'Dios quiere que lo siga sirviendo como general de la Policía'

'Dios quiere que lo siga sirviendo como general de la Policía'

El coronel Silverio Suárez Hernández fue llamado este lunes a curso para ascender a general.

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Al término de la Eucaristia, el padre Silverio Suárez en su uniforme de Policía bendice a una pareja de feligreses.

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Abel Cárdenas / EL TIEMPO

26 de octubre 2016 , 08:02 a.m.

De reojo mira su reloj. Son las 12 del día y 10 minutos y, sin decirlo, se ve que quiere terminar la entrevista. Lo suyo no es ser protagonista. Además, lo están esperando más de 50 personas que puntualmente acuden todos los días a escuchar la misa en la iglesia La Sagrada Familia, localizada en el Centro de Estudios de la Policía, en el norte de Bogotá.

El padre Silverio Ernesto Suárez Hernández, bogotano de 55 años, se convirtió el lunes en la noche en el primer sacerdote católico en ser llamado a curso de general de la Policía Nacional.

Comenta con una sonrisa que llevaba dos semanas esperando a que finalizara el proceso de selección de los llamados a ser brigadieres generales. Había otros 53 coroneles más en la misma situación y al final solo quedaron 11. Su nombre fue el último de la lista, el ‘palo’ de esa selección.

“Son días de mucha tensión e incertidumbre, todos quieren llegar a ese grado: familias y amigos se unen a la espera de ese llamado. Es un honor ser general”, dice el padre, emocionado. Y es que no lo esperaba. De hecho, hace un año había tomado la decisión de pedir la baja y seguir solo con su misión sacerdotal.

Debajo de la sotana lleva su uniforme de coronel. Mientras se acomoda el micrófono inalámbrico que lo ayudará a llevar la palabra de Dios en la misa, dice que quedó pasmado: “Cuando me notificaron, duré como 20 minutos para entender la situación. Yo le había pedido la baja a mi general (Rodolfo) Palomino; él me dijo que no estaba de acuerdo, que me quedara y que cerrara mi proceso como debía ser. Hoy sé que Dios quiere que continué mi misión en la Policía”.

Creció en una típica familia bogotana, en el barrio Palermo. Él es el tercero de cinco hermanos, y en las calles de ese sector soñaba con ser una estrella de su ‘Santafecito’, el equipo que lo hace sufrir y que también le ha dado algunas de las grandes alegrías de su vida.

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entrevista con el coronel silverio suarez hernandez primer sacerdote llamado a general

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Poco después descubrió que lo que quería era ser abogado, como deseaba ser abogado su papá, a quien siempre recuerda rodeado de un aura de “rectitud y de servicio (...). Yo lo acompañaba a los juzgados, a la Corte, y como era procurador delegado, mi admiración era muy grande”, cuenta el padre.

Estando en la facultad de Derecho del Externado, en 1982, lo picó el bicho de la política y terminó en la campaña de Belisario Betancur. De ese paso por la política le quedó un cargo en la Secretaría de Educación de Bogotá. Una vez en ese cargo, empezó a estudiar periodismo, en la jornada nocturna. No le quedaba tiempo de nada, ni de tener una novia.

“Amigas, muchas amigas. No tenía tiempo para nada: el sábado, por ejemplo, empezaba a trabajar desde las 8 de la mañana hasta la 1 de la mañana del día siguiente, para cumplir con las 48 horas laborales en la Secretaría”, recuerda el religioso.

Su paso por EL TIEMPO

El primer trabajo como periodista lo tuvo haciendo las prácticas en EL TIEMPO en el año de 1987. “El decano de Los Libertadores era Hernando Acevedo. Cuando me tocó hacer las pasantías, me dio una tarjeta y me dijo que se la entregara a Rafael Santos, y don Rafael me dio la oportunidad (...). Entré a trabajar en un área que llamaban monitoreo, donde tenía que estar pendiente de la radio y la televisión para que no nos ‘chiviaran’. Fueron tres años en ese rol, del que aprendí mucho”.

En el diario le pusieron el apodo de ‘Casandra’, que en la mitología griega era sinónimo de malas noticias. “Eran los días de la guerra del Estado contra el narcotráfico. Asesinaron a muchos candidatos presidenciales y políticos importantes: Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Jaime Pardo Leal, José Antequera... Explotaban carrobombas. Fueron días muy duros para Colombia, que me marcaron, y más porque yo tenía que redactar esas noticias”.

