Así cayó ‘Soto’, uno de los narcos más buscados del Valle de Aburrá

Así cayó ‘Soto’, uno de los narcos más buscados del Valle de Aburrá

Tenía bajo su mando unos 250 hombres. Mensajes con su esposa lo habrían delatado.

El alcalde de Medellín había exigido su captura

Trasladado bajo fuertes medidas de seguridad 'Soto' a los juzgados de Medellín

Foto:

Policía Judicial - Interpol Dijín

17 de abril 2017 , 07:28 p.m.

El éxito para eludir a las autoridades por años de Carlos Mauricio Soto Isaza, ‘Soto’, fue mantener una vida de bajo perfil - sin escándalos, fiestas o mujeres - aunque la ropa de marca y ser ostentoso lo identificaban.

El día de su captura, miércoles 22 de marzo en el sector de Santa Teresita en Medellín, llevaba una manilla de oro con incrustaciones de diamante que formaban las iniciales de los nombres de sus dos hijos y un reloj avaluado en 30 millones de pesos.

‘Soto’ era uno de los delincuentes más buscados en el Valle de Aburrá, y en enero de este año el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez había pedido “su pronta aprensión”.

Soto Isaza, de 43 años tenía bajo su control una de las denominadas organizaciones delincuenciales integradas al narcotráfico (también conocidas como Odin) que tenía el nombre de ‘Picacho’ y que era integrada por unos 200 0 250 hombres.

La investigación adelantada contra esta estructura determinó, “que controlan el crimen organizado y narcotráfico en los municipios de Bello, Itagüi, Barbosa, Girardota y Copacaba en Antioquia, y comunas de Medellín como La Candelaria, Castilla y Doce de Octubre”, dijo a EL TIEMPO el general Jorge Luis Vargas, director de la Dijín de la Policía.

‘Soto’ tomó el control de la odin ‘Picacho’ en el año 2012, luego que se reportara la desaparición de Ferney Alonso Moreno López, ‘el Montañero’, un desmovilizado de las autodefensas, que para la época manejaba la estructura con gran injerencia en la zona centro de Medellín en cuanto a las extorsiones contra los comerciantes.

En cuatro años logró extender su poder criminal y se enfrentó en 2013 y 2014 a los emisarios del ‘clan Úsuga’, quienes buscaron tomar el control de las comunas para el narcotráfico.

Para esa época ‘Soto’ ya mantenía una relación amorosa seria y tenía un pequeño hijo. “Ese amor por su esposa y obsesión por mantenerlos prácticamente escondidos fue el que nos llevó a identificarlo y ubicarlo. Él era consciente de que su familia era un blanco para debilitarlo tanto por sus enemigos como por la Policía”, señaló la fuente.

‘Soto’ sabía que era uno de los hombres más buscados en Antioquia, pero a la vez uno de los más temidos por la ciudadanía 

Así fue la estrategia

‘Soto’ sabía que era uno de los hombres más buscados en Antioquia, pero a la vez uno de los más temidos por la ciudadanía porque en su afán de mantener el control territorial obligaba a desplazarse a familias enteras, ya fuera porque no pagaran la extorsión o porque no cumplieran con sus metas de venta de microtráfico, la pena: ser asesinados.

Para evitar ser ubicado mantenía cuatro o cinco casas y apartamentos de seguridad donde permanecía sin salir hasta dos semanas, en estos lugares recibía a uno que otro de sus emisarios y se veía bajo el mayor sigilo con su esposa. Era tal la desconfianza, y el temor de que atacaran a su familia, que a nadie informaba de sus encuentros”, señaló el general Vargas.

Su nivel de paranoia lo llevó a que, por ejemplo, en su solo desplazamiento cambiaba hasta cinco veces de carro, estaba solo, y la única persona con la que guardaba cierto tipo de amistad es Juan Carlos Mesa Vallejo, ‘Tom’ jefe ‘Los Chatas’ la segunda Odin más organizada en Medellín.

‘Tom’, es hoy día el hombre más buscado en Antioquia, a tal punto que Estados Unidos ofrece dos millones de dólares en recompensa por información que permita su captura.

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“‘Soto’ y ‘Tom’ son los herederos directos de la otrora ‘oficina de Envigado’ que hoy muto a la ‘oficina de Medellín’ que controla 17 estructuras criminales representadas en 120 combos en el Valle de Aburrá”, resaltó el director de la Dijín.

A ‘Soto’ le empezaron a seguir los pasos hace un año, cuando se conoció que los encuentros con su esposa eran más frecuentes resultado de su segundo embarazo.

“Él se cuidaba de usar medios electrónicos y la única persona con la que empezó a mantener contacto era con su esposa, y más al saber que estaba esperando. A su primer hijo, lo iba a ver jugar fútbol sin que lo viera, para no dejarlo en evidencia y ponerlo en riesgo”, señaló el investigador.

Ese cruce de mensajes de texto fueron los que facilitaron una eventual ruta de ubicación que se concentró en el barrio Santa Teresita, donde por 45 días se infiltraron 50 integrantes de la Policía que empezaron a ejercer diferentes roles hasta que el 22 de marzo lograron su ubicación.

“Ese día lo detectamos en un carro, trato de huir del cerco, fueron más de 30 minutos de persecución, casi cinematográfica, hasta que logramos detenerlo. Se identificó con una cédula falsa, pero estábamos preparados y por sus huellas dactilares fue plenamente identificado”, afirmó el investigador.

Un juez penal de control de garantías lo envío a la cárcel de máxima seguridad de Cómbita (Boyacá). Su esposa lo alcanzó a visitar antes de su traslado a Medellín a quien le pidió que se mantuviera lo más alejada de él por su seguridad y la de sus hijos.

JUSTICIA

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