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Los ángeles que salvan a las prostitutas de Bogotá

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Una orden de religiosas capacita a mujeres que quieren dejar atrás su pasado para empezar de nuevo.

Sus hijos no lo saben, mucho menos las parejas con las que puedan entablar una relación sentimental en el futuro. Mónica, Ángela, Mireya y María, los nombres que escogieron para conceder esta entrevista, guardan un secreto en común: acudieron a la prostitución como una forma de sustento en sus atribuladas vidas.

Mónica lo hizo porque una hermana mayor le indicó el camino
para ganar dinero y suplir las necesidades que papá y mamá no
llenaron. Ángela porque una vecina, que vivía 'súper bien', le dijo
que era la mejor forma de escapar de la violencia intrafamiliar. Y
Mireya porque a sus 45 años quedó viuda, con cuatro hijos y todas
las puertas de las oportunidades cerradas.

María, a su vez, vendió su cuerpo después de una azarosa vida, que empezó cuando decidió escapar, a los 5 años, de su casa para huir de un padre alcohólico y abusador, una niñez esclavizada y un futuro sin logros, metas o planes.

Es la mañana del lunes 14 de mayo y las cuatro están sentadas en
una modesta sala de la ciudadela María Micaela: una amplia construcción de tipo inglés, como las casas del barrio Teusaquillo, con una fachada que empieza en ladrillo y termina en paredes blancas, con amplios ventanales.

Han pedido el cambio de sus nombres, fotos que no las delaten
y comprensión, mucha comprensión. La charla es espontánea.
Uno a uno, los testimonios develan la dureza de sus experiencias.
"Hay marcas que se quedan en el alma, esas nunca se borran", dice Ángela, con una locuacidad admirable.

A su lado, Mireya relata que la primera vez que se acostó con
un hombre por dinero miraba al techo con frigidez, mientras hacía
cuentas de los alimentos que podría comprar a sus hijos con un par de encuentros sexuales adicionales ese mismo día.

"Esa noche llegué a mi casa con una pizza y una gaseosa. Ellos se abalanzaron sobre la comida, después de pasar varias horas sin probar bocado, y yo me fui al baño a llorar, porque me sentía sucia, puerca. Son los sacrificios que uno hace para calmar el hambre de los hijos".

Alcohol, drogas, noches interminables, cuerpos sudorosos. La colección de imágenes es inagotable en sus relatos. "Con mi hermana parecíamos un supermercado: atendíamos las 24 horas", dice Mónica, quien ha logrado ahogar el leve asomo de llanto detrás de sus palabras.

Cuando los ángeles llegan

El punto de quiebre para estas mujeres fue haber llegado hasta las puertas de la ciudadela María Micaela, un lugar administrado por las religiosas adoratrices, donde sus vidas impenitentes han quedado atrás para darle espacio a una forma digna de ganarse el sustento.

"Siempre se ha dicho que los ángeles se demoran, pero llegan", dice Ángela, y en su caso, como en el de sus compañeras, los ángeles son un grupo de religiosas que, como la hermana Ofelia, dedican su vida a salvar a estas mujeres, brindándoles la oportunidad que durante años buscaron.

"A mí que no me vengan a decir que la prostitución es una profesión, ¿o es que a usted le gustaría que su hermana o su mamá estuvieran en ese oficio?", dice la hermana Ofelia, una caldense de cabellera canosa y con la fuerza de un ciclón, que observa desde un segundo piso el taller Creaciones Miquelina, donde se emplean más de 200 mujeres, la mayoría de ellas rescatadas de las calles.

"Son mujeres en situación de prostitución", apunta, y luego acudea la Biblia para recordar un pasaje que cae como anillo al dedo: "Ellas nos precederán en el reino de los cielos" (Mateo 21,28-32).

Después, bajo un vociferante parlante que le anuncia una llamada telefónica, busca un folleto con el que las adoratrices logran convencer a varias empresas para que apoyen esta causa.


El folleto, que tiene como portada la silueta de una mujer en un atardecer, tiene en su primera página una frase contundente: "La ciudad capital va camino de convertirse en un gran BURDEL", y en las otras describe los 10 programas de capacitación que reciben las mujeres que han tenido que acudir a la prostitución.

Son estos programas los que les han permitido a Mónica, Ángela, Mireya y María recobrar su dignidad. Mónica logró capacitarse y, tras conseguir un crédito blando con las adoratrices, adquirió un molino eléctrico para vender masa y comercializar arepas. Mireya produce pantuflas y María compró una fileteadora y ahora confecciona prendas de vestir.

El gancho, dice Mónica, es el boca a boca que produce entre las mujeres en situación de prostitución el hecho de que haya un lugar donde pueden conseguir un mercado básico por 2.000 pesos o unos zapatos tenis en 1.000 pesos. Después, viene la capacitación en uno de los 10 talleres y, finalmente, la posibilidad de conformar una unidad productiva.

Es una obra que las adoratrices realizan en 21 países de cuatro continentes, y que en Colombia cuenta con el respaldo de organizaciones como la Asociación Laetitia, conformada por voluntarias españolas residentes en Colombia y colombianas vinculadas a España.

Una búsqueda incesante

Ahora, las mujeres que han logrado escapar de esta situación tratan de ayudar a quienes aún se mantienen en la prostitución.
Ángela asegura que su pasado le sirve de testimonio para ir a los burdeles de la ciudad a contarles a otras mujeres que sí hay una puerta abierta para empezar una nueva vida.

Es mediodía y Mónica, Ángela, Mireya y María deben volver a sus actividades. Antes trabajaban en burdeles y reservados que les permitían llegar a sus casas con varios fajos de dinero en sus carteras, pero con la dignidad pisoteada. Hoy, luchan a pulso por recobrarla.

"Lo hago por mis hijos", dicen casi todas. Ellos no saben que sus madres, alguna vez, se pararon en un burdel a comerciar con su cuerpo para que ellos pudieran comer e ir al colegio. Quizás nunca lo sabrán. Tal vez ellas solo se atreverán a decir que en algún momento de sus vidas la pasaron muy mal y que gracias a unos ángeles, que se tardaron en llegar, pero que al final de cuentas llegaron, sus vidas recobraron el rumbo.

José Antonio Sánchez

Editor de ELTIEMPO.COM


 Más historias de estas en el especial de Huella Social

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