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'Hoy, casado, soy un mejor sacerdote que antes': Alberto Cutié

Por: Redacción eltiempo.com | 10:02 p.m. | 01 de Febrero del 2011

Padre Alberto Cutié

El padre Alberto Cutié, con Camila, su hija nacida hace dos meses, y Ruhama, su esposa.

Foto: Archivo particular

En su libro, 'El dilema', se declara feliz en su vida de cura anglicano y padre de familia.

El sacerdote puertorriqueño Alberto Cutié ya era famoso antes de que una revista publicara una serie de comprometedoras fotos en las que él aparecía, en una playa de Miami, con quien hoy es su esposa.

El escándalo sobre el cura que daba misa pero que también presentaba uno de los programas más visto de la televisión hispana no se hizo esperar.

Hoy, a sus 41 años y convertido a la Iglesia Católica Anglicana, se declara pleno: sigue siendo un servidor de Dios, pero puede ser esposo y padre de familia.

Hace dos meses nació su primera hija, Camila. Y acaba de publicar su libro, El dilema, en el que narra detalles desconocidos de su historia. Confiesa, además, que muchos sacerdotes se ven sometidos a una vida de infelicidad y promiscuidad por normas de la Iglesia que, según él, riñen con una de las más inevitables condiciones humanas: el amor.

¿Por qué contar su historia en un libro?

Mi libro se llama El dilema porque es un dilema cuando un hombre que ama a Dios y a su Iglesia, a la vez se enamora y encuentra que, tal vez, Dios lo está llamando a ser un buen sacerdote como un hombre casado. ¡No soy el único. Lo que me pasó les pasó a 100 mil curas! Esta semana descubrieron una carta que escribió el Papa Benedicto XVI hace 41 años diciendo precisamente esto: que el celibato debería ser opcional; me da gracia que después de tantos ataques de los grupos conservadores católicos romanos, ahora parece que esas ideas también las compartía el Papa.

¿De qué habla en su libro?

Es una recopilación de lo que vi y viví desde mi época de seminarista. Es una historia de 25 años. Cuando la gente lea el libro va a encontrar a un joven enamorado de su iglesia y a un hombre que con el tiempo se da cuenta de algunas cosas que quizás lo desilusionan y que lo hacen reflexionar.

¿Qué cosas lo desilusionaron?

La Iglesia Católica Romana sigue imponiendo cosas que van en contra de lo más básico de la vida humana. El amor no se puede legislar, el amor no se puede convertir en un canon del derecho canónico. La Iglesia debería abrirse a su propia tradición: desde los apóstoles, en adelante, eran casados. La Iglesia sigue imponiendo normas que no son bíblicas ni tradicionales, y sigue considerando muchas cosas ya cotidianas como pecado mortal.

¿El pecado mortal no es pecado entonces?

Yo no creo que un católico esté cometiendo un pecado mortal por usar un preservativo o por tomarse una píldora, o porque las mujeres se aten las trompas después de tener cuatro hijos. ¿Cómo puede ser pecado mortal que alguien quiera planificar su familia, que no quiera tener 10 hijos en la sociedad de hoy?

¿Hay que abolir el celibato?

El cura secular debe tener la opción de casarse. Así fue durante 1.200 años: 40 papas fueron hombres casados, el mismo San Pedro tuvo esposa e hijos. Yo creo que todos los sacerdotes en el mundo tienen un dilema y deben buscar una salida. Hay muchos que aceptan vivir una vida doble porque el sistema le dice: como ser sexual, como ser humano, esto hay que esconderlo, no es bueno y daña la imagen de la Iglesia.

¿Cómo es esa doble vida?

No es una doble vida realmente: es triple y cuádruple. Una doble vida es cuando tú estás involucrado con una persona en una relación, pero hay compañeros míos que vivían en promiscuidad, en situaciones que no son sanas ni buenas, y eso la Iglesia lo sabe.

¿Qué tan grave es esa vida?

Depende de lo que se esté haciendo. Yo conozco sacerdotes que viven una vida destructiva con el alcohol o con la pornografía, otros que comen excesivamente o que fuman; no es sólo el sexo. La violación del celibato es cualquier cosa material que reemplace tu exclusividad en tu relación con Dios y con el ministerio; no es solamente las relaciones sexuales heterosexuales u homosexuales.

¿Hay muchos sacerdotes homosexuales?

He tenido amigos sacerdotes heterosexuales y homosexuales muy buenos, muy célibes; y también compañeros muy buenos que no han logrado vivir el celibato como lo exige la iglesia; también he conocido a sacerdotes homosexuales en sus problemas de promiscuidad y a otros luchando por ser castos.

¿El celibato tiene la culpa?

Yo no le echo la culpa de esto al celibato, pero de alguna forma sí es responsable por la soledad tan profunda que siente un hombre al vivir de esa manera. Le fui muy fiel al celibato durante muchos años; cuando conocí a mi esposa, incluso, nos respetamos durante muchos años; mantuvimos una distancia casi total hasta que pasó lo inevitable: nos dimos cuenta de que no podíamos vivir el uno sin el otro.

Hay quienes dicen que su libro es un ataque contra la Iglesia...

Muchos sacerdotes y religiosas han leído el libro y me han dicho: padre, usted fue muy suave con la Iglesia, yo lo hubiera escrito más fuerte. De ninguna manera es un ataque contra la Iglesia Romana, a la que sigo amando. Han inventado cosas malignas de mi esposa y de mí. Y publico el libro para que lo lean y sepan qué es verdad y qué no.

También lo señalan de ser un sacerdote farandulero y mediático...

Eso lo dicen los que no me conocen: sólo conocieron unas fotos de una revista; yo les diría, vengan conmigo a darles comida a las personas desamparadas, vayamos a visitar a los enfermos. Siempre he sido cura de parroquia: Le he dedicado 15 horas al día a la vida pastoral, no me la he pasado con los ricos y famosos.

¿Qué tan importante es el dinero?

Nunca he sido el cura materialista del carro y los trajes lujosos. Cuando trabajé en Telemundo, que me pagaban casi una miseria, el único lujo que me di fue comprarle un carrito a mi madre que era una mujer viuda. Siempre he sido un hombre sencillo. Una vez, en Bogotá, compré un traje Arturo Calle que me costó 78 dólares, algo así, y lo usé durante muchos años. Era un traje económico y muy bien hecho.

¿Qué hubiera pasado si no publican las fotos?

No me quiero justificar, pero ya venía en conversaciones con los obispos y sacerdotes de la Iglesia Episcopal Anglicana. La transición habría sucedido pronto, porque ya estaba muy enamorado.

¿Cómo van las ventas de su libro?

No tengo ni idea. Yo escribo libros, no los vendo, aunque sé que ya está en la lista de los más vendidos de Estados Unidos. Siempre que he trabajado en los medios he destinado gran cantidad del dinero a las caridades y con este libro será igual.

¿Cómo se siente en su vida familiar?

Como los apóstoles que tenían a su esposa y a sus hijos, vivo el sacerdocio de una forma más humana. Me siento mejor sacerdote ahora porque puedo tener la paz y la tranquilidad de una vida familiar y una vida eclesiástica; antes, cuando llegaba a casa, estaba solo.

¿Qué mensaje le enviaría al Papa?

Le diría que lo considero uno de los hombres más inteligentes de la historia, que sé que es un gran hombre de Dios, que siga adelante proclamando el evangelio; que hay ciertas reformas a las que la Iglesia debe abrirse, pero que él sabrá por qué en estos momentos no es conveniente hacerlo.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
REDACTOR DE EL TIEMPO

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