La viuda que reclama Caquetania, la finca de 'Tirofijo'

La viuda que reclama Caquetania, la finca de 'Tirofijo'

Con un título del Incora, Nancy Hinestroza asegura que las 1.573 hectáreas del predio son suyas.

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María Nancy Hinestroza asegura que tiene documentos y testimonios para probar que es la dueña de la emblemática finca Caquetania.

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Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

18 de septiembre 2016 , 06:43 p.m.

Caquetania es la finca más famosa de los llanos del Yarí, en Caquetá. En expedientes de la Fiscalía figura como una de las siete grandes propiedades de ‘Manuel Marulanda Vélez’, ‘Tirofijo’, fundador de las Farc.

Son 1.573 hectáreas de las mejores tierras, las cuales han servido como campamento guerrillero, base del Ejército y hasta para los encuentros entre las Farc y el gobierno Pastrana durante el fallido proceso de paz.

(Además: Caquetania, la famosa finca de 'Tirofijo')

La hacienda tiene pista de aterrizaje, helipuerto, cancha de fútbol, potreros para el levante de ganado y un proceso de extinción de dominio que busca que la tierra sea adjudicada a campesinos víctimas de la violencia.

Pero ahora apareció María Nancy Hinestroza Guzmán, viuda de un antiguo dueño de la hacienda, quien asegura ser la verdadera dueña de Caquetania.

Además de títulos de propiedad, de pagos de impuestos y de una resolución de adjudicación del viejo Incora, la viuda tiene en su poder la declaración de varios testigos que dan fe de que ella es la propietaria. Además, dice que tuvo que huir de la región luego de que la guerrilla mató a su esposo tras acusarlo de ser informante del Ejército.

EL TIEMPO estableció que uno de esos testigos es el coronel (r) del Ejército César de la Cruz Páez, comandante del Batallón Cazadores en San Vicente del Caguán cuando la Fuerza Pública retomó el control de la antigua zona de distensión.

Me consta que Nancy Hinestroza es la dueña de la finca. Ella, como la mayoría de habitantes en la antigua zona de distensión, es una víctima de las Farc. Lo evidencié cuando fui comandante militar de la zona, hace ya 14 años”, aseguró De la Cruz.

La declaración del oficial (r) será pieza fundamental dentro de la investigación que adelanta la Fiscalía, que hace tres años incautó varias propiedades que se les atribuyen a las Farc o a sus testaferros, entre ellas la emblemática Caquetania.

(También: Gobierno recuperó los míticos predios de 'Tirofijo')

“La hacienda aparece en múltiples documentos dentro de los inventarios de las Farc, como consta en el denominado Plan Yarí y en los documentos entregados por la testigo Máyer Cande al momento de su desmovilización, información que es corroborada por la mayoría de testigos que la señalan con el simple nombre de Caquetania o la ‘pista de Caquetania’ ”, dice un informe de la Unidad de Extinción de la Fiscalía del 20 de mayo del 2013.

En efecto, hasta el llamado carcelero de las Farc, Elí Mejía, alias Martín Sombra, habló de ese predio en sus declaraciones a la justicia. Según dijo, una familia llegó a esa tierra cuando eran baldíos, en los 80, y supuestamente la cabeza era un paramilitar que fue asesinado por guerrilleros y cuya esposa era conocida como Nancy.

En el mismo expediente también aparece el testimonio de Humberto Trujillo Pimentel, un supuesto testaferro de las Farc: “La finca Caquetania, eso es de Nancy o del finado Augusto, que eran los dueños. Esa finca la recogieron las Farc luego de que mataron a Augusto y dejó a la esposa administrando. El marido de ella era mafioso. Para mí es un caso raro, pero de todas formas ella maneja esa finca y los ganados. Le hicimos entrega con ‘Dúmar’ de 360 reses, y ahí es donde está el pozo de petróleo, por eso las Farc la cogieron”, dijo. Tras largos años de silencio, Nancy accedió a relatarle a EL TIEMPO su versión.

“Siempre he querido decirle al Gobierno, a las Farc y a todo el mundo que Caquetania es mía. Que allá se reunieron Pastrana y ‘Marulanda’, que allá han instalado bases militares, que han usado la pista de aterrizaje, pero que nadie me ha pedido permiso”, dice la mujer, de 56 años.

Narra que su esposo, Augusto César Oyuela Rojas, llegó al Yarí a finales de la década de los 70 y que en 1982 adquirió la finca tras negociarla con unos colonos.

