Radamel García le hizo un gol a la vida
Por: CLAUDIA C. GARCÉS GARCÍA |
Este exfutbolista solo desea estar en familia en el Día del Padre, incluido su hijo Falcao.
Es estricto y tan puntual como un lord inglés, dos cualidades que aprendió de su madre, de origen británico, pero que también lo hacen ver radical y, en cierta forma, adusto. Sin embargo, sus palabras y su mirada muestran a un ser de paz y de mucha fe, al que lo mueve el amor por sus tres hijos, por Dios y una enorme pasión por el deporte.
Es Radamel García King, futbolista colombiano, que en los años 70 y 80 dejó su huella como defensa en Santa Fe, Unión Magdalena, Deportes Tolima, Deportivo Independiente Medellín, Bucaramanga y hasta en el Deportivo Táchira, en Venezuela, que fue el trampolín para ingresar a otros grupos en el vecino país, como el Mineros, El Vigía y Monagas.
Inició específicamente en 1975, en la Selección Magdalena, equipo con el que conquistó el Campeonato Nacional; y terminó en 1994, cuando se retiró para asumir otro importante reto profesional, ser director técnico.
Sus 20 años de carrera fueron el principal legado para su hijo, Radamel Falcao García Zárate, hoy considerado uno de los mejores futbolistas del país y uno entre los cinco más destacados del mundo; estrella del balompié en el Viejo Continente, en donde acaba de distinguirse como el máximo anotador de la UEFA Europa League, con su equipo, el Atlético de Madrid.
Para este samario, nacido el 9 de noviembre de 1956, Falcao es uno de sus principales orgullos, pero no solo porque cada día le demuestra que el alumno supera al maestro, sino porque es un hombre íntegro, tanto fuera como dentro de la cancha, y muy disciplinado.
Confiesa que le satisface cómo, a su corta edad, y en menos de siete años ha alcanzado tantos triunfos en equipos destacados en Argentina, Portugal y España.
"Desde antes de que naciera, yo quería que jugara al fútbol, pero cuando comenzó a caminar buscaba el balón para patearlo, sin que nadie le dijera nada. Por eso, creo que la pasión que hoy tiene es cuestión de genética, de sangre. A medida que crecía me pedía que lo involucrara en los clubes en los que yo jugaba, en los que dio los primeros pasos hacia el éxito", sostiene.
Radamel hoy es entrenador de un club para niños que lleva su nombre, en el que enseña las mejores técnicas del balompié en Bogotá, y del que ya han salido grandes promesas, como Édgar Felipe Pardo, que jugó en Medellín. Allí no solo les transmite que siempre se deben conquistar las primeras posiciones, con esfuerzo, disciplina y dedicación, sino también que lo hagan sin dejar de evolucionar como personas y sin olvidar que Dios lo da todo. Y eso, precisamente, es lo que siempre le ha transmitido a Falcao.
Un padre orgulloso
Radamel García, de una estatura imponente, quien sueña pasar su jubilación en Santa Marta, en una casa frente al mar y disfrutando de sus platos favoritos, como el ceviche, el arroz con camarones y toda clase de pescados, se considera un padre consentidor, pero a la vez exigente.Además de 'El Tigre', como le dicen a su primogénito, es el papá de dos jovencitas que también lo llenan de grandes satisfacciones, Melanie y Michelle (de 18 y 16 años de edad, respectivamente), quienes practican el tenis, disciplina a la que él también se dedica desde hace 14 años, y en la que hoy tiene la autoridad para exigirles los mejores resultados.
"Quiero que sean las primeras en lo que hacen, como su hermano; que se destaquen y que nunca pierdan la pasión. Ellas también estudian, la más pequeña termina bachillerato, y la otra adelanta idiomas en la universidad. Me siento un hombre afortunado al contar con una familia tan entregada y tan amorosa", argumenta García King, quien pese a las cosas buenas que ha recibido en su vida, cree saber tomar tanto los triunfos como las derrotas, con mucha sencillez, sin dejar que lo atortole la altivez.
Mañana, cuando se celebra el día del padre, no anhela más como regalo que estar al lado de su familia y de su hijo, a quien extraña con vehemencia. "Se fue desde tan pequeño de casa, por cuestiones deportivas, que quisiera que pudiéramos reponer el tiempo.
Somos muy buenos amigos, y desearía que nunca se perdiera la confianza y ese amor tan profundo que nos une", dice.
Precisamente, ahora cuando Falcao tenga sus vacaciones, le encantaría que pudieran darse una vuelta por Miami, quizás para sentarse a chupar un helado, en cualquier parque, y poder conversar sin parar.
Claudia C. Garcés García
REDACCIÓN EL TIEMPO

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