La amenaza detrás del peor crimen contra el periodismo ecuatoriano

La amenaza detrás del peor crimen contra el periodismo ecuatoriano

Lo sucedido con 'Guacho' demuestra que las disidencias en la frontera son un riesgo creciente.

Homenaje a periodistas ecuatorianos asesinados

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) interrumpió este viernes por un minuto su reunión de mitad de año para homenajear de pie y con un prolongado aplauso a los periodistas.

Foto:

José Jácome / EFE

14 de abril 2018 , 10:17 p.m.

El más oscuro capítulo en la historia del periodismo ecuatoriano, el asesinato en cautiverio de tres integrantes del diario quiteño El Comercio, es también el más grave hecho de violencia protagonizado por las disidencias surgidas tras la desmovilización de las Farc. No solo en la región suroccidental, sino en todas las zonas del país donde han surgido esas bandas.

El directo responsable del crimen es conocido con el alias de Guacho, y sobre su cabeza pesa hoy una recompensa de más de 600 millones de pesos. Aunque desde hace tres meses la región venía siendo azotada por acciones escalonadas de violencia, por parte de esa organización ilegal dedicada al tráfico de drogas, el crimen del equipo de prensa, que precisamente intentaba documentar esa situación, generó la condena generalizada de todos los países de la región y dejó ver, en toda su dimensión, hasta dónde esas nuevas bandas pueden poner en riesgo la seguridad no solo de Colombia, sino de los países vecinos.

Javier Ortega, periodista; Paúl Rivas, fotógrafo, y Efraín Segarra, conductor, fueron secuestrados el pasado 26 de marzo en Mataje, una población de la provincia de Esmeraldas, límites con Nariño.

El rechazo al secuestro se transformó en zozobra por falsas versiones sobre su liberación que en su momento se originaron en altas autoridades colombianas y fueron recogidas por los medios. Ya después se convirtió en indignación el 3 de abril, cuando se conoció la que sería la última imagen con vida de los rehenes. Se trató de un video en el cual se veían cansados, con cadenas en el cuello aseguradas con candados y en el que pedían una negociación para poder regresar con sus familias.

Los comunicadores fueron enviados desde Quito a realizar una serie de informes sobre los ataques registrados en Esmeraldas desde el 27 de enero, cuando fue activado un carro con explosivos frente a la estación de policía. Ese día 27 personas resultaron lesionadas.

El ataque, tan inusual como el secuestro de los periodistas, fue responsabilidad de la red criminal que lidera Walter Patricio Arizala, ‘Guacho’, un ecuatoriano de 27 años que está al frente de unos 300 hombres en armas, casi todos ex-Farc como él, que están dedicados al narcotráfico puro y duro en una de las zonas del planeta desde donde se envían más embarques de droga hacia los mercados del primer mundo.

La situación en la zona era tan grave que el presidente de Ecuador Lenín Moreno había decretado el estado de excepción en la frontera. A pesar de esa decisión, el orden público empeoró con el asesinato de cuatro infantes de Marina el 20 de marzo, y ahora llega a un punto crítico tras 16 días de secuestro y la confirmación del asesinato a sangre fría de los tres integrantes de El Comercio.

Como resultado del fatal desenlace, que no estaba en las cuentas de nadie, hoy son más de 9.000 los militares de Colombia y Ecuador que escudriñan las selvas a lo largo de los 586 kilómetros de frontera en busca de Guacho. Aviones de inteligencia y bombarderos apostados en la base Marco Fidel Suárez de Cali también participan en la cacería del enemigo público número 1 de los dos países.

“Con profundo pesar lamento informar que se han cumplido las doce horas de plazo establecido y no hemos recibido pruebas de vida (...). Lamentablemente tenemos información que confirma el asesinato de nuestros compatriotas”, dijo el viernes el presidente Moreno. Y agregó: “Más allá de los esfuerzos realizados, hemos confirmado que estos criminales parecería que nunca tuvieron la voluntad de entregarlos sanos y salvos... Lo único que han querido es ganar tiempo”.

Más allá de los esfuerzos realizados, hemos confirmado que estos criminales parecería que nunca tuvieron la voluntad de entregarlos sanos y salvos... Lo único que han querido es ganar tiempo

Lo que creen fuentes de inteligencia colombianas es que ‘Guacho’ utilizó el secuestro para presionar la suspensión de operaciones a los dos lados de la frontera. No solo como protección, sino para tratar de mover un megacargamento de coca por la zona. Desde el primer día, Quito logró comunicación con el delincuente, y el 31 de marzo establecieron un canal exclusivo de contactos por WhatsApp. Entre las exigencias de ‘Guacho’ para entregar a los colaboradores de El Comercio estaba la liberación de tres hombres de su grupo que habían sido capturados por la Policía ecuatoriana en enero de este año.

“Él se conectaba 10 minutos diarios (...). El 7 de abril le enviamos un video en el que uno de los hombres que él pedía de intercambio le afirmaba que iban a ser liberados y que todo iba bien”, dijo en Quito el coronel Polivio Vinueza, jefe de la Unidad Antisecuestro y Extorsión (Unase). Pero la liberación nunca ocurrió. Y el miércoles empezaron a circular primero un comunicado y luego las fotos que demostraban el asesinato a sangre fría. Tanto Ecuador como Colombia le solicitaron mediación al Comité de la Cruz Roja Internacional para que contacte a los criminales y lograr la entrega de los cuerpos.

