'La corrupción es un problema estructural y no coyuntural': Contralor

'La corrupción es un problema estructural y no coyuntural': Contralor

En entrevista con EL TIEMPO, E. Maya dice que a la corrupción no hay que combatirla sino destruirla.

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El contralor general, Edgardo Maya.

Foto:

Claudia Rubio / EL TIEMPO

21 de enero 2017 , 09:12 p.m.

El contralor general de la Nación, Edgardo Maya, sostiene que a la corrupción no hay que combatirla sino destruirla.

Destaca la importación de la comisión anticorrupción que instala mañana el presidente Santos.

Maya afirma que la corrupción no es coyuntural sino estructural: “La corrupción que existe en el país es de total gravedad. Debe asumirse como un problema estructural y no coyuntural del Estado. La corrupción hace un daño irreparable, ya que multiplica la pobreza, se edifica sobre los recursos destinados a erradicarla, nos aleja del desarrollo y destruye nuestra democracia, pues es el medio para poner los dineros públicos al servicio de intereses particulares. Para mí, uno de los mayores factores de corrupción es el incumplimiento de los deberes que tienen los servidores públicos. Si estos cumplieran con ellos, garantizo que no existiría la corrupción”.

¿Cómo combatir la corrupción?

A la corrupción no hay que combatirla sino destruirla. Es un asunto no solo del Gobierno, sino de todos los poderes públicos, de los organismos de control y de todos los estamentos de nuestra sociedad, que requieren soluciones estructurales.

¿Como por ejemplo...?

Debe haber un sistema único nacional de selección de contratistas, un pliego tipo de condiciones, y sobre todo la imposición de la muerte para siempre de las personas jurídicas y naturales que incurran en actos de corrupción, que les impida cualquier vínculo con el Estado. Tengo la certeza de que con solo normas legales no se acaba con este fenómeno. Es más importante la actitud y la decisión que debemos tener los que estamos llamados a derrotarla.

(También: 'La corrupción se calcula entre $ 20 y $ 40 billones': Procurador)

¿Usted, señor Contralor, es partidario de que se cancelen todos los contratos con la firma Odebrecht?

Como ya lo dije, quien incurre en delitos de semejante magnitud debe ser proscrito de toda actividad y relación con el Estado. Y creo en la regla del derecho romano conforme a la cual de lo ilícito no puede generarse ningún provecho.

En todos los países se ha obligado a esa empresa a devolver los contratos e indemnizar al Estado por los sobornos que fueron pagados. ¿Aquí también?

Desde luego. Quien cause daño a otro debe resarcirlo. Con mayor razón si lo causa al patrimonio de todos los colombianos. A los corruptos hay que imponerles todas las sanciones penales, fiscales, disciplinarias, y sobre todo la más importante: las sanciones sociales.

(Vea el escalafón del riesgo de corrupción en Colombia)

En el área relativa a la infraestructura, van ya tres grandes escándalos: Conalvías, el de los Nule y ahora el de la firma brasileña Odebrecht. ¿Está amenazado todo el programa en esa materia?

Sí, está en peligro si tenemos en cuenta que unas mismas empresas participan en la ejecución de diferentes proyectos, con lo que existe el riesgo de un efecto dominó.

Este lunes se realizará la primera reunión de la comisión de alto nivel contra la corrupción. ¿Qué debería hacer?

Es un escenario fundamental, pues está presidido por el jefe del Estado, quien ha resuelto respaldar y encabezar estos propósitos. Desde allí se puede realizar un trabajo armónico y conjunto con los órganos de control, de la justicia y del Gobierno Nacional, desde el cual se pueden reafirmar y crear nuevas iniciativas para luchar contra este fenómeno. Desde ahí es que se puede construir una verdadera política de Estado para acabar con la cultura de la corrupción.

¿Hasta dónde están comprometidos sectores privados con la corrupción?

Debe hacerse la diferencia entre el sector privado, cuya actividad gira en torno a la contratación pública, de aquel otro que no participa en estas materias. En ese sentido, la existencia de carteles de la contratación, para solo poner ese ejemplo, evidencia que algunos frentes de la empresa privada se han puesto al servicio de la malversación de los recursos públicos. Sobrecostos, desvíos, mala calidad en los bienes, servicios u obras, soborno, se consolidan con la presencia y acción de contratistas que tienen a su cargo el manejo de recursos públicos. No es un secreto que la “ingeniería societaria” es usada por los corruptos para el lavado y el ocultamiento de sus acciones. La corrupción en lo público es de doble vía: una propone y otra dispone. Ahí es donde se amanguala lo público con lo privado.

¿Usted es partidario de eliminar, como lo propuso el presidente Santos hace poco, la financiación privada de las campañas electorales?

Es una buena iniciativa, pero no es suficiente en relación con la veracidad de la rendición de cuentas que las campañas políticas hacen ante el Consejo Nacional Electoral, pues en tales balances no se registra la totalidad de los aportes recibidos.

YAMID AMAT
Especial para EL TIEMPO

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