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Tesoros de un papá coreano 'hechos' en Colombia

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Tres mujeres que han crecido entre dos culturas, con valores éticos y morales bien definidos.

Samil Yang solo tiene palabras de agradecimiento para Colombia y mucho más cuando mira con orgullo a sus tres hijas, nacidas en nuestro país y quienes lo hicieron sentir y vivir la paternidad en toda su plenitud.

Llegó hace treinta años, proveniente de Corea del Sur, y aunque inicialmente solo pensaba en estudiar sobre América Latina y luego regresar a su patria, por cosas de la vida se quedó aquí, luego trajo a su esposa también coreana y hoy trabaja como presidente de la Fundación Cultural Asia Iberoamerica, promoviendo el arte, la cultura y los valores de Asia en esta región.

Cuando nacieron sus hijas, pensó en regresar a Corea, pero las niñas quisieron seguir en Colombia y terminar sus estudios. Las dos mayores están en la Universidad de Los Andes, donde él se formó también, y la menor, está en sexto grado.

"Espero que cuando sean profesionales puedan contribuir en algo con la sociedad colombiana", dice el orgulloso padre. "Quiero que ella sea la primera embajadora colombiana en Seúl. Es mi sueño", aclara con insistencia, refiriéndose a la mayor de las mellizas, mientras sus hijas sonríen. "Y que la otra sea gerente de una multinacional colombiana en Corea, por qué no", complementa.

Cuando se es padre uno recuerda su niñez y "toda la deuda que he tenido con mis padres la estoy pagando con mis niñas", dice, entre risas. "Uno se vuelve más profundo, aprende más de la vida todos los días. Aunque nacieron aquí, su apariencia es oriental, y han tenido que luchar para que las acepten como compañeras de su ambiente natural, no como extranjeras. Es un proceso difícil.

Además, son niñas, y uno se preocupa, cuando llegan tarde, de una reunión social, no puedo dormir. Quiero ir a recogerlas; antes lo hacía, pero ahora dicen que no las recoja. Por lo demás, Colombia ha sido muy generosa conmigo. Estoy orgulloso de la formación profesional propiamente colombiana".

Obviamente, hay momentos difíciles. El más duro, recuerda, fue cuando tuvo que ir a trabajar a Corea, y como su familia estaba en Colombia, venía cada tres meses y se quedaba con ellos una semana, y volvía a partir. "Era el momento de la adolescencia de las niñas mayores, creo que si hubiera estado podía haber tenido vínculos más importantes. Obviamente, mi esposa luchaba para tener ese rol de papá y mamá. Fueron como tres años. Ella es como el puente entre las dos culturas, las niñas aprendieron coreano a través de la mamá, más que de mí y entendieron que hablar más de un idioma es también muy provechoso".

En vacaciones han estado en Corea, conociendo a sus familiares, aprendiendo sobre su otra cultura, afianzando el valor de la familia.

"Los compañeros nos dicen que tenemos el chasis coreano, aunque todo lo demás es colombiano", comentan las hermanas mayores. "Suena a un elogio", agrega su papá.

Y algo que es claro en este hogar, y que refleja la herencia coreana, es que el padre es la figura de autoridad, el que aconseja, incluso a la hora de elegir carrera. "Yo quería que estudiaran algo con ciencias sociales. Hay que visualizar la vida profesionalmente en unos diez o veinte años", agrega.

Insiste en que "papá es guía, es el que vivió los primeros pasos que las niñas van a seguir, aunque no puede vivir por ellas. Si pudiera... Pero, soy solo el guía, el de las normas, la disciplina, el que establece las reglas. Además somos cristianos, es otro valor básicamente que nos une, nos permite tener confianza".

Los detalles no faltan, incluso algunos se guardan como un tesoro. "Me gusta ver que mi papá guarda cosas, una vez encontré un dibujo que yo hice cuando estaba como en primero. Me gusta eso, uno de niño hace muchas cositas", dice Nayoung.

Y aunque no es fácil tener una relación amistosa con los hijos adolescentes, Samil Yang se siente orgulloso de su esposa y de sus hijas, de la relación de confianza que hay desde siempre. "Quiero ser recordado como un papá que hace mucho esfuerzo para que ellas crezcan bien, con valores, con principios".

En Corea se celebra el Día del Padre y el de la Madre el mismo día. Y aquí, cuando están todos, siempre tratan de compartir en familia.

Y ellas qué dicen

"Como papá, siempre va a tratar de buscar lo mejor para uno, aunque a veces da rabia porque no son las cosas como uno quiere. Todo lo hace por mi bien. Es un gran papá", dice Nari, la melliza mayor.

"Es súper exigente, súper protector. La manera en que lo comunique marca la diferencia, y en nuestro caso, detrás de esto siempre está el amor y el deseo de que uno salga adelante", dice Nayoung, la otra joven.

"Para mí, papá no tiene definición", afirma Jeewon, la menor (lo que despierta gran ternura entre sus hermanas y su padre). "Es una gran responsabilidad, hay que tener una simpatía grande con las hijas y difícilmente se puede decir algo del papá", agrega.

Marisol Ortega Guerrero
Subeditora de Temas Especiales de EL TIEMPO

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