Intervención del 'Bronx' golpeó oferta de basuco

Intervención del 'Bronx' golpeó oferta de basuco

Tras despeje del 'Bronx' la droga subió de precio y tienen que buscarla en los barrios.

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Este habitante de calle vende pipas de PVC y aluminio con las que se fuma basuco.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

26 de diciembre 2016 , 09:37 p.m.

“Una medialuna vale 30.000 pesos, el espejo completo hasta 80.000 si tiene luces direccionales”. Felipe sabe bien cómo vender partes de carros robadas en el mercado negro de Bogotá, pero también es un experto en negociar todo tipo de celulares y de drogas. Lo aprendió porque de los 25 años que tiene, lleva 14 en las calles.

A Felipe le contaron que cuando tenía dos meses de edad fue dejado en un hogar de Bienestar Familiar de Bucaramanga, del que se escapó cuando cumplió 11. Llegó a Bogotá cuando se voló para encontrar nuevos rumbos. Hoy está limpio, sin barba y tiene unos tenis Nike, que, dice, son originales. Está tratando de salir de la calle porque “se puso pesada después de la intervención de la 15”, que no es otro evento que la famosa toma del ‘Bronx’ por las autoridades el 27 de mayo de este año.

En sus primeros meses en Bogotá pidió monedas en la calle, principalmente cerca de la plaza de mercado de Paloquemao, pero poco después empezó a hacer ‘mandados’ para la gente de ‘la L’ (como se conocía a las dos cuadras cruzadas que formaban el ‘Bronx’). Con el tiempo ascendió en el mundo criminal hasta convertirse en taquillero, uno de los cargos mejor pagados dentro de los ‘ganchos’ que manejaban la droga en la olla más grande del país.

“Cuando era ‘chinche’ me ponían a llevar droga de una olla a otra; ser menor de edad era una ventaja”, manifiesta Felipe, quien agrega que por ese trabajo le pagaban entre 30.000 y 40.000 pesos.

En esos ires y venires conoció la marihuana, el basuco, el ribotril con alcohol, el perico y las pepas de ‘chimó’ (tabaco curado que se usa como antiinflamatorio y para evitar la fatiga, pero que tiene efectos tóxicos). Dice que aunque vivía en la calle, nunca le faltó la comida. “Al principio, a la gente le daba lástima y entonces me la daba; después ya tuve más mando y la compraba: a ‘la L’ entraba gente de buenos restaurantes y uno les encargaba el almuerzo. Yo compraba unos de 12.000 pesos”.

Durante cinco años trabajó como taquillero del ‘gancho América’. Al vender hasta 2.000 dosis de basuco en un turno de 24 horas, se ganaba 120.000 pesos. A ese básico le podía sumar el resultado de otros negocios personales, ajustando entre 4 y 6 millones de pesos al mes. En ese tiempo no vivió en la calle: tenía una pieza en la misma casa donde estaba el ‘gancho’.

Pero lo que no se gastaba en comida lo consumía en vicio. Felipe cuenta que cuando no trabajaba, pasaba las noches enteras “metiendo perico o fumando pipa” y “farriando con las niñas que llegaban allá”.

Cuenta que la Policía nunca fue problema, porque sus jefes pagaban 200.000 pesos diarios por negocio. En el ‘Bronx funcionaban cuatro ‘ganchos’, lo que da alguna idea de la magnitud de negocio.

Como muchos de sus compañeros de la calle, también estuvo preso. En Vélez, Santander, pagó dos años de cárcel por porte de armas y tráfico de estupefacientes. Fue detenido junto con otras tres personas cuando traían un cargamento de droga a Bogotá. Tres fueron procesados, pero el jefe negoció y quedó libre “porque él sí tenía con qué pagar”, dice Felipe.

Pero la intervención del ‘Bronx’ no fue el detonante para que dejara su trabajo de taquillero. Se pasó con el basuco y su nivel de consumo se hizo incompatible con el trabajo.

“Estaba como un loco, como un indigente, con la ropa sucia”. Su regreso del todo a la calle fue dos meses antes de la intervención, y para conseguir la plata y comprar papeletas alquilaba por 10.000 pesos una ‘zorra’, una carreta de madera en el Samper Mendoza. Caminando por diferentes barrios de Bogotá, junto a dos personas más, dice, podían hacer 60.000 pesos en una sola noche reciclando.

Hoy quiere dejar la calle o por lo menos no estar como un indigente, porque para él es claro que en ese asunto hay estratos y, considera, él nunca fue “de los de abajo”. No quiere verse otra vez buscando la comida en la basura, como hizo en los últimos ocho meses.

La intervención de ‘la L’ significó un cambio drástico para los habitantes de la calle. Tienen que ir a las ollas de los barrios a buscar vicio, con el problema adicional de que se duplicó el precio. “Una papeleta valía 1.200 pesos en el ‘Bronx’ y hoy está a 3.000”, indica.

Todo se vende

“La diferencia entre nosotros y los indigentes es que nosotros sabemos cuánto valen las cosas; uno no se embala por cualquier cosa. Si yo le quito ese anillo es porque yo sé que es de oro, y su celular vale 250 (mil)”, argumenta Felipe, quien dice que en la calle todo se puede vender, nuevo o usado, porque siempre hay clientes.

Por las ‘flechas’ (los celulares más viejos) se pagan 10.000 pesos. Y ese rango va subiendo hasta los 800.000 pesos, por los celulares de moda y mayor capacidad. Los que los compran hacen un negocio redondo, porque les ganan al menos el doble del valor que pagaron. Ellos son el puente de ese el mundo de la miseria a otro que compra robado.

Pero no solo se venden celulares. Aunque en decadencia, el negocio del cobre robado sigue siendo bueno. Se paga a 20.000 pesos el kilo, sin preguntar si salió de un televisor de los viejos (tienen hasta dos kilos en sus entrañas eléctricas) o de un cable del Distrito.

La ropa nueva, robada de almacenes, es otra de las mercancías con más salida. En algunos sitios del centro se comercializa ese material, que debe llegar al destino en perfecto estado.

Valentina Obando
Redacción Justicia

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