‘Hay que dejar de pensar tanto en cifras de erradicación’: Mathiasen

‘Hay que dejar de pensar tanto en cifras de erradicación’: Mathiasen

De las casi 3 mil familias verificadas, el 91 por ciento ha cumplido pactos para acabar con la coca.

Bo Mathiasen, representante de las Naciones Unidas

Bo Mathiasen, representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

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Carlos Ortega / EL TIEMPO

28 de octubre 2017 , 11:00 p.m.

En entrevista con EL TIEMPO, el representante en Colombia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, Bo Mathiasen, dice que la sustitución de cultivos ilícitos es la vía correcta para que Colombia deje de ser el primer productor de cocaína en el mundo.

¿Cuál es el papel de la ONU en el proceso de sustitución de cultivos?

Nosotros somos un aliado del Gobierno en este proceso. Apoyamos en parte la implementación y estamos haciendo la verificación del cumplimiento de los campesinos, finca por finca.

¿En qué zonas ya han verificado la sustitución?

De las casi tres mil familias monitoreadas, el 87 por ciento han erradicado de raíz la coca. En Cumaribo, Vichada, cumplieron el 99 por ciento; en Puerto Asís, Putumayo, el 98 por ciento; en Briceño, Antioquia, la meta llegó al 91 por ciento; en San José del Guaviare, un 86 por ciento; y en Tibú, Norte de Santander, 48 por ciento.

¿Qué pasó con las familias que no cumplieron?

Cambiaron de idea por presión u otros motivos. Los que no erradican quedan fuera del programa. Los promedios han sido variables porque las familias, por ejemplo, dicen que tienen más coca pensando que les van a dar más plata, y eso es falso, el programa es igualitario. Lo otro es que no tienen una idea clara de cuánto es una hectárea. Y en Tibú hay presión. El programa se adelantó en Caño Indio, donde hay mucha coca y presencia de actores armados, por lo que es muy complejo hacer la intervención.

¿Hay presión para impedir la sustitución?

En algunas zonas donde hacen presencia el ‘clan Úsuga’, ‘Puntilleros’, ‘los Pelusos’, tenemos presión para sabotear el proceso. Pero tenemos ejemplos positivos como el de Tarazá, Antioquia, donde los cocaleros le pidieron a las autoridades que los ayudara a erradicar porque estaba llegando a la zona un grupo ilegal que los estaba presionando para seguir en la ilegalidad.

El programa empezó con un margen pequeño de familias inscritas, y hoy tenemos una participación voluntaria del 95 por ciento; esto funciona. Donde hay coca hay conflicto, y esto deja a la población en estado de vulnerabilidad. El desarrollo debe ser muy bien coordinado. La sustitución de coca es excelente, pero paralelo debe ir el tema de vías, de educación.

Donde hay coca hay conflicto, y esto deja a la población en estado de vulnerabilidad (...) La sustitución de coca es excelente, pero paralelo debe ir el tema de vías, de educación

¿Cómo se puede fortalecer el programa?

Es vital que se logre una comercialización de los productos, y para ello las vías son la base del desarrollo social. Hay que hacer centros de acopio y conectar a las comunidades con los centros de consumo.

Hacemos un estudio del suelo para saber qué es viable cultivar en la zona, luego vienen la capacitación y la visión de cómo se van a comercializar los productos. En Cumaribo, los campesinos que cosechan cacao lograron una alianza con una empresa chocolatera, y el Estado contribuye a través de la Fuerza Aérea, que transporta la producción. Tienen asegurada la comercialización y por eso están motivados.

La cifra de 100.00 hectáreas erradicadas es tema polémico. ¿Se cumplirá la meta?

Son metas ambiciosas, pero lo más importante es que el cambio sea sostenible. La apuesta de Colombia es el desarrollo alternativo, que implica tiempo y paciencia. La sustitución es la primera opción, pero hay que tener la segunda opción, porque si las comunidades cocaleras no quieren, entonces nos queda la erradicación forzada.

La apuesta de Colombia es el desarrollo alternativo, que implica tiempo y paciencia

¿Cuál es el papel de la comunidad internacional en este proceso?

Es importante que haya una clara comprensión de que estos programas son claves para la construcción de paz. En este momento, el apoyo bilateral más grande es el de Estados Unidos, que está trabajando en zonas donde hay coca en gran parte; pero ellos, por temas legales y legislación nacional, no pueden trabajar directamente en programas que vinculan a las Farc. Pero hay países que sí podrían aportar en el tema de los programas de sostenibilidad, como los europeos o Japón.

¿Algún día dejaremos de ser los primeros productores de coca?

Yo creo que sí. Tenemos que tener paciencia, dejar de pensar tanto en cifras, de presionar, porque estos procesos de cambios que involucran a miles de familias toman su tiempo. Vale la pena hacer esta inversión, y vale la pena hacerlo bien y con calidad.

ALICIA LILIANA MÉNDEZ
Redacción Justicia

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