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El saber de los jaguares de Yuruparí, Patrimonio de la Humanidad

Por: CATALINA OQUENDO B. | 8:58 p.m. | 25 de Diciembre del 2011

Así son los indígenas que poseen un conocimiento tradicional para "curar al mundo".

En la cuenca del río Pirá Paraná, a 15 días en lancha de la capital de Vaupés, en el suroriente del país, habitan 2.000 indígenas de siete grupos étnicos que tienen una manera especial de proteger su territorio, un conocimiento tradicional para "curar al mundo" que acaba de ser reconocido por la Unesco como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

"El Hee Yaia Keti Oka es un conocimiento transmitido durante miles de años por nuestros ancestros para el manejo del ecosistema del territorio y sirve para asegurar la salud de las mujeres y la vida", explica Roberto Marín, miembro de la comunidad de San Miguel y parte de uno de los pueblos que comparten este conocimiento.

Roberto viajó a Bogotá junto a Rosa Marín para hablar de su calendario ecológico, de cómo usan sus recursos de forma controlada durante el año y de todos los rituales que la Unesco pide proteger.

Escucharlos es transportarse a historias míticas, a imágenes de anacondas que se convirtieron en humanos y que recorrieron el trayecto desde la boca del río Amazonas hasta el río Apaporis y luego emergieron en el río Pirá Piraná, donde se asentaron en 5.400 kilómetros cuadrados.

Los indígenas de estos pueblos (macuna, barasano, eduria, tatuyo, tuyuca, itana y carapana) hablan distintas lenguas, pero todos pertenecen a la familia lingüística de los tukano oriental. Se reconocen como hijos de Yuruparí, una anaconda que vivía como un humano, mucho antes de que existieran los humanos.

Según la historia, fue él quien les dio todo el conocimiento que tienen para vivir en la selva y les otorgó el poder a los médicos tradicionales "para realizar curaciones bajo unas normas que no pueden revelar", dice Roberto.

Rituales de iniciación

Justamente son los curadores quienes se encargan de uno de los rituales más importantes en estas comunidades, el Hee Biki, la ceremonia en la que los niños de 10 años se inician en la vida adulta y reciben el espíritu de Yuruparí.

En este proceso, que dura dos semanas, las mujeres que llegaron a la menopausia juegan un papel fundamental: son las únicas que pueden cocinar para los iniciados.

Pero no solo son importantes en este ritual. Las mujeres, en general, son las responsables de que no se acaben las tradiciones de los jaguares de Yuruparí. Se encargan de la nutrición de la comunidad y son "consideradas las soberanas del reino de los cultivos" y reguladoras del calendario ecológico por el que se rigen estos pueblos indígenas.

"Desde su primera menstruación, tienen unos procedimientos para que las fuerzas sobrenaturales no afecten su salud. Deben guardar dieta y no salir hasta que los médicos tradicionales las curen, hasta que vuelvan a estar completas", dice Roberto.

Su calendario se divide en épocas femeninas (secas) y masculinas (lluviosas), con nombres como la época del gusano, del fruto silvestre o del Yuruparí. En cada una de ellas, consumen cierto tipo de recursos para evitar que se agoten y realizan ceremonias de solicitud de permiso al bosque para tomar sus riquezas.Por eso se considera que su conocimiento es una muestra de cómo se pueden contrarrestar los efectos del cambio climático, pues adaptan su vida cotidiana para lograr un equilibrio con la naturaleza.

"Las épocas del calendario regulan que todas las actividades tanto de la mujer como del hombre frente a la naturaleza sean actividades sostenibles. Si no hacemos eso, estaríamos quebrando el orden de la naturaleza", explica Rosa.

Como un cuerpo humano

Para la antropóloga Silvia Gómez, de la fundación Gaia Amazonas, lo importante de que este saber se haya incluido como Patrimonio de la Humanidad es que "se trata de la primera vez que se reconoce a una cultura en su complejidad y en su integridad y no solo a una tradición aislada".

Reconocimiento que se dio gracias a la la Asociación de Capitanes y Autoridades Tradicionales Indígenas del Pirá-Paraná (Acaipi) y a la Fundación Gaia.

En palabras de los indígenas, su territorio es como un cuerpo humano.

"Los caños, las lagunas, las piedras son lugares donde pasa el pensamiento del indígena, son los órganos vitales de este cuerpo", explican.

La maloca es uno de esos puntos importantes de su sistema de conocimiento, así como los plumajes que se usan durante las ceremonias, el yagé, el tabaco y la coca.

"La coca es el elemento valioso para la permanencia del conocimiento", afirma Roberto.

Aunque todos estos han sido elementos comunes a las tradiciones indígenas del Amazonas de Colombia y de Brasil, es en la cuenca del Pirá Paraná donde se han mantenido estas costumbres, a pesar de todos los riesgos de que se acaben.

Amenazas que han llegado desde todos los frentes. La religión, en una época y, ahora, la minería. Riesgos que esperan evitar con la protección que brinda el estar en la lista de Patrimonio de la Humanidad.

"Para nosotros, es el momento de renovar esas prácticas para que el conocimiento que nos recomendaron los mismos dueños de la naturaleza para la salud de los seres humanos no se quede solo en la teoría", dice Rosa.

Catalina Oquendo B.
Cultura y Entretenimiento
diaoqu@eltiempo.com

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