Y fue por un aviso en el mismo periódico que se enteró de que en la Policía Nacional había una convocatoria para profesionales, para ser oficiales. Sin dudarlo dos veces, se presentó y pasó el proceso de selección.

Para el año 93, el periodista se sentía más maduro y con experiencia, listo para iniciar su vida como oficial en el grado de teniente, y lo hizo como jefe de prensa de la Policía en Bogotá.

Pese a que tiene el entrenamiento, Suárez nunca ha tenido la necesidad de portar y mucho menos de disparar un arma. Estuvo tres años frente a la oficina de prensa, hasta que su vida dio un vuelco de 180 grados por la muerte de un amigo.

Nace su vocación

Su relato es desgarrador: “La muerte del mayor Humberto Antonio Castellano me marcó profundamente. Era un deportista muy importante aquí en Colombia, había ganado muchos trofeos en atletismo junto a Víctor Mora y él formaba parte de la Federación Deportiva Militar. Un día, sin motivo aparente, un cadete le echó gasolina y lo quemó vivo. Nos preguntábamos qué podría motivar una acción tan salida de los cabales, y después de analizarlo mucho, yo le dije a mi superior que nos faltaba tocarles el corazón a los policías. Ese día me di cuenta de que esa era mi vocación: llevar paz, tranquilidad y amor a través de la palabra del Señor”.

Apoyado por la Policía, se presentó ante el Obispado Castrense, se fue a vivir al seminario y se formó en Filosofía y Teología. Sus padres, que siempre lo habían apoyado en todo, no dudaron en darle nuevamente su confianza ante la nueva cruzada que quería iniciar.

En el año 2000 se ordenó sacerdote. Ya era teniente y su primer trabajo fue como capellán en la sede de la institución en Chapinero.

El padre Suárez ha estado en varias capillas de la Policía no solo en Bogotá, sino en varias zonas del país. Cuenta que ha oficiado centenares de bautizos y matrimonios y dice, con tristeza, que también ha oficiado exequias, más de las que quiere recordar. “He perdido a compañeros, amigos, policías valientes que dejan una familia, y precisamente esas viudas, esos hijos son los que hay que apoyar en esos momentos. Ese es mi servicio, mi vocación: llevar paz, que no pierdan la fe, que perdonen y que salgan adelante”, dice.

Asegura que como policía y sacerdote, los momentos más difíciles que ha vivido fueron los años de secuestro de los integrantes de la Fuerza Pública a manos de la guerrilla.

Conoce las historias de decenas que nunca volvieron. Entre ellas, la del capitán Édgar Duarte Valero, en octubre de 1998. Tras 13 años de secuestro, fue asesinado por la guerrilla junto a tres uniformados más.

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“Su hija, una pequeña que prácticamente no conoció a su padre, y yo nos convertimos en amigos. Yo le alimentaba la esperanza de que su padre volvería con vida. Y fui yo quien tuvo que darle la noticia de que estaba muerto”, recuerda.

De inmediato, el padre evoca que en ese mismo hecho murió el sargento José Libio Martínez y piensa en su pequeño hijo, quien libró por años una cruzada por su liberación: “Lo recuerdo como un niño que no pudo conocer a su padre. Un niño muy valiente, con el que hablaba y me sorprendía por su madurez, otro huérfano de la violencia, otra historia que me marcó pero que fortaleció mi vocación”.

El padre vuelve a la realidad y mira su reloj, ya se escucha la música sacra y sale a oficiar la misa de la iglesia La Sagrada Familia.

En ese centro policial viven algunos de los más importantes oficiales de la institución y sus familias. También funciona como centro de reclusión para altos oficiales y funcionarios procesados por diversos cargos. Todos ellos son los fieles del coronel Suárez.

El sacerdote inició el oficio religioso dando gracias a Dios por lo que calificó de “una nueva bendición”, al ser llamado a curso de oficial. Les pidió a sus feligreses orar por él y por sus compañeros para que salgan adelante frente a esta nueva responsabilidad, y le respondieron con un cerrado aplauso.

El general Miguel Maza Márquez, uno de los recluidos en Cespo, estuvo a cargo de la primera lectura. El exdirector del IDU Andrés Camargo y el general Flavio Buitrago también asistieron a la eucaristía.

Al final, de nuevo, vuelven los aplausos en la iglesia. Todos los que han sido apoyados por sus palabras son los primeros en reconocer que el padre Silverio Suárez será uno de los mejores generales no solo de la Policía, sino de la República.

ALICIA LILIANA MÉNDEZ
Redactora de Justicia

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