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'No permitiré que nadie hable mal de Julio César': Amparo Canal

Por: MARÍA ISABEL RUEDA | 8:59 p.m. | 04 de Diciembre del 2011

Amparo Canal de Turbay

El espíritu del ex presidente se percibe en cada rincón de la casa de Amparo Canal de Turbay.

Foto: Claudia Rubio / EL TIEMPO

Viuda de Turbay cuenta por qué está molesta con Beatriz González, Piedad Córdoba, entre otros.

Usted ha escrito cuatro libros de poemas. ¿De dónde nació su alma poética?

Mi vena poética salió de la vida con mi esposo, el ex presidente Julio César Turbay. Estábamos de embajadores en el Vaticano. El primer poema que escribí fue a Cúcuta, mi ciudad natal, pero lo escondí. Y un sábado lluvioso por la tarde, para cambiar la monotonía, se lo leí. Él no lo podía creer. Entonces traje lápiz y papel y le escribí uno a él. Yo sentía que me dictaban, que la mano me la guiaban, solo mirándolo a él. (Llorando) Se llama Pacto de amor: "Hagamos un pacto, amor. Tú no te vas sin mí, yo no me voy sin ti. Caminemos juntos en la vida y por la vida. Partiremos juntos hacia la muerte. No vamos a romper este pacto. Partir contigo es mi ilusión, y será mi suerte". ¿Cómo le parece?

Que usted sigue enamorada del ex presidente.

Todos mis poemas, incluso los que escribo hoy, son dedicados a él. Escribí uno para esta entrevista con usted, ya que con Julio César conocí el amor sereno: "¿Qué es el amor sereno? Es como levitar, caminar por el aire. Es como volar al son del viento. Como embrujarte con el amor. Es como enloquecer en una poesía, como bailar con tu pareja querida una bella melodía".

Muchas gracias. La poesía no es una necedad a ninguna hora del día. ¿A usted le importa que se burlen de sus poemas?

Puede que uno cometa charreras... Pero a mí no me importa. El Santos ese de Semana que escribe en la última página, perdón: se llama es Samper pero yo le digo Santos, se burla mucho de mis poesías. A mí eso no me importa. Pero como yo soy de vivo y de frente, me lo encontré el otro día por fin y le dije: 'Oiga, a mí no me importa que se burle de mis poesías, aunque me siento un poco perseguida porque me cogió de bobita. Pero eso sí le quiero decir: con Julio César Turbay no se meta'. Yo me subí dos metros y él se bajó al tamaño del coche donde iban dos mellizas que tiene. La amiga con quien yo iba le dijo: 'Más bien dedíquese a cuidar sus niñas y no escriba más'.

El Presidente le respondía con cartas...

Así es. Mire esta carta fechada el 3 de septiembre del 2001, en la que me dice: "Amparo adorada: hoy se cumplen quince años de nuestro matrimonio y debo confesarte que mi amor por ti es más firme, más fuerte y más sólido que el día de la boda. He aprendido a quererte y admirarte por tu bondad, que es, al mismo tiempo, altiva y sencilla. Besos, Julio César Turbay Ayala". Julio César lleva de muerto 6 años y dos meses y medio. Y me hace falta todos los días de mi vida, a toda hora, cada segundo. (Llora)

Llore tranquila. ¿Qué es lo que quiere decir en esta entrevista?

La gente que quiso a Julio César lo amó. Pero hay otra que se empeña en ofender su memoria y no lo voy a permitir más. Ni una palabra contra Julio César voy a aceptar, porque él está muerto y no se puede defender. Aquí estoy yo para hacer eso.

¿Cree que el término "turbayista" se utiliza aún hoy injustamente?

Y no debe ser así, porque él fue el patriarca de Colombia. Antes que él ayudó a elegir a Carlos Lleras, a López Michelsen y a Misael Pastrana. Cuando Lleras quiso repetir, Julio César creyó llegado su turno y le ganó el Consenso de San Carlos. Fue un gobernante justo y de manos limpias. Elegante en todo el sentido de la palabra, de pensamiento, en el trato con los demás. Amigo hasta de sus enemigos. Y más allá de la palabra, amigo de sus amigos. Elegante hasta en el vestir. (Porque eso sí: él podía ser gordo en su figura, pero era elegantísimo.) Me toteo de la ira de que los que no lo conocieron ni siquiera ofendan su memoria. Por eso, con lo de Beatriz González no aguanté más y de ahí me vino la idea de romper mi silencio.

