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Los padres modernos no están de 'adorno'

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Una nueva generación de papás se involucra activamente en la crianza de sus hijos.

Mario Cortés tiene 36 años y tres hijas. María Camila, de 12 años; Juanita, de 7, y Gabriela, de 4. "Desde que nacieron -dice Erika, su esposa- yo lo único que hacía era alimentarlas, él se encargaba de todo".

"Un papá debe compartir, tener tiempos largos con sus hijos. Más que ser, se trata de estar para ellos en las buenas y en las malas -comenta Mario-. Los hijos están por encima de todo; claro, uno no tiene que dejar de hacer su vida ni lo que le gusta".

Él hace parte de una nueva generación de padres. "Anteriormente, veíamos un padre muy patriarcal, pero en Colombia ha habido un cambio en los últimos 50 años -explica Andrés Cano Rodas, profesor del Instituto de la Familia de la Universidad de La Sabana-. Era el que tomaba las decisiones, llevaba el dinero a la casa y tenía el poder".

En la actualidad, en su gran mayoría, ya no es visto como el proveedor económico. Cuestiones como el desempleo y la revolución femenina influyen en esta tendencia, que no es solo colombiana.

"Como la mujer comienza a salir a trabajar, eso que ella hacía antes en la casa, alguien lo tiene que hacer. Los que tenían los medios contrataban a otra persona, de lo contrario, al papá le tocaba ayudar. Al principio, ellos lo veían como una obligación y una colaboración. Algo así como: 'Yo le ayudo a mi esposa cuidando a los hijos'", explica Cano.

Con los años se ha llegado a un proceso de transición en el que los papás han entendido que ser padres es una responsabilidad compartida. Su labor no se basa solo en llevar el dinero a la casa.

Álvaro Sierra Londoño, médico pediatra y especialista en asesoría personal y familiar, considera que "ha habido un cambio real, porque hay una clara intención del varón en ser más partícipe de la crianza y esto, por supuesto, fortalece el vinculo papá-hijo, pero no se trata de que los papás le cambien el pañal al hijo y le den de comer. No se trata de que hagan el mismo papel de las mