Historias de amor y de amistad que dan ejemplo
Por: REDACCIÓN ELTIEMPO.COM |
Niños, abuelos y los integrantes del grupo musical Wamba, cuentan cómo comparten este sentimiento.
Compartir no es nada fácil, pero sí es posible cuando se encuentran muchos 'ingredientes' en el camino, como lealtad, sinceridad, sentimiento, compañía, agradecimiento y convivencia.
Un futuro lleno de música
Hay amistades que nacen por cuestiones de trabajo, estudio y hermandad. Es el caso de la agrupación colombiana Wamba, cuya música y letras hacen parte del género tropipop. Camilo Salazar, vocalista; José Baquero, baterista; Miguel Ángel Rodríguez, percusionista; Juan Pablo Jaimes, guitarrista, y Camilo Zapata, bajista son sus integrantes, quienes han consolidado un grupo fuerte desde el 2006, cuando ganaron un intercolegiado de bandas, con la emisora 40 Principales.
Estaban terminando el colegio y fueron sus padres quienes firmaron su primer contrato discográfico, pues eran menores de edad.
Parecía algo pasajero, pero el amor por la música y el apoyo de sus familiares los impulsó a continuar y a construir sus sueños, respaldados por una gran amistad. Camilo asegura que el compañerismo, las vivencias que han tenido en viajes y escenarios han hecho que aprendan a conocer la personalidad de cada uno.
"Los recuerdos están en la memoria y en el corazón", dice.
Miguel Ángel, entre tanto, destaca los vínculos de amistad que se fortalecen día a día. "Cuando tenemos algún disgusto, lo solucionamos dialogando.
Es la mejor forma de seguir adelante. No hay amistad sin amor". Sentimiento que los hace crecer cada día y que se enriquece con el aporte de cada uno en su relación afectiva y en la música, en busca del mejor desempeño.
"La vida es un juego constante en el cual intervienen destino, fe, fuerza, dedicación, pero creo que lo más importante es meterle corazón a cada cosa que se hace, y demostrar que con trabajo, paciencia, constancia y mucho amor por lo que se hace, en la vida se pueden lograr grandes cosas, no solo como banda, sino como amigos", señala José, el baterista.
Camino en el que han compartido mucho y vivido anécdotas importantes. Cuando la agrupación Wamba viajó a Miami a grabar su segundo disco tuvo que compartir la misma habitación durante un mes y medio, experiencia que les ayudó a conocerse, a respetar la manera de pensar y las diferencias de cada uno.
Para Miguel Ángel, no debería haber un día para decir lo que se siente y demostrarlo. "Soy de las personas que vive diciendo 'te quiero'. Me parece importante demostrarlo cada día, con cada acción", señala.
Camilo sí considera el Día como una fecha muy especial y aprovecha para compartir con su familia, jugando al amigo secreto.
Lo demás es solo música, es la fuerza que los hace levantar cada día y crecer como seres humanos, cuyas letras les permiten llevar mensajes positivos a la sociedad, apoyar causas sociales, como a la Fundación Save the Children, y visitar colegios y poblaciones marginadas llevando alegría con sus canciones.
Camilo S., Camilo Z., Miguel Ángel, José y Juan Pablo, integran el grupo Wamba, que está lanzando su nuevo sencillo 'Canción del mes'.
Lorena Morales Patiño
Especial para EL TIEMPO
Juego de niños para toda la vida
La niñez es la edad propicia para hacer amigos y lo más bonito es que esa amistad no acarrera intereses, solo juego, alegría y compañía, como lo afirman ellos mismos."Yo tengo muchos amigos con los que jugamos fútbol. Los grandes no son amigos porque no juegan, solo trabajan", dice Nicolás Montañez, de 7 años.
"Con las niñas también jugamos. Y sería muy chévere que cuando seamos grandes podamos jugar todos y trabajar poquito", agrega, en medio de su inocencia y una gran sonrisa.
