Desde Medicina Legal se busca una 'verdad científica' al conflicto

Desde Medicina Legal se busca una 'verdad científica' al conflicto

Un equipo de investigadores recorre fosas comunes para obtener la verdad de 50 años de guerra.

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Muchos de los restos encontrados tienen fracturas que no corresponden a la causa de muerte, Carlos Valdés, director del Instituto de Medicina Legal, no descarta que sean casos de tortura.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

17 de agosto 2016 , 11:50 p.m.

Una actividad forense que nació hace ocho años, dirigida a buscar desaparecidos y obtener su identificación es hoy el proyecto científico más ambicioso en el mundo para esclarecer la verdad de lo ocurrido en un conflicto armado.

Un equipo de investigadores, que incluye médicos, antropólogos, odontólogos y técnicos forenses recorre el territorio nacional con la misión de seguir las huellas de los 50 años de violencia en el país.

Hasta ahora, ningún país ha emprendido un proyecto semejante y nuestro trabajo es seguido de manera detallada por organismos forenses a nivel mundial, afirma el director del Instituto de Medicina Legal, Carlos Valdés, quien está al frente del procedimiento.

En una primera etapa, los expertos están recorriendo el país revisando los cementerios pero también extenderán su trabajo a zonas donde se cree que hay fosas comunes clandestinas, desenterrar los cuerpos, lograr su plena identificación, la causa de su muerte y entregárselos a sus familiares en tiempo casi récord aplicando métodos que permitan ser valorados y auditados por organismos científicos mundiales, explica Valdés

En diálogo con EL TIEMPO, este cirujano forense reveló algunos de los resultados de las primeras exhumaciones.

Especialmente, las encontradas en Bocas de Satinga, La plata (Huila) y Cimitarra (Santander).

¿Cuántos cementerios van a ser revisados?

Vamos a revisar todos los camposantos del país, pero es un hecho cierto que esta guerra ha generado una gran cantidad de enterramientos. Hay fosas clandestinas, pero la ubicación exacta de estos sitios se irá conociendo en la medida en que las partes señalen los lugares donde se enterraron estos cuerpos. Hasta hora, solo contamos con una percepción.

¿Hay colaboración de las Farc en la ubicación de fosas clandestinas?

La ha habido. Han empezado a dar información.

¿Confían en esa información?

Ya hay un trabajo que se viene adelantando con la Comisión Internacional de la Cruz Roja.

¿En dónde están ubicadas estas fosas comunes?

Hay un estudio pero aún no hemos georreferenciado los datos. Sabemos que están en zonas donde el conflicto armado tuvo su mayor intensidad, cómo Caquetá, Putumayo, Cauca, Catatumbo, Antioquia y Sur de Bolívar, entre otras regiones. La información completa la tendremos una vez firmada la paz.

¿Qué víctimas hay enterradas en esos lugares?

Secuestrados, combatientes (llámese miembros de Fuerzas Militares o guerrilleros), civiles muertos con ocasión del servicio, la mayoría habitantes de esas áreas y niños. Contamos con información de la desaparición de muchos menores que podrían estar en estos enterramientos.

Exhumadas estas víctimas, ¿qué va a pasar con los casos?

El Instituto se prepara para constituirse en el brazo operativo del Tribunal de Paz y la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos. Nuestro trabajo se va a facilitar por ser un organismo sin facultades de policía judicial.

¿Qué han encontrado en las exhumaciones?

Se han exhumado 222 restos. Solo 10 tienen plena identidad. La gran mayoría presenta lesiones por paso de proyectil de alta velocidad y por mecanismos de fuerza explosiva; pero también hemos encontrado tipos de fracturas que no se explican ni por uno ni por otro.

¿Se tiene algún indicio de cómo fueron producidas?

En ocasiones son aisladas de la causa de muerte. Debemos determinar si fueron antes o después del deceso. A partir de ahí se podrá contar con el significado de la lesión. Pueden sugerir actos de tortura.

De los cuerpos encontrados, ¿cuántos presentan estas lesiones?

No tengo el dato exacto, pero creo que es un 10 por ciento de los restos. Pero es muy posible que estos casos crezcan. Sobre todo cuando avancemos en la interpretación de las fracturas mediante los estudios médicos y antropológicos que estamos aplicando.

¿Cuántas de las víctimas estaban reportadas como desaparecidas?

De los diez cuerpos identificados, siete estaban reportados como desaparecidos en el registro nacional de Medicina Legal.

¿Hay civiles o militares secuestrados?

No hemos hecho esa clasificación aún. Entrar en este momento a determinar si eran secuestrados o guerrilleros o civiles o miembros de la Fuerza Pública podría estigmatizar a las víctimas y nos hemos comprometido es con una labor eminentemente humanitaria.

