El diseñador Haider Ackermann llega al país para conocer sus raices
Por: NATALIA DÍAZ BROCHET |
A sus 41 años de edad se ha convertido en un genio de la moda mundial.
¿Qué le dicen las siguientes palabras? Bogotá y Colombia.
Raro y no raro. Tan lejos, tan cerca. Curiosidad. (Haider Ackermann nació el 29 de marzo de 1971, en Bogotá, y a los 9 meses salió hacia París, con sus padres adoptivos.)
París y Francia.
París es mi vida, soy feliz cada vez que me levanto allí. Es fuente de alegría. También es escape: caminas por la noche y tienes tanta historia que fantaseas, sueñas y tratas de construir historias. (Vivió sus primeros años allí, con sus padres franceses.)
Etiopía y Argelia, África.
La inocencia, la libertad.(Llegó a este continente por el trabajo de sus padres, cartógrafos de profesión.)
Amberes y Bélgica.
No pensé que fuera a ser mi futuro, pero sí, lo construyó. (Estudió Diseño en la Real Academia de Bellas Artes de Amberes.)
Al unir estas latitudes, ¿cómo sería el mapa personal y profesional de Haider Ackermann?
Uno sin fronteras, no hay límites; cada uno de esos lugares es parte de lo que soy hoy día.
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Y las raíces de ese hoy comienzan en Colombia; por eso está aquí, para conocerlas a sus 41 años de edad. "Estoy en un momento delicioso, de madurez, siento que puedo enfrentarme a todo. Cada cosa llega en su momento, es el destino". No trae expectativas, solo curiosidad y temores; uno de ellos, saber de dónde viene. Pero en 48 horas esos miedos se han reducido:
"Ustedes sonríen mucho, todos son sonrisas y orgullo".
Estará en Bogotá y Cartagena, y recibirá este jueves del presidente Juan Manuel Santos una designación honoraria. "Estoy honrado, sorprendido, deslumbrado, puedes poner todos los adjetivos que quieras. Es un honor estar aquí. Es tan raro, pero también tan cercano todo esto para mí".
(Viene acompañado de sus padres franceses y de su hermano franco-coreano.)
Otra parte de ese hoy, de ese reconocido diseñador que es (y que en Colombia apenas estamos conociendo), que desde hace 10 años es invitado a la pasarela de la Semana de la Moda de París, de quien Karl Lagerfeld dijo que lo podría suceder en la casa Chanel, o que sonó para reemplazar a John Galliano en Dior, corresponde a África. "Desde que era muy joven, he estado rodeado de mujeres, las cuales están llenas de misterios para mí.
En Argelia, ocultas tras el chador; en Etiopía, con sus largos trajes típicos, y una figura alargada como esculturas de Giacometti, queriendo llegar al sol. Mientras que en Amberes, que es gris y oscura, ellas van hacia el suelo. Siempre trato de entenderlas, en África no podía porque, primero, hablaban un lenguaje diferente y, segundo, tenían modales distintos. Llego a este trabajo tratando de entenderlas, pero creo que nunca lo voy a lograr del todo".
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Entonces, de esos lugares vienen los drapeados que usa en sus diseños, como tratando de vestir con una sola pieza de tela todo el cuerpo de la mujer.
Si se mira cómo se visten los monjes en el Tíbet, o las mujeres con sus saris en India, o las monjas en Europa, todo es un solo pedazo de tela, y nosotros estamos torturándonos y tratando de complicarnos la vida con patrones, cuando las cosas se pueden hacer con una sola tela, con la que ellas juegan. La elegancia de la mujer viene de ese movimiento con esa tela.
Estudió en Amberes, conocida como una escuela de vanguardia en el diseño, y ha vivido en París, ciudad del lujo, elegancia y glamur. ¿Cómo juegan estos aspectos en sus creaciones?
Más que eso, se trata de momentos de mi vida. Amberes fue un comienzo lleno de inseguridades, ansiedades, atormentado. Es una ciudad gris y opaca, y todo en mí era así. Ahora estoy atravesando un momento delicioso. París es una ciudad hermosa, estoy rodeado, acogido y apoyado por gente maravillosa que me hace pararme más erguido y mirar hacia adelante. Tengo mucho amor. Y todo eso lo tengo que aprovechar y traducirlo en elegancia y color.
¿Cómo es la mujer que lo inspira? ¿Ha evolucionado y madurado como usted?
Cuando comencé, no la conocía, no la entendía; ella no sabía de dónde venía ni a dónde iba. Era una mujer atormentada, complicada. Ahora, a lo largo de los años, está más cerca de la sociedad, y más cerca de mí; más parecida a lo que me está pasando.
Sus mujeres también tienen mucho de masculino.
Sí, las mujeres son más fuertes que los hombres y detrás de todo hombre hay una gran mujer. Las mujeres a mi alrededor tienen muchos más cojones que los hombres. Pero además es muy femenina, muy sexual y sensual, misteriosa, deseable.
Un color.
Rojo sangre, profundo, el de la primera gota.
Un material.
El cuero, es una segunda piel.
Una prenda.
Una bufanda, es elegancia, puedo esconderme detrás de ella.
Un accesorio.
Una esmeralda; me encantaría tener una. Y las gafas, no veo sin ellas.
Un lujo.
La familia.
Un momento del día.
La madrugada, cuando nadie está despierto, o muy tarde en la noche, cuando surgen las fantasías.
Aunque sé que no quiere dejar de ser Haider Ackermann, ¿cómo se siente cuando hablan de que podría ser el sucesor de Karl Lagerfeld, de John Galliano, que es el príncipe de la moda?
Es muy raro. Obviamente, me siento honrado y halagado, pero también, cuando leo los artículos, me parece que hablan de otra persona que no soy yo. Esos hombres son héroes y yo apenas soy un franco-colombiano, al que le están pasando cosas, y que tengo el lujo de tener una familia y unos amigos fantásticos, que me ponen los pies sobre la tierra.
En el 2010 hizo una colección de hombres para la feria masculina Pitti Uomo. ¿Volverá a diseñar para ellos?
Sí regresaría, pero voy paso a paso, y por ahora quiero aprovechar el momento que estoy viviendo con las mujeres.
Los últimos diez años han sido muy productivos en su carrera, con mucho reconocimiento. ¿Cómo se ve diez años hacia adelante?
En un sueño, lleno de esperanza, y en un más allá, creciendo más con mi equipo, con la gente que me rodea. Podría estar en otro lugar. ¿Cuál? La vida me lo dará. Vivo día a día, momento a momento, no puedo decir para dónde voy. Ahora estoy aquí.
NATALIA DÍAZ BROCHET
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