La exposición de arte de 19 víctimas de las minas antipersona

La exposición de arte de 19 víctimas de las minas antipersona

Todas son de Vista Hermosa (Meta) y con sus piezas de arte buscan dejar atrás marcas de la guerra.

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Álvaro Parra, sobreviviente de minas antipersona, expone una de sus obras en el Centro de Memoria Histórica.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / EL TIEMPO

25 de noviembre 2016 , 01:24 p.m.

Diecinueve sobrevivientes de minas antipersonas en Vista Hermosa, Meta –municipio del país con más víctimas de minas (362)–, inauguraron esta semana la exposición ‘Fragmentos y huellas’.

Los sobrevivientes reconstruyeron y pintaron objetos de barro que se exhibirán hasta el próximo 23 de diciembre en el Centro de Memoria Histórica de Bogotá y, luego, en el Centro Don Bosco y el centro comercial Calima.

El mensaje que buscan compartir con la muestra es que “así como los objetos, los cuerpos se han roto a causa de la guerra” y que las cicatrices y heridas siempre estarán presentes.

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“Tenía 34 años cuando pisé una mina y sentí que el mundo se me derrumbaba. Tenía mis piernas buenas y ahora tengo una prótesis”, cuenta Álvaro Parra, quien perdió una pierna el 2 de agosto del 2009.

La obra de Parra se llama La llama de la vida. “Pinté un jarrón blanco con llamas rojas porque es como cuando uno enciende la vida, pero no lo pegué bien porque son heridas que dejan cicatriz”, dijo en la exposición.

Como la de Parra, en la instalación hay obras de Rosalía, Vilinton, Jhon Fredy, Fray José, Lucero, Walter, Ángela, Edinson, Rubiela, Teresa, Gilberto, Luz Dary, Carolina, Niller, Heriberto, Wílmer, Maikol y Heyner, todos víctimas de minas antipersonales (ver recuadros).

El taller en el que hicieron las obras se basó en una técnica japonesa denominada kintsugi, que significa ‘reparar fracturas de la cerámica’.

El proyecto estuvo a cargo de la Fundación Prolongar, que realizó talleres sobre el cuerpo, las artes plásticas y la música, como parte de la Beca de Investigación y Producción de Proyectos Museográficos sobre Memoria y Conflicto Armado del Centro Nacional de Memoria Histórica y el Mincultura.

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‘Las heridas irán hasta la muerte’
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Teresa Mora Ardila. Foto: Héctor Fabio Zamora.

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Lo que me pasó es como cuando le quitan las alas a un pajarito. Le borran toda su libertad, porque va a volar y no puede. Uno está enseñado a hacer tantas cosas: correr, saltar o simplemente caminar, y ya no puede”.

Son las palabras de Teresa Mora Ardila, de 58 años, al recordar que el 6 de diciembre de 1999, al pisar una mina en la trocha La 32, en el municipio de Vista Hermosa, perdió la pierna derecha. Ese día iba con su hijo –para ese momento de 6 años– y su padre rumbo a Granada. “Gracias a Dios, no le pasó nada a mi hijo, yo me hubiera muerto de tristeza”, dice.

Hace dos años le pusieron una prótesis, a la que todavía no se acostumbra, le quema la piel. “Mi objeto es una matera reconstruida, y significa que lo que pasamos se puede sanar, cicatrizar, pero no olvidar. Las heridas cierran, pero lo llevaremos presente hasta nuestra muerte”, asegura Teresa al referirse a su obra.

‘Sobreviví por mi esposa’
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Walter Castro y su esposa Rubiela Mejía. Foto: Héctor Fabio Zamora.

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El 28 de diciembre del 2009, Walter Castro, de 50 años, iba con su patrón a llevar un ganado a un potrero cuando una vaca se desvió del camino. Su patrón le dijo que fuera por el animal y él, aunque sabía que era arriesgado, siguió las órdenes.

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Al caminar por la zona peligrosa pisó una mina y perdió la pierna izquierda. Walter tuvo que arrastrarse hasta la carretera para lograr que lo ayudaran. “Me sentía mareado, me ardía mucho la piel; salí arrastrándome, con el cuerpo lleno de tierra, hojas y sangre”.

El hecho se dio a las 2 de la tarde, pero solo recibió atención médica a las 10 de la noche. Walter dice que aunque han transcurrido siete años del accidente, aún no logra adaptarse a la prótesis: “El borde me talla y es como si un hueso se me saliera. Es tiesa y no me sirve para subir en loma”. Hoy trabaja en una finca de la vereda Termales, junto con su esposa, quien siempre lo acompaña. Su obra se llama ‘Reuniendo cicatrices’.

‘Estamos curando heridas’
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Vilinton Barón. Foto: Héctor Fabio Zamora.

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Vilinton Barón tiene 41 años y es atleta. Tiene una hija de 15 años y vive con su esposa, a quien conoció hace ocho meses en Campo Alegre, Vista Hermosa. Él perdió la visión y dos dedos de la mano izquierda el 8 de marzo del 2008. “Ese día iba trabajando con otro muchacho, voleando machete, y tal vez le pegué y se explotó”, recuerda.

Hoy tiene el sueño de participar en unos juegos paralímpicos nacionales. “Reconstruir, para mí, significa como cuando las heridas van sellando. Se trata de curar las cicatrices. También, estar más unido a la familia”, concluye.
La obra de Vilinton se llama Las fuerzas para el deporte y la vida, y se la dedicó a su mamá.

El día en que 76 personas fueron víctimas de minas 
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Heriberto Ruiz González.  Foto: Héctor Fabio Zamora.

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El 22 de abril de 2010 Heriberto Ruiz González estaba recibiendo una ayuda humanitaria, un mercado que el Gobierno cada mes les otorgaba a las familias de bajos recursos en el municipio de Vista Hermosa, departamento del Meta. Cuenta que "un niño se pasó por una matica de bambú y se activó una mina que estaba enterrada en el piso dejando lesionadas a varias personas". No solo fue un impacto, quince minutos después mientras recibían los primeros auxilios, se escuchó otra explosión activada por un canino al servicio de las Fuerzas Militares que revisaba la zona.

El impacto fue tan fuerte que Heriberto quedó con daños en la columna, riñones, oídos y en una de sus piernas, tanto así que debe utilizar medias ortopédicas para mitigar el dolor.

Heriberto se ha dedicado toda su vida a la agricultura. Le pide al Gobierno colombiano que se fije más en ellos, cuenta que se necesitan vías, puestos de salud con más médicos porque solo hay un médico para 26 mil habitantes y es necesario esperar más de quince días para una cita, "ojalá nadie se enferme porque se puede morir", afirma Heriberto.

Einer Torres
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Einer Torres.  Foto: Héctor Fabio Zamora.

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Sobre las diez de la mañana Einer Torres llegaba en su caballo a recoger el mercado que cada mes recibía de Acción Social cuando escuchó un estruendo.

En ese momento lo único que pensaba Einer era tener información por el paradero de su cuñado, pues habían acordado verse para recibir la ayuda y regresar justos a su casa. "Lo primero que yo decía era mi cuñado, mi cuñado, en dónde está mi cuñado y nada que lo veía. Decía Dios mío ojalá no hubiera caído aquí", relató Einer. Afortunadamente su familiar apareció después, solamente con heridas leves y un dolor de cabeza por el fuerte estruendo.

Einer, dice, se dedica a trabajar en “lo que salga” y generalmente corta madera para hacer muebles por encargo. Con orgullo y una sonrisa en su rosto dice: "es durito pero si yo trabajo dos días me saco lo de la semana".

JUSTICIAjusticia@eltiempo.com

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