¿Qué pasó con Beatriz González, que está presentando una retrospectiva de su obra? Ella pintó mucho a Turbay...

A mí me parece perfecto que ella lo pinte. Incluso, quise localizarla, porque mis nietos fueron a un museo de EE. UU. y se emocionaron mucho de verlo pintado ahí. Tomaron fotos y me las trajeron. Se me ocurrió comprarle uno de sus cuadros con la imagen de Julio César, para tenerlo un tiempo en mi casa y después donarlo a algún museo. Pero un domingo abro el periódico y me encuentro con que Beatriz González dice: "Mis obras de los años 80 que parten de la figura del ex presidente Turbay Ayala aluden a sus comportamientos abiertamente ridículos y de mal gusto". A raíz de eso le escribí una carta muy dura.

¿Qué le dice a Beatriz en su carta?

"Hoy domingo al despertar, leo en el periódico sus palabras alusivas a los comportamientos ridículos y de mal gusto del ex Presidente Turbay Ayala. Yo digo lo mismo de sus cuadros. No les veo ni el arte ni el buen gusto. Quisiera encontrarme con usted en un juzgado para contarle muchas cosas maravillosas del ex Presidente Turbay Ayala, con quien compartí 19 años, diez días y 16 horas de felicidad. (Llora) Me duelen hasta el alma sus palabras." Firmado, Amparo Canal de Turbay.

Entonces, ¿cree que en la vida de Julio César Turbay jamás hubo ese tipo de comportamientos ridículos a los que alude la pintora?

No. Él era un hombre de pensamiento justo. Viví con él en los últimos años de su vida. Lo conocí muy bien. Más aún: le conocí el organismo. Yo quise estudiar medicina, pero por cosas de la vida no pude. Pero conocer su organismo ayudó a que él me tomara confianza.

Pero, ¿qué quiere decir con que le conocía el organismo?

Mire: un día le cerraron sobre los dedos de la mano la puerta del carro blindado. Lo único que dijo fue "¡ay!". Un médico le recetó un antiinflamatorio. Y al día siguiente, segundo día de novios, pasó a recogerme ¡con unos lamparones en la cara! Yo le dije: "Presidente (todavía le decía Presidente, imagínese), en la mesita de noche de Luis Raúl (mi primer marido) quedaron unas pastillas de Fenergán para la alergia. ¡Tómese dos!". Pues después el médico le dijo que yo le había salvado la vida. "¡Cero y va una a favor mío!", pensé. Pero así fue el resto de nuestra vida juntos. Muchos años después, para contarle otro caso, cuando éramos embajadores en Roma, él insistió en que había amanecido con infarto, primera vez que se quedaba en piyama. Yo estaba segura de que no estaba infartado. Lo tranquilicé, lo llevé al médico y el diagnóstico fue: 'baby cuore'. Yo tenía razón. Cuando en muchas oportunidades sus tres médicos le daban diagnósticos diferentes de sus dolencias yo siempre fui el árbitro. Él me miraba y yo sabía lo que tenía: le administraba su salud.

Hay quienes aún hoy asocian al ex presidente Turbay con clientelismo, con politiquería, con torturas en caballerizas... ¿Ese hombre que usted conoció no era así?

No era así. Para él estaba por encima de todas las cosas del mundo la Constitución de Colombia. Mire, por ejemplo, el trato que le dio al caso de la Embajada Dominicana. Aquí vino un día Rosemberg Pabón a decirle: "Presidente, gracias a usted tengo la vida". Pero quiero contarle otras cosas que me han dolido. El 7 de agosto de 1982, cuando Julio César le estaba entregando el palacio a su sucesor, Belisario Betancur, estaba la capitana, María Eugenia Rojas de Moreno Díaz, en la puerta. "Capitana, ¿usted por qué no entra a palacio?", le pregunté. Yo era amiga de ella. Y me respondió: "Porque no entro hasta que no salga el más corrupto de los gobiernos". Eso le dolió a Julio César toda la vida.