“Se le compró a la señora Mau de Falla y enseguida realizamos posesión. La finca tenía un aeropuerto, inscrito en la Aeronáutica, y a este llegaba la aerolínea Satena prestando el servicio a la comunidad. Empezamos a sembrar maíz, yuca, plátano y a criar ganado. Con eso sosteníamos a nuestra familia. En esa época, para pagar los impuestos, se utilizaba un título de mejoras”, relata.

Alias el ‘Mexicano’

Y dice que en el tiempo en el que llegó a la zona no había ni grupos armados ilegales ni presencia del Estado. Pero que en 1984 todo empezó a cambiar.

“Llegaron los primeros guerrilleros y comenzaron a cobrar ‘vacunas’. Después llegaron paramilitares de (Gonzalo) Rodríguez Gacha, el ‘Mexicano’, y tanto ellos como la guerrilla citaban a reuniones con el fin de explicarle a la comunidad acerca de sus reglas y órdenes, las cuales se debían cumplir para poder estar en la región. Por esta situación quedamos en medio de dos fuerzas armadas al margen de la ley y sin la protección del Estado”, asegura Nancy.

La mujer, que ha vivido varios años escondida, señala que en 1995 su vida dio un giro dramático. Su esposo fue asesinado, junto con otro hacendado.

La guerrilla empezó a tildar a mi esposo de paramilitar porque, según ellos, le pasaba información al Ejército. El comandante que estaba a cargo de la columna Teófilo Forero citó a mi esposo y a Arnulfo Amaya con la disculpa de que tenían que revisar los arreglos de una vía”, dice Nancy.

La reunión fue a mediados de febrero de 1995 en el caserío La Sombra. La citación la hizo alias Kabir, segundo al mando de la columna Teófilo Forero. Se trata del mismo hombre que, según versiones en el Caguán, en el 2000 se fugó con tres millones de dólares. Luego, en el 2004, apareció en Bogotá buscando reinsertarse.

Nancy cuenta que su esposo y Amaya fueron enjuiciados, torturados y asesinados. Sus cuerpos aparecieron en un potrero cerca de Cartagena del Chairá, el 24 de febrero de 1995, según consta en el acta de levantamiento. Entonces, ella tomó las riendas de Caquetania y de otra finca llamada Villa Mónica: “Allí tenía producción de leche y prestaba el servicio de báscula y cargue de camiones para la salida de ganado para toda la región”.

Cuando Andrés Pastrana anunció los diálogos de paz con las Farc y reveló fotos de la reunión secreta con ‘Tirofijo’ –imágenes en las que también aparecen Víctor G. Ricardo y el ‘Mono Jojoy’–, Nancy identificó el lugar en el que se llevó a cabo la reunión.

“Sin mi autorización, el Gobierno y la guerrilla usaron el aeropuerto de la finca para sus conversaciones de paz. La gente pensó que, como de allí salieron estos jefes de las Farc, o vivían en mi finca o eran los dueños. Pero fue sin mi permiso”, sostiene.

De hecho, en los tiempos de la zona de distensión, el Estado le adjudicó las 1.455 hectáreas de Caquetania a Nancy Hinestroza, según consta en la resolución del Incora número 733 del 29 de diciembre del 2000.

También por ese tiempo dice haber tenido un encuentro con el ‘Mono Jojoy’.

***

“La guerrilla estaba levantando unos alojamientos en la finca sin decirme nada, y yo me quejé. Un día cualquiera, a eso de las 7 de la mañana, ‘Jojoy’ llegó a pie. Era la primera vez que lo veía. Me dijo: ‘Buenos días, mi señora’, ¿usted sabe quién soy yo?’ Le respondí: ‘Sí, señor’. Me dijo: ‘Vengo a explicarle, porque yo estaba mal informado. Me habían dicho que usted había firmado con la comunidad un documento donde le hacía entrega del aeropuerto y que la bodega era de propiedad de la comunidad’. Le expliqué al señor que el aeropuerto era de la finca y que la bodega se usaba en beneficio de la comunidad, pero que no eran dueños de nada”, cuenta.

Según Nancy, las obras eran unas edificaciones para el intercambio de militares secuestrados por guerrilleros presos.

“Me propuso que le vendiera las hectáreas de la pista y unas cuatro hectáreas más. Le respondí que no porque era un problema el día que fuera a vender y no podía decir que en el centro de la finca había una parte que era de las Farc. Pero le dije: ‘Voy a sembrar un grano de arena en este proceso de paz. Construya, pero la tierra sigue siendo mía. El señor me dio la mano y me dijo: ‘Así se habla, y entonces así va a ser’ ”, asegura Nancy.

