Caldono, la estación que resistió más de 100 ataques de las Farc

Caldono, la estación que resistió más de 100 ataques de las Farc

Desde la ayuda de la comunidad hasta 'empujones divinos' mantienen el edificio en pie.

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Tres policías recordaron lo que fue sobrevivir a la guerra en Caldono. Este era un jardín infantil, destruido por los ataques con cilindros bomba.

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Juan Díaz / EL TIEMPO

20 de noviembre 2016 , 03:42 a.m.

“A veces veíamos que a las 4 o 5 de la tarde, o apenas iniciando la noche, salían familias enteras llevando colchones, cobijas, alimentos, animales. Era como si se hubieran puesto de acuerdo para una mudanza colectiva. No faltaba quien se despidiera, y casi siempre nos decían: ‘Agentes, cuídense, que Dios los proteja’ ”.

“Era que alguien había escuchado o sabía que la guerrilla se acercaba o había visto movimientos cercanos raros, y las familias vecinas a la estación se iban para protegerse. Era contar las horas para el ataque. Podía ser esa misma noche o dos o tres después, cuando estuviéramos agotados de la espera”.

Así recuerda el patrullero Jorge Eduardo Cadena Castillo los momentos que anticipaban un ataque de la guerrilla a la estación de policía de Caldono, en el norte del Cauca, una de las más atacadas por las Farc.

Y es que, de acuerdo con la Policía, la estación de esta población, de unos 33.000 habitantes, soportó entre el 2002 y el 2014 más de un centenar de hostigamientos de alta intensidad, varios de ellos con cilindros bomba, además de innumerables disparos que hacían parte de la cotidianidad.

“En los ataques prolongados, los tiros en las paredes de la estación sonaban como crispetas. Eran seguidos y por todo lado. A veces seguía una granada, y cuando sonaba la ráfaga de una ametralladora emplazada pensábamos: esta vez son bastantes. Ya cuando silbaba un cilindro (bomba), ahí sabíamos que era hora de pensar en la llegada de refuerzos”, dice el intendente Danny Rolando Vidal Astudillo.

Recuerda que “cuando caía un cilindro era un ruido sordo, seco. Sabíamos que había un instante mientras la mecha llegaba a la pólvora y estallaba. En segundos, nos tirábamos al piso, nos tapábamos los oídos, y tocaba abrir la boca para que la onda explosiva no afectara los órganos internos”.

Cadena, Vidal y el patrullero Marlon Arley Manco se reunieron por estos días en Caldono, con ocasión de los 125 años de la Policía, y recordaron su tiempo de servicios en esta localidad, cada uno en momentos diferentes entre el 2005 y el 2011, los de mayor intensidad de los ataques.

Y aunque casi no había semana sin que dispararan desde los puntos altos que rodean el municipio, son 32 hostigamientos de mayor impacto y 17 ataques a patrullas, 22 en los que fueron empleados explosivos y 8 con diversos artefactos, en tres de ellos contra aeronaves, lo que muestra el alcance de fuego de la columna móvil ‘Jacobo Arenas’, de las Farc, a la que se atribuyen los asaltos.

El hostigamiento también era contra unidades militares instaladas en La Cruz, a unos 300 metros de la estación de Caldono, en un empinado punto.

Esos ataques dejaron un doloroso saldo de 8 policías muertos y 17 heridos, y en el Ejército fueron ocho víctimas fatales y nueve heridos, además de dos pobladores muertos y siete lesionados.

Y si bien resaltan el apoyo de la población, Manco cuenta que en una ocasión, ante el persistente ataque de la guerrilla, el temor se apoderó de la comunidad y exigieron la salida de Ejército y Policía: “Intentaron entrar a la estación, nos lanzaron de todo, y fue necesario usar gases lacrimógenos. Un miembro del Ejército me auxilió hasta que llegó el Black Hawk que me trasladó a Popayán”.

La comunidad les avisaba

Pero fueron más las veces que recibieron ayuda de la comunidad, como lo cuenta Cadena durante una toma. “Fue un sábado, en julio del 2011; cuando regresábamos de mercar, empezaron a disparar. Buscamos camino hacia el sitio La Virgen, y un campesino que venía nos avisó que no fuéramos, pues había un número grande de guerrilleros y nos iban a masacrar.

“Luego llegamos a una casa y otro nos preguntó si teníamos compañeros atrás, y le respondimos que no. ‘Entonces los que están ahí son guerrilleros’, avisó. Y por si fuera poco, otro nos hacía señas sobre desde dónde disparaban. Lo vieron y lo hirieron de un tiro”, narra. Ya en la estación, la estructura fortificada les permitió resistir sábado y domingo.

El intendente Vidal también revive un ataque en el 2005, que se inició el 3 de junio y terminó el 5. “Fueron lanzados ocho cilindros, apenas se escuchaba el silbido. Y aunque ya tenían un mayor desarrollo, con espoletas de dirección, por fortuna ninguno impactó en la estación”, recuerda el uniformado.

Todos coinciden en que, además de una estructura fortificada con garitas, visores y otras condiciones que piden no revelar, hay una especie de ‘ayuda extra’ en la que se aferran.

Cuentan que la mamá de un agente que fue asesinado a unos pasos de la sede policial llegó a Caldono y le hizo un rezo a la estación; por eso hasta ahora ningún tatuco o cilindro bomba ha impactado.

Pero los estragos se ven en todos los alrededores. La casa de la esquina es solo paredes a medias, lo mismo que un hogar infantil, del que solo quedan un patio, y las barricadas policiales. Por fortuna, desde hace un año pararon los ataques y ahora algunas familias se animaron a reconstruir sus viviendas aledañas y locales, y esta es la mayor la actividad económica.

CALI

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