¿Y?

Póngame la respuesta a ella en puntos suspensivos...

¿A su muerte era un hombre rico?

Mire: él ni siquiera tocaba el dinero. Sentados en este mismo sofá, el primer día que salimos, me propuso matrimonio. Llevaba cinco meses de muerto mi marido y yo había trabajado con él tres años en palacio en relaciones públicas, y para mí siempre fue el señor Presidente. Porque las infidelidades no las conozco. Ni aun después de muerto le he sido infiel. Cuando me propuso, lo dejé hablar tres horas. Y me dijo: "Desde que usted quedó viuda, no he dejado de pensar en usted". Él tenía su matrimonio anulado y Nydia ya estaba casada. Pero me advirtió: "Lo único que le puedo ofrecer es mi pensión y una casa que me quedó de la separación de Nydia". Los ahorritos que trajimos de las embajadas entraron por el Banco de la República y nos quitaron la mitad. Así era él. Pagaba sus impuestos feliz. Un día me dijo: "Doctora Canal, no ha aceptado mi propuesta de matrimonio". A lo que yo le dije: "Con mi actitud, sí. Pero, Presidente, ¿qué vamos a hacer con sus novias?". "¡Yo no tengo novias!", me dijo. Y le saqué cinco. No se pueden nombrar. Una de ellas gringa, de 64 años. Ahí le ganaba yo. ¡Pero ella me ganaba en que tenía 400.000 dólares de sueldo! Aun así se casó fue conmigo. También tengo que decir que Petro habló muy mal.

¿Y qué le dice a Petro?

A él le deseo la mejor suerte como alcalde. Pero el día de la ley de honores para Julio César Turbay echó un discurso de dos horas en el que dijo horrores contra Julio César. Me quería morir, reventar, encontrar con él, pero me quedé con esa espinita. De los muertos no se puede hablar así, porque no tienen cómo defenderse. (Llorando) Hasta el día en que yo me muera yo sí lo defenderé. Piedad también lo traicionó.

¿Cómo así?

Cuando fue presidente del Partido Liberal, nombró de presidenta adjunta a Piedad Córdoba. A esta casa llegaba Piedad: "Ve, querida, por Dios, qué berraco ese Julio César, ¡qué hombre tan inteligente!". Hasta me traía regalos y de todo. Pero ella no tiene nada de "piedad": un tiempo después se refirió a él como "Turbay y sus 40 ladrones". Allá fue al entierro de Julio César, con su turbante; yo le puse una mano en el brazo y le dije: "A Julio César le dolió mucho esa frase suya". Y ella me contestó: "A mí también". Sin palabras. Eso la pinta perfecto. Y yo le hablé a él ese día en el cajón: "Julio César, moriste tú y murió tu gran Partido Liberal". Y mire en las que estamos...

Incluso, muchos andan reivindicando una de sus frases, por la que tanto lo criticaron: la de que la corrupción "hay que reducirla a sus justas proporciones"...

Aquí vino un día un historiador francés y nos dijo: "Es la frase más inteligente que he oído". ¿Qué país del mundo ha podido acabar con la corrupción? ¡Ninguno!

Una de las cosas que más se le reconocen al Presidente Turbay es la dignidad que tuvo con el secuestro de su hija, Diana, que era la niña de sus ojos. Nunca hubo una recriminación al Gobierno por su muerte, a propósito, en un rescate fallido...

Jamás. De su boca nunca salieron una queja, una palabra amarga, una recriminación. Yo pensaba: "¿Cómo voy a manejar esta pena?". Porque sabía del amor por ella. Él dijo: "Dios me la dio, Dios me la quitó". De ahí en adelante se hablaba de Diana, pero seguimos viviendo nuestra vida de romance en Roma. Él era un hombre de paz. Hasta esa pena la llevó con su alma pacífica.

¿Le importa que terminen criticándola por esta entrevista?

Seguro que me van a ridiculizar y no me importa. Porque de Julio César aprendí que en política uno tiene que tener piel de rinoceronte.

"Te amo en la creación de Dios / Te amo en tu forma de ser / y aun en mi soledad" (13 de septiembre del 2010, cinco años después de tu partida, Amparo).

María Isabel Rueda
Especial para EL TIEMPO

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