CTI y Ejército mantienen investigaciones en cementerio de las Farc
Por: SAIR BUITRAGO MEDINA |
Guerrillero de las Farc.
Foto:12 hombres del CTI y 150 militares llevan 17 días cavando en zona roja. Han hallado 7 cuerpos.
En mayo de 1999, Émerson Herrera Correa tenía 18 años y decidió alejarse del mundo material y vivir en un refugio en las montañas del Caquetá, cerca de la antigua zona de despeje. Desde esa época nada se sabe de él ni de otros 16 integrantes de la comunidad gnóstica que lo acogió.
El secuestro de los miembros de esa comunidad religiosa, que habrían sido torturados y asesinados por las Farc, provocó una de las grandes crisis de la negociación de paz del Caguán y ahora, 13 años después, sus familiares, que se resistieron a abandonar la región a pesar de las presiones de la guerrilla, creen que en las fosas que exhuman la Fiscalía y el Ejército en Cartagena del Chairá podrían estar sus seres queridos. "Dicen que los hicieron caminar mucho antes de asesinarlos. Yo les pido que usen las pruebas de ADN que nos tomaron en Justicia y Paz para verificar si ellos están en esa fosa", dijo Sirley Herrera, hermana menor de Émerson (ver recuadro).
Búsqueda de la fosa
Un guerrillero preso en una cárcel de Bogotá sería la clave para encontrar el cementerio en el que las Farc habrían enterrado a un centenar de personas, entre ganaderos, campesinos y sus propios hombres.
La Fiscalía espera un permiso para sacar de la cárcel al desmovilizado, que se comprometió a guiar a 12 peritos del CTI y 150 militares al lugar que, según varios informantes, es uno de los grandes cementerios de las Farc.
Hace un mes, el jefe de uno de los grupos antiterroristas del CTI de la Fiscalía recibió una llamada de dos antiguos guerrilleros que en otras ocasiones han entregado información para dar golpes al bloque sur. Dijeron tener la ubicación del sitio en el que había cien fosas comunes con al menos 500 cuerpos.
La información fue analizada con inteligencia militar y hace 20 días se dio luz verde a la operación para penetrar a una complicada zona selvática y montañosa en la que aún hay fuerte presencia guerrillera.
Los dos informantes fueron citados en un punto de Florencia y de allí salieron con los militares y los peritos de la Fiscalía hacia el sitio en donde ya encontraron, a mediana profundidad, las primeras cinco fosas. Había siete cadáveres.
Antes de iniciar la exhumación, expertos antiexplosivos se aseguraron de que la zona estuviera despejada y sin trampas.
Las fosas estaban cubiertas por maleza y no fue fácil ubicarlas por lo espeso de la vegetación. En ellas, cubiertos con plástico blanco, estaban los cuerpos: seis hombres y una mujer. Uno de ellos aún tenía ropa de civil y a otro se le encontró amputada una de sus piernas. Esos rasgos ya hacen parte del expediente de la Fiscalía para su identificación.
Pero el grupo de peritos, que tardó ocho días para llegar al sitio señalado por los informantes, perdió el rastro y lleva varios días cavando sin encontrar ninguna fosa. Los investigadores volvieron a entrevistar a los informantes, que eran del frente 63, quienes se ratificaron en su información y uno de ellos dijo que inclusive presenció el asesinato de varios de sus compañeros, que, luego de participar en la sangrienta toma de la base del Billar en marzo de 1998 (en el ataque murieron 64 soldados y otros 43 fueron secuestrados), fueron ejecutados por supuestos actos de indisciplina y cobardía y enterrados en el sitio.
A pesar del estancamiento de la operación, los investigadores han señalado que no se darán por vencidos y mantienen la búsqueda en medio de difíciles condiciones. Creen que el exguerrillero preso dará la clave para reiniciar la búsqueda.
"Ha pasado mucho tiempo y la selva ha cambiado. Confiamos en que el nuevo informante tenga las coordenadas del sitio en el que enterraron a sus víctimas", dijo un investigador del CTI.
Las autoridades estudian el pago de una recompensa para los informantes, según los resultados que arrojen las excavaciones que se mantienen en la zona.
Su rastro se perdió hace 13 años
Desmovilizados en justicia y paz no han hablado del crimen
Según los habitantes de Puerto Rico (Caquetá), Émerson Herrera y sus compañeros fueron acusados de paramilitares y asesinados. Su hermana Sirley dijo que, luego de la desaparición, intentó preguntar a las Farc qué habían hecho con su cadáver. "Fuimos al retén del despeje y buscamos a 'Jairo', que decían era quien se los había llevado, pero ese día él estaba muy ocupado atendiendo a las mamás de los uniformados secuestrados y no nos recibió", señaló y recordó que tuvieron una discusión con los guerrilleros y fueron expulsados del lugar. Hasta el año pasado -dijo- guardó la esperanza de que su hermano estuviera vivo, pero ahora solo quiere recuperar su cuerpo. Agregó que el caso no se ha movido en la Fiscalía y ningún guerrillero de las Farc ha confesado qué pasó con los gnósticos desaparecidos.
SAIR BUITRAGO MEDINA
Redactor JUSTICIA
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