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A Corabastos la azotan cuatro bandas

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A Corabastos la azotan cuatro bandas

Crimen en la principal central de abastos: Autoridades inspeccionan los cuerpos sin vida de un cotero y una mujer de 42 años. Extorsiones y el enfrentamiento entre bandas, principales causas de los homicidios.

A nombre de 'paras' y de milicias, extorsionan al comercio y venden droga. Van 19 muertos en 2012.

En Corabastos de Bogotá, la plaza de mercado más grande del país, se mueven a diario cerca de 25.000 millones de pesos en efectivo por la comercialización de 12.000 toneladas de alimentos de todo tipo.

Buena parte de ese dinero se queda en los bolsillos de comerciantes legales y de intermediarios, pero también, de lavadores de la mafia y de extorsionistas que trabajan a nombre de bandas criminales -que heredaron el negocio del bloque Centauros de las Auc- o de milicianos de las Farc.

Una de las organizaciones criminales de las que se habla es la de 'los Calvos', dedicada a la extorsión, el atraco y la venta al menudeo de droga. El negocio, dicen los propios vendedores, lo controlan hijos de una conocida comerciante de legumbres.

Pero también tienen fuerza, en la maraña de galpones y calles congestionadas de esta ciudadela comercial, el tráfico de armas, las apuestas ilegales, la trata de personas con destino a la prostitución y la indigencia y la disputa de políticos por apropiarse de votos para poner sus fichas en órganos de decisión.

La competencia de 'los Calvos' son 'los Magolos', 'los Pocholos' y 'los Pinocho', que recogen semanalmente una 'vacuna' que disfrazan de cuota para prestar seguridad.

"Aquí hay extorsiones y microextorsiones. Las primeras son las cuotas en dinero que cobran los delincuentes y las otras, las que debemos pagar con mercados a las bandas de atracadores. Si no contribuimos, la inseguridad nos dejaría sin clientela", le dijo a EL TIEMPO uno de los afectados.

Otro vendedor de frutas, que también accedió a hablar bajo la condición del anonimato,narró que, en los últimos años, los comerciantes le han venido pagando a una organización conocida como 'el Potro'.

¿Mito o bomba de tiempo?

Su principal líder era José Eliécer Escobar Neira, el 'Potro', quien se presentó hace 10 años como emisario de los 'paras'. Dicen que controlaba además una barra brava de un equipo capitalino. El 23 de abril de 2010, sicarios lo asesinaron en una cantina, a media cuadra de Corabastos. Esa noche también murió Gina Paola Martínez, sobre quien pesaba una orden de captura por narcotráfico. Los dos forman parte de la larguísima lista de muertos en los alrededores de la Central, que es considerada una de las zonas más 'calientes' de la capital.

Martínez era conocida en Corabastos como 'Luz Marina' y vendía frutas en la Bodega Reina.

Juan Carlos Escobar, un hijo del 'Potro' y de tan solo 20 años, estuvo a punto de perder la vida en el mismo episodio. Pero reapareció el año pasado con el cuaderno en el que su padre llevaba la contabilidad. El Gaula de la Policía lo capturó en diciembre en plena plaza.

No obstante, según el coronel Víctor Alfonso Rojas Silva, comandante de la Policía en ese sector, buena parte de lo que comentan los comerciantes sobre la inseguridad es un mito. "La influencia y supuesto poder de las bandas delincuenciales en Corabastos y sus alrededores ha desaparecido en un 90 por ciento", dice.

Agrega que el 31 de enero, tras varios seguimientos e investigaciones, capturó a 10 integrantes de esas bandas de extorsionistas. Y asegura que la señalada cabecilla de 'los Magolos' está detenida. Además, tres integrantes de 'los Calvos' murieron en noviembre en una balacera en una calle contigua a la plaza. Una de las víctimas resultó ser un joven de 14 años, quien agonizó tres días escondido.

Se estima que las 'ollas' de ese sector de Bogotá mueven unos 350 millones de pesos diarios; de ahí, la importancia de combatirlas. Durante los primeros meses del 2012, las autoridades allanaron 17 puntos de expendio, desmantelaron 70 y decomisaron 12 kilos de droga. Y en la mira de la Fiscalía hay 40 casas para extinción de dominio.

El problema es que los microtraficantes emplean a menores para burlar la justicia.

La Policía admite que ahora está alerta por las presiones de las que han sido blanco comerciantes de la plaza de las Flores por supuestos milicianos del frente 53 de las Farc.

El año pasado, a uno de los coteros las autoridades le encontraron un teléfono satelital y se investiga si era usado para contactar a algún grupo guerrillero.

La seguridad

Frente a este panorama, la Policía dispuso de 39 uniformados, en tres turnos, para cuidar las 42 hectáreas de la plaza. Además, hay una empresa privada de seguridad por la que se pagan 16.940 millones de pesos, cada 25 meses.

La combinación de ambas estrategias ha dado resultado, según el coronel Rojas. "A la fecha, se han presentado un total de 13 asesinatos en los alrededores de la plaza, 17 menos que en el mismo periodo del año pasado", anota.

En el 2011 la Policía se retiró por 15 días, y en ese lapso hombres armados empezaron a ofrecer seguridad privada y a pedir 2 millones de pesos mensuales por local.

El costo y la zozobra unieron a los afectados para hacer una petición respaldada con 7.000 firmas con el fin de que la Fuerza Pública volviera, pues dicen que no confían en la firma privada que tiene la responsabilidad.

De hecho, en un puente festivo -cuando la plaza queda sola-, a un mayorista de pescado le abrieron la caja fuerte y le robaron 300 millones de pesos. Luego, basados en grabaciones de las cámaras de seguridad, fueron capturados tres vigilantes como cómplices.

"Entonces, cómo podemos confiar en esa empresa. Preferimos que nos refuercen los policías", manifiesta un comerciante visiblemente asfixiado por el imperio de lo ilegal en esta plaza.

Abundan las apuestas ilegales

Autoridades dicen que es otra de las formas de extorsionar

Uno de los negocios más lucrativos entre bultos y guacales es el de las apuestas ilegales. El premio de 25 millones al ganador, que jugaba clandestinamente todos los días en la madrugada, era el primer paso para terminar extorsionado.

"Son muchas personas las que jugaban, y hace un tiempo el juego era controlado por los extorsionistas. Eran ellos los que decían quién se ganaba el premio", contó un experimentado hombre de negocios de verdura.

En las bodegas de Corabastos también se ofrecen rifas de todo tipo de bienes. Son juegos que no pagan impuestos y nadie los controla.

Participaron en este informe:
Martha Soto, Jhon Torres y Jairo Barón.
Redactores: Néstor López, Carlos Guevara, Nicolás Congote, Sair Buitrago, Paulina Angarita, Leo Medina, José Luis Valencia, Iván Noguera y Jhon Montaño.
Diseño Editorial EL TIEMPO. Departamento de Fotografía y de Infografía. Archivo: CEET. Unidad de Video CEET

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