¿Medicina Legal cuenta con la capacidad para recuperar los restos de miles de víctimas en los cementerios y fuera de ellos?

Este es un reto. Lo que nos va a plantear es un desarrollo en la antropología forense y la medicina de restos óseos. Medicina Legal pone toda su capacidad técnica, humana y científica, pero se requiere de mayor apoyo. No solo del Gobierno, sino de todas las instituciones del Estado.

¿Qué ha dificultado la identificación de los restos encontrados?

La plena identidad depende también de la ubicación de los familiares hoy. Estos casos tienen 20, 30 y hasta 40 años. Las familias de las víctimas están dispersas por el país. Incluso, hay casos en que no quieren darse a conocer. Sin ellas no podemos contar con elementos biológicos que nos permitan los cotejos comparativos respectivos, pues ya todos los restos tienen perfiles genéticos.

¿Los testimonios de los desmovilizados serán fundamentales para llegar a esas víctimas?

El testimonio y la confesión serán el punto de partida para conocer la verdad, pero va a estar viciado por los intereses de quien lo enuncia. Esa verdad será subjetiva e individual.

¿Es necesario corroborar los testimonios de quienes se desmovilicen y decidan confesar sus delitos?

La paz no puede renunciar a una verdad científica. Eso sería gravísimo para el futuro del proceso. Lo que quiero decir es que va a haber intereses de toda índole que van a viciar la verdad. Y si la columna vertebral del proceso de paz es la verdad y el reconocimiento de las víctimas para llegar a una reconciliación social que permita la aceptación del otro, el rechazo a las acciones violentas y la no repetición, esa verdad tiene que estar soportada en elementos científicos. No puede quedar soportada solo en el testimonio de unos y otros.

¿Cómo contribuirán al proceso de paz los resultados que obtengan sus investigaciones?

Es necesario divulgarlos, dar a conocer toda esa verdad científica, que contribuya a generar un rechazo social y que los colombianos rechacemos estos hechos y nos concienticemos en que no pueden volver a ocurrir.
Consecuencias del posconflicto

El director de Medicina Legal advierte que el Estado debe prepararse y enfrentar las secuelas que van a dejar 50 años de lucha armada en el país.

¿Qué secuelas han dejado en la sociedad los horrores de la guerra que ustedes están desenterrando?

Las relaciones de convivencia en un ambiente de guerra no van a cambiar pronto. Se van a dar situaciones de conflicto en personas que van a constituir parejas, familias, relaciones de trabajo organizado y relaciones económicas con ese lastre. Son más de tres generaciones que no conocieron otra forma de vida que el interior de una guerrilla.

¿Cuáles serán esas manifestaciones en una etapa de posconflicto?

Lo más aberrante es ver que en las estadísticas de muertes violentas aparezcan víctimas entre los cero y los cuatro años.

En una sociedad evolucionada no tendría que morir ningún niño o niña por causa violenta. No tendría que morir, tampoco, por suicidio.

¿Por qué las mujeres?

Este no ha sido el único proceso de paz y lo que nos muestra la historia, y lo que ha recopilado Medicina Legal en sus 102 años de historia, es que la violencia muta, cambia, se diversifica. Dentro de sus diversas formas, una de las más atroces es la que deja como víctimas a las mujeres, a los niños y las niñas. Colombia está en un despertar por las atrocidades que hemos conocido sobre la violencia dirigida hacia la mujer. Medicina Legal está empeñada, desde hace varios años en sacar a la luz esta forma de violencia. Es un enfoque que está integrado en nuestro plan estratégico. Queremos descubrir esta forma de violencia, ponerla sobre la mesa, analizarlas y rechazarlas.

¿Qué se ha encontrado?

Hoy se refleja en el feminicidio, en la violencia de pareja. El urbanismo genera unas relaciones de tensión. Medicina Legal ha advertido que la violencia interpersonal o la dirigida a la mujer o a los niños y niñas no va a acabar de la noche a la mañana. Pero también la mujer ha incursionado con mayor fuerza en diferentes roles dentro de la sociedad, entre ellos la delincuencia.

¿En qué magnitud se dan estos homicidios?

Su participación en actos fuera de la ley es muchísimo mayor que hace 20 años. Hoy la mujer toma parte activa como víctima o victimaria en la muerte por venganza o ajustes de cuentas que se producen entre miembros de organizaciones criminales. También se han incrementado las acciones de las fuerzas del Estado contra la delincuencia en la que se han producido bajas de mujeres relacionadas con actuaciones delincuenciales.

¿El fenómeno es general en todo el país?

En estos casos se observa una situación preocupante en Cali y el Valle del Cauca, causada por el microtráfico.

GERMÁN JIMÉNEZ LEAL
SUBEDITOR EL TIEMPO

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