A ese episodio atribuye que algunos creyeran que ella había vendido parte del predio o que era un testaferro de las Farc. Sin embargo, al terminar la zona de distensión, a la finca llegó el Ejército, en el marco del Plan Patriota, y bombardearon los alojamientos construidos por ‘Jojoy’.

“En noviembre del 2008 llegó el batallón 52 Bacot, de la Móvil 3 de la Fudra (Fuerza de Despliegue Rápido), y se instalaron en mi finca sin avisar. Estaba al mando del mayor Jorge Hernández. Me informó que iba de parte del presidente (Álvaro) Uribe y que se iban a quedar allá. Me hicieron preguntas acerca de información que tenía la Fiscalía, de que el ganado era de la guerrilla y otras preguntas. Les demostré a ellos que eso no era así y que hasta les vendía víveres a los militares”, relata Nancy.

“Desde ese momento se me complicó aún más la vida –agrega–. Si salía de la finca, el Ejército creía que era a pasarles información a la guerrilla; y la guerrilla se me escondía pensando que yo iba a mirar donde estaban para pasar la información al Ejército”. Además, tuvo que pedir que reubicaran el campamento del Ejército que estaba en Caquetania porque la casa quedaba en medio de los hostigamientos.

“Las balas caían en el solar y en el establo. Rompían las tejas. Estábamos en medio del cruce de disparos. Fueron tiempos muy difíciles”, afirma.

Desplazada

Fue en ese entonces cuando el jefe del frente 62, Guillermo Bolívar Córdoba, alias Dúmar –abatido en febrero del 2012 por la Fuerza Pública–, le mandó un mensajero para ordenarle que viajara a Bogotá y demandara al Ejército y al Ministerio de Defensa por invadir su finca.

“Yo me negué, y me mandó a decir: ‘Dígale a esa vieja h. p. que no es un favor que le pido, que es una orden que le estoy dando”, recuerda la mujer.

La amenaza fue suficiente para que empacara maletas y saliera de los llanos del Yarí en el 2009. Unos meses después empezó a enfrentar problemas económicos y tuvo que poner en venta Caquetania. Pero cuando le salió comprador y fue a sacar el certificado de libertad y tradición, descubrió que la finca estaba embargada y en proceso de extinción.

A eso se unió una nueva notificación de las Farc.

“A finales de octubre del 2015, cuando un vecino me estaba buscando un administrador para Caquetania, llegó la guerrilla y le dijo que no buscara más, que esa finca ya era de ellos. Y supe que hace como un mes llegó un grupo y empezó a desyerbar, guadañar, arreglar el campo de fútbol y a hacer ajustes”, asegura.

(Además: Dos personas reclamaron fincas que tenían las Farc, pero no volvieron)

En los próximos días, Nancy se presentará ante la Fiscalía con papeles y testimonios que la acreditan como la supuesta dueña de la hacienda. Incluso ya se presentó ante la Unidad de Restitución de Tierras.

Su caso promete convertirse en un hito dentro de los mecanismos habilitados para buscar la verdad. La justicia deberá definir si le devuelve la propiedad o la extingue y la reparte entre campesinos que también fueron víctimas de la guerra.

Gobierno evalúa el caso de la viuda

Bajo la gravedad del juramento, María Nancy Hinestroza se hizo presente en la Unidad de Restitución de Tierras y en la de Victimas para reclamar lo que, dice, es suyo: la hacienda Caquetania. Entregó el acta de levantamiento del cadáver de su esposo, la resolución del Incora en la que le adjudican ese baldío de la Nación y varios testimonios que respaldan su versión. En este caso, el reto del Gobierno es establecer si esa finca debe ir al banco de tierras, como parte de los bienes extinguidos a las Farc, o si regresa a las manos de la mujer que acredita ser la dueña. “Ya estamos desplegando equipos para el sur del Meta y Caquetá para empezar a barrer las reclamaciones existentes. La tarea es verificar en terreno y se evaluará la legitimidad del derecho en cada uno de los casos. Se verifica en campo con comunidad y en documentos y solo en caso de que se pruebe que es de quien lo reclama, se restituye. Ese proceso está por encima de la extinción”, le explicó a EL TIEMPO Ricardo Sabogal, director de la Unidad de Restitución de Tierras.

UNIDAD INVESTIGATIVAu.investigativa@eltiempo.com

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