En su concepto, el trabajo es aburrido, porque no hay amigos para jugar. Y peor aún, cuando por su culpa los adultos no tienen tiempo para compartir con los niños.
"Mi mejor amigo se llama Steven, todos los días va al colegio y lleva juguetes. Cuando estemos grandes él quiere ser doctor y yo veterinario para 'salvar perros', y él me va a ayudar a salvarlos", agrega Nicolás.
Y no es ilógico lo que piensa, pues la amistad es un valor que se construye desde pequeños y que se cultiva día a día, y cuando hay raíces profundas perduran en el tiempo.
Entre tanto, Erik Ureña, un cucuteño de 13 años, también conoce el valor de la amistad y lo difícil que es dejar a personas por las que se tiene gran aprecio. "Cuando mis papás tuvieron que venir a Bogotá a vivir fue muy feo al principio. Yo tenía muchos amigos allá, así como todas mis cosas. No me gustaba. Ahora sí, porque también he encontrado buenos amigos. En el colegio me tratan bien", afirma Erik.
Su mejor amigo se llama David Quiroga, con quien comparte momentos en el estudio y el deporte. "Hacemos juntos las tareas, jugamos y él me ayuda en el estudio. Mi mamá Diana y la mamá de David dicen que es muy bacano que seamos amigos. Ellas también lo son".
Bryan Leonardo Pinilla Suárez
Especial para EL TIEMPO
Reflejo de un amor verdadero
Martha Elvia Hidrobo de Moreno y Luis Alberto Moreno de Hidrobo conforman una de esas parejas tiernas, sencillas y únicas, reflejo de costumbres que hoy se han perdido, llena de valores, de amor y de comprensión.
Son los abuelitos, cuchitos y parceritos, los consentidos de la familia, que dan ejemplo como padres y abuelos.
Su historia comienza cuando ella tenía 15 años y él 21. Martha vivía en Popayán y estaba en el colegio; Luis trabajaba en el Inpec, pero tuvo que viajar a Popayán, para investigar un caso, y un amigo le ofreció su casa. Ya se imaginarán quién vivía allí.
Empezaron miradita va y viene hasta que seis meses después se hicieron novios y él fue acogido muy bien en ese hogar. Seis meses más fueron suficientes para decidir casarse.
Lo hicieron a las 6 de la mañana, ya que en esa época los matrimonios solo se oficiaban a esa hora, en la iglesia de San Francisco de Popayán. Ella recuerda que tres horas después fueron a desayunar y perdió la argolla al lavarse las manos.
Pasado el susto, vino la celebración con la familia y los padrinos, en horas de la noche, con sancocho de pollo como fiesta de campo. No hubo luna de miel, porque no se acostumbraba.
Al año de casados, ella con 17 años y el con 23, tuvieron su primer hijo, Wilson Alberto; luego nacería Elizabeth. Con ellos decidieron, después de cinco años, venir a Bogotá, a vivir lo que ellos mismos definen como "experiencias buenas y malas, como toda relación.
Pero, siempre con amor, tratando de sobrevivir y de compartir cada instante con alegría". Luis fue escolta y ahora como pensionado, maneja un taxi.
En la capital nacerían Luz Mary, Patricia (quien falleció a los 4 años, por una enfermedad) y Luis Alejandro, ya adultos. Martha trabajó en el ministerio de Justicia durante 17 años, pero al unirse los dos ministerios recortaron personal y ella salió pensionada, uniéndose a la Legión de María, de la Iglesia Madre del Redentor, de Kennedy, es catequista y le encanta ayudar y compartir con las personas de la tercera edad.
Sus bodas de plata las celebraron con una misa en la iglesia de Bojacá, y ahora, por esta época de Amor y Amistad, se preparan para celebrar sus Bodas de Oro, una oportunidad para renovar su compromiso de 'amarse hasta la muerte' y dejar un legado lleno de bendiciones, de consejos y de amor a su familia.
Erika Johanna Hueso M.
Especial para EL TIEMPO
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