La dura vida del pueblo con el alcalde quemado

La dura vida del pueblo con el alcalde quemado

El burgomaestre Crescencio Enrique Bejarano se recupera en Medellín.

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Crescencio Enrique Bejarano, de 56 años de edad, estaría durmiendo cuando su esposa le roció gasolina y le prendió fuego.

Foto:

Archivo particular

21 de enero 2017 , 10:25 a.m.

Llueve. Llueve mañana y tarde en Atrato, un pequeño municipio ubicado a 20 kilómetros de Quibdó. La lluvia es tal vez la única riqueza de este poblado que esta semana saltó a las primeras páginas de los periódicos porque, según informó la Policía, la compañera sentimental del alcalde le prendió fuego mientras dormía.

“Aquí la gente está aterrada por este hecho”, dice el exalcalde Juan Bejarano, quien cuenta, además, que nunca habían visto algo semejante.

La vida no es fácil para los 8.500 habitantes de Atrato. Las frías estadísticas dicen que todos los pobladores viven el estrato uno, gran parte en la pobreza absoluta. Y un 30 por ciento no sabe leer ni escribir. Como no hay periódicos las noticias circulan de boca en boca. Las llevan los pescadores y comerciantes que se movilizan por los ríos Atrato, Samurindó, Chagratará, Doña Joseja, Motoldó y Paimadó, que lo circundan.

Fue así como se enteraron de la suerte corrida por el alcalde Crescencio Enrique Bejarano Palacio, de 56 años. Según la versión de la Policía, en la noche del lunes 16 el burgomaestre salió de la alcaldía municipal y se marchó tranquilo para su casa. Fue en horas de la noche.

La vivienda, ubicada en la calle principal de Atrato, barrio Santander, diagonal a la alcaldía, estaba con las puertas cerradas por lo que él no tuvo ninguna sospecha.

Allí, adentro, sin embargo según la versión de Juan Bejarano, estaba escondida Manuela Cuesta, de 40 años, su excompañera sentimental.

El alcalde vio las noticias en la televisión, subió a su habitación, en el segundo piso, y se acostó a dormir. La mujer esperó que estuviera profundo. Cuando así ocurrió, según el testimonio de Juan Bejarano, se le acercó le arrojó gasolina y sin darle tiempo a reaccionar le prendió fuego.

El alcalde Bejarano Palacio se levantó en llamas de la cama, corrió hacia la ventana y saltó. Dio vueltas en el suelo, hasta comprobar que no había fuego. Fue socorrido y llevado al Hospital Ismael Roldán Valencia. Se le diagnosticó quemadas en la piel en un 30 por ciento de su cuerpo. Pese a la caída no hubo fracturas.

En las últimas horas fue trasladado al Hospital San Vicente de Paul en Medellín. Dejando atrás al su municipio en la incertidumbre.

Ya se encargó a Rosario Palacios Murillo como alcaldesa. No se sabe por cuánto tiempo. El titular, entre tanto, de Cambio Radical sigue las noticias de su pueblo, a distancia.

Además de su ataque, la vida en Atrato sigue igual, le cuentan. La gente en su lucha diaria contra la pobreza. Así ha sido siempre.

Hasta hace muy poco tiempo, Atrato pertenecía a Quibdó. Pero era tal la marginalidad que decidieron independizarse. “El municipio del Atrato con cabecera municipal en Yuto, territorialmente perteneció a el Municipio de Quibdó hasta el año de 1.997, que mediante la ordenanza número 010 del 09 de mayo del mismo año se separó de la capital, en razón a su abandono, pobreza, falta de presencia institucional y nula prestación de los servicios básicos”, dice en los textos oficiales de su historia.

Sin embargo, anotan: “A pesar de la separación, la mayoría de los habitantes muestran un alto grado de dependencia de Quibdó en asuntos laborales, comerciales, educativos, institucionales”.

Los habitantes que no miran hacia Quibdó tienen otra opción. Tomar la carretera a Itsmina y Condoto, en dirección a Pereira. En esta vía son frecuentes los derrumbes y el ELN hace presencia.

Así, por ejemplo, en abril pasado, una semana después de que el Gobierno anunció desde Caracas (Venezuela) el inicio de la fase pública de los diálogos el Eln, esta guerrilla bloqueó la vía y quemó dos busetas, un tractocamión, cuatro turbos y un carro cisterna. Además, secuestró .a los conductores Jairo de Jesús Ospina y Humberto Hoyos.

No se habían vuelto a escuchar noticias de Atrato distinta a esta del ataque al alcalde Bejarano Palacio. Así es la dura vida de un pueblo distante, muy distante, de las grandes urbes del país.

POLÍTICA

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