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Marzo 23 de 2008

Historias de esclavitud, explotación sexual y miseria son otra cara de la migración latinomericana

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Foto: GDA/ El Universal / México
Ana Gabriela Martínez junto a su mamá, Ana Isabel Mata, afuera de su humilde hogar en Queretaro. Muestra una foto de sus padres de hace un par de años, antes de su dramática aventura en Bahamas.

Una pareja mexicana, una joven argentina y dos hermanos bolivianos vivieron en carne propia el drama de salir de su tierra y enfrentar situaciones denigrantes.

Como esclavos en una isla del Caribe

Hace un año, Ana Isabel Mata y su esposo, el repartidor de tortillas Juan Gabriel Martínez, tocaron a la puerta de Leonarda Olvera, una mujer que ofrecía lo más parecido a la salvación: un trabajo muy bien pago en una isla caribeña que le permitiría a la pareja construir su casa propia y saldar la deuda del terreno que habían adquirido para ello.

Ana Isabel quería escuchar con sus oídos lo que su esposo le había contado entusiasta horas antes con los sueños envueltos en la cifra de 500 dólares de salario a la semana.

La mujer les mostró, incluso, fotografías en las que aparecían trabajadores comiendo alrededor de una hoguera y trabajando frente al mar. "Juan se emocionó", recuerda Ana Isabel.

Parecía que aquello les resolvía la vida. Hace poco, el matrimonio había adquirido una deuda de 7.400 dólares para comprar un lote a las afueras de Pedro Escobedo, un municipio a 45 minutos de la capital de Querétaro y a más de tres horas de Ciudad de México.

Ya habían construido dos cuartos en madera y el posible salario significaba el pago de la deuda y un excedente para cambiar la madera por concreto. Además, podrían deshacerse del gasto de la primera comunión de sus dos hijos: Ana Gabriela, de 8 años, y Juan Manuel, de 12.

"¡Me voy, va a valer la pena!", le dijo Juan a su mujer a la mañana siguiente del encuentro con Olvera.

Cinco meses después, en los diarios nacionales circuló la noticia de seis mexicanos que denunciaron trabajar en condiciones de esclavitud en una isla Bimini, en Bahamas.

Dijeron haber sido enganchados por contratistas que trabajaban para la empresa Rav Bahamas. La denuncia motivo una visita del diario El Universal, en la que se pudo comprobar que les retenían el pasaporte hasta que cumplieran su contrato, que si alguien quería regresar a México tendría que trabajar tres meses sin goce de sueldo, así que era mejor aguantarse.

También había colombianos

La gran mayoría de los más de 50 mexicanos que aún había en la isla no tenía permiso de trabajo, no podía enviar dinero y durante varios meses no contó con el equipo de seguridad necesario. Varios de los trabajadores hablaban de cumplir su contrato como si se tratara de una condena carcelaria.

De aquella historia -en la que también estuvieron involucrados migrantes colombianos, dominicanos y hondureños- en Querétaro queda una cicatriz que aún no cierra y que podría representar consecuencias graves para Juan Gabriel Martínez, que dejará de caminar si no es operado. Necesita seis tornillos de platino y una operación en la columna que cuesta 9.300 dólares.

Gracias a Ana Isabel Mata, la caída de Juan Gabriel desde una altura de casi ocho metros quedó al descubierto. Le dieron casi un año de incapacidad, pero la empresa lo mantuvo en el área de trabajo lo más que pudo.

'Trabajando de siete a siete'

Juan Gabriel llegó un lunes a Bimini y llamó a su mujer como a las tres de la tarde. "Ya llegamos, todo aquí esta mal. Nada es cierto. Todo es mentira. Ponte a trabajar para pagar lo que debemos, no puedo hablar más", fueron sus primeras palabras.

Ella le hizo caso. Comenzó a planchar y a lavar lo ajeno. Unas veces comía con su madre, otras con su suegra.

La siguiente llamada entró un sábado y confirmó que las cosas no estaban bien: trabajaban de siete a siete; no los dejaban salir del área dónde trabajaban; sólo comían arroz y frijoles y lo máximo que les iban a pagar era 600 dólares quincenales, 'aunque todavía no'.

Ana Isabel volvió a tocar la puerta de la Leonarda Olvera, quien le dijo que si quería que su esposo regresara tendría que pagar 4.500 dólares, una suma imposible para ella.

Tras tocar muchas puertas, y ser tildada de mentirosa y revoltosa, la historia llegó a la prensa. Gracias a ello, Juan fue de los primeros en volver y todo quedó al descubierto.