Pero ¿cómo un mando bajo de la guerrilla de quien nadie había oído hablar hasta hace menos de un año logró poner en jaque la seguridad de los dos países? Además de los enormes huecos que sigue teniendo la seguridad a este lado de la frontera, como lo demuestra la persistencia tanto de los cultivos de coca como de la violencia en Nariño y Putumayo (los dos departamentos limítrofes con Ecuador), tanto las Farc, hasta su desarme, como ahora las bandas han aprovechado la falta de contundencia de las autoridades del país vecino.

Esa situación fue crítica en la primera parte del mandato de Rafael Correa y tuvo su máximo momento cuando ‘Raúl Reyes’ estableció un campamento permanente en el lado ecuatoriano de la frontera –el mismo que fue destruido por un bombardeo colombiano hace exactamente 10 años–.

Y aunque al final de ese gobierno y durante la presidencia de Moreno la colaboración binacional en seguridad ha mejorado ostensiblemente, lo cierto es que el narcotráfico colombiano y los antiguos contactos de la guerrilla se asentaron al sur de la frontera. No en vano, en Esmeraldas han sido incautadas este año más de 6,5 toneladas, mientras que en todo el año pasado, en el país vecino fueron descubiertas 110 toneladas del alcaloide, especialmente en el Pacífico.

Esas rutas de salida de la droga procesada en Colombia son las que pretende hoy controlar ‘Guacho’. Las trazas (rutas), además, se han multiplicado desde que el gobierno de Correa sacó en el 2009 de territorio ecuatoriano a los equipos de inteligencia que Estados Unidos mantenía en la base militar de Manta.

Periodistas de Colombia y Ecuador continuarán trabajo en la frontera

Periodistas presentes en la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), que se lleva a cabo en Medellín este fin de semana, anunciaron un cubrimiento conjunto sobre la situación de orden público de la frontera colomboecuatoriana.

Comunicadores de ambos países dijeron que el mejor homenaje a los periodistas ecuatorianos es continuar con el trabajo que ellos estaban haciendo. Gabriela Vivanco, vicepresidenta editorial del diario ecuatoriano La Hora, expresó que la iniciativa es una señal de unidad y tiene por objetivo lograr el intercambio de información transparente sobre el crimen de los periodistas y la realidad que vive la frontera.

El otro objetivo, añadió Vivanco, es que los periodistas que trabajan en zonas álgidas de ambos países sientan respaldo y puedan compartir experiencias sobre “el manejo de la información y los protocolos de seguridad que tienen en las zonas de conflicto”.

Entregaron sus vidas al oficioJuan Javier Ortega Reyes
Periodistas secuestrados en Ecuador

Javier Ortega, periodista de 32 años. 

Foto:

Facebook: Javier Ortega

Amante del fútbol y seguidor del Barcelona de España, a sus 32 años gozaba del reconocimiento de sus colegas por sus trabajos periodísticos relacionados con seguridad.

Ingresó hace 10 años al periódico El Comercio en calidad de practicante,
pero su compromiso y pasión con el oficio lo convirtieron en reportero de planta.

Su adolescencia la vivió en España, a los 18 años regresó a Quito e inició sus estudios de comunicación.

Sus escasas horas libres las repartía entre los partidos de fútbol en los que se sentía en los guayos de su ídolo, Leinel Messi, y su mascota, un perro pastor alemán.

Paúl Rivas Bravo
Periodistas secuestrados en Ecuador

Paúl Rivas, fotógrafo.

Foto:

Twitter: @inredh1

Heredó el gusto por la fotografía de su padre, y desde hace algún tiempo estaba compartiéndole esa pasión por el oficio a su hija Carolina, de 22 años. En su casa hay una colección de cámaras, la mayoría de ellas análogas.

Como fotógrafo de El Comercio, donde trabajó 18 de sus 45 años, obtuvo siete premios en Ecuador y otros tantos internacionales. En dos oportunidades se llevó el premio Jorge Mantilla y en una ocasión el Eugenio Espejo, por una serie de fotos de familiares de personas desaparecidas. Rivas estudió publicidad y realizó una maestría en fotografía documental.

Efraín Segarra Abril
Periodistas secuestrados en Ecuador

Efraín Segarra, el conductor de 60 años, encargado de movilizar al equipo de El Comercio.

Foto:

Daniel Tapia / Reuters

Segarrita, así le decían todos de cariño. Era conductor de profesión; con 60 años, había dedicado 35 al oficio, 16 de ellos en El Comercio.

Su muletilla, ‘mijo’, era su forma de expresar su respeto y cariño hacia los demás.

Estaba casado, y antes de partir de Quito a Mataje en la camioneta que la empresa le asignó, le expresó a su familia que estaba nervioso, pero que confiaba en regresar pronto.

Desde su timón fue testigo de grandes momentos de la historia en Ecuador, y muchos lo consideraban un periodista más, ya que su cercanía al oficio le daba la experiencia suficiente para aconsejar.

JUSTICIA
justicia@eltiempo.com
En Twitter: @JusticiaET

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