de su otro hijo.

A comienzos de año obtuvo el contrato para ir a México; sus amigos de la agencia M&P le organizaron una gran despedida. “Sabíamos que iba a triunfar y que se le abrirían las puertas”, aseguró un amigo que la describió como “una mujer dulce, amorosa mamá, buena amiga, respetuosa y cariñosa”.

La ilusión por brillar en el mundo del modelaje la había motivado a varios cambios. Se tiñó el pelo de rubio porque también quería ser presentadora de televisión y creía que el look le favorecía. Este año había retomado sus estudios en el Instituto Nacional de Telecomunicaciones (Instel), donde solo le faltaba cursar un diplomado para graduarse. Ese diplomado, según el director de Instel, Aleissy Lasso, podía hacerlo a distancia para que no fuera a interrumpir su contrato en el exterior.

Por sus 1,68 metros de estatura, Stephanie era modelo comercial en Cali y no de pasarela o de alta costura. Para ello debía tener mínimo 1,75 metros. Pero su cara era tan impactante que la hacía sobresalir, cuentan en la agencia M&P. La noticia de un futuro en México la había llenado de fuerza y ganas de trabajar, por lo que, para quienes la conocían, la hipótesis de un suicidio resulta muy difícil de aceptar y esperan nuevas explicaciones.

Dudas por la posición del cuerpo

De acuerdo con una de las residentes del edificio, Stephanie Magó en sí no vivía en un apartamento, “sino en la azotea, en uno de los cuartos que desde hace tres años fueron adaptados para viviendas individuales”.

El inmueble no está resguardado. Los vecinos entran y salen sin impedimento. “Yo no creo que se lanzara: una persona que se avienta no cae tan lejos y en posición fetal”, sentenció.

No obstante, otra de las vecinas asegura: “Eran como las 6 de la mañana, yo estaba preparando mis cosas para salir de viaje, entonces escuché como cuando explota un tanque de gas; pensé que había caído algo al carro de mi mamá, pero no. Cuál fue mi sorpresa cuando vi que era una persona tendida en el asfalto. De inmediato llamé al número de emergencias”.

El caso de Magó no ha sido el único de una modelo colombiana muerta en México. El año pasado, Mile Virginia de 31 años, fue hallada sin vida, semidesnuda, y con signos de violencia sexual, en un caso que aún no está resuelto. Y en el 2012, la cantante colombiana Diana Alejandra Pulido murió después de caer de un séptimo piso en otro caso sin conclusiones definitivas.

EL TIEMPO

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