"No traemos a nadie engañado, damos un contrato. Traemos a mexicanos desde 1997. Lo que pasa es que muchos vienen a echarle ganas y otros no", dijo la vicepresidente de Rav Bahamas, la cubana Mercedes Thomas Capo, a El Universal.

ALEJANDRO SUVERZA
EL UNIVERSAL/MÉXICO

La trata de personas, negocio sin fronteras

"¿Querés ganar en dólares? Convocamos señoritas de 18 a 25 años para fotos y videos; 300 dólares diarios. Acepto SMS y llamadas públicas. La producción se realizará en Buenos Aires. Viáticos y estadía paga"

Promesas como esta, contenida en un aviso comercial de un diario de la frontera argentina, son utilizadas por bandas para atraer, en su mayoría a mujeres, y esclavizarlas en prostíbulos o enviarlas a alguna ciudad que no conocen. También se usan para captar personas y esclavizarlas en trabajos clandestinos.

Cynthia Bendlin, consultora de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en la Triple Frontera (Paraguay, Brasil y Argentina) explicó: "La porosidad de la frontera y los distintos niveles de gobierno que tienen jurisdicción en la zona complican mucho la lucha contra la trata de personas.".

"En muchos casos el reclutamiento está a cargo de algún familiar o persona conocida que cobra entre 1.000 y 1.500 pesos por la captación y el traslado", dijo un funcionario de Puerto Iguazú.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que en la Triple Frontera al menos 3.500 chicos y chicas menores de 18 años están en situación de explotación sexual.

El 'Estudio exploratorio sobre trata de personas con fines de explotación sexual en Argentina', de la OIM, estima que por una mujer se paga entre 1.000 y 5.000 pesos, dependiendo de la zona, de la edad y las características de la 'mercadería'. La práctica más común de captación es el engaño, pero está extendido el secuestro.

La OIM identifica a Misiones como el área principal de reclutamiento. "Hay un predominio de la trata interna, pero también se detectaron casos de trata internacional, sobre todo de mujeres paraguayas que ingresan por Misiones y Entre Ríos", dice el informe.

Sin embargo, no solo la explotación sexual es el tema preocupante. También lo es el reclutamiento mediante engaño con fines laborales. Y es uno de los temas que más preocupa a la comunidad internacional. Se trata del tercer negocio más rentable del mundo, luego del tráfico de drogas y de armas, con ingresos de 32.000 millones de dólares, según la OIT.

El Instituto contra la Discriminación (Inadi) recibió 178 denuncias entre marzo y diciembre del año pasado, el 70 por ciento de ellas referidas a situaciones relacionadas con la explotación sexual de mujeres, y el 22 por ciento, al trabajo esclavo.

LAURA ROCHA
LA NACIÓN/ ARGENTINA

Muchas esperanzas, pero muy pocos resultados

En una ciudad de casi 11 millones de habitantes, miles de personas se mueven en las sombras, con miedo al gobierno, la policía, el patrono y el mañana. Son los inmigrantes ilegales, en gran medida bolivianos. La Pastoral del Inmigrante estima que existan 200 mil bolivianos viviendo en Sao Paulo, más de 50 mil ilegales.

Entre los clandestinos, una realidad impensable: 12 mil personas en régimen de esclavitud, en los cuartitos minúsculos de los talleres de costura de barrios tradicionales como Parí y Brás.

Roberto y Edwin llegaron hace dos años para intentar una vida mejor en Sao Paulo. Roberto, el mayor, con 24 años, completó el segundo grado y quería estudiar en Brasil. No lo consiguió. Edwin, de 21 años, ya no piensa en estudiar. Los dos trabajan seis días a la semana en un taller en Brás.

Viajaron en autobús cuatro días para llegar. Muchas esperanzas y pocos resultados. La ilegalidad, el bajo salario y la soledad los empujan a Bolivia. "Tengo mucha añoranza de mi familia", dice Roberto.

Los dos solo habían visto el gigantesco parque Ibirapuera por television. A invitación de O Globo, lo conocieron. "¡Es muy bello! ¿Cuándo fue hecho?", se emocionó Roberto, mientras su hermano Edwin, muy tímido, apenas sonreía. Aún una salida gratuita como esta les pesa en el bolsillo. Demanda pasaje de autobús, un lujo para quienes viven para el trabajo y solo piensan en juntar dinero para la familia.

TATIANA FARAH
O GLOBO/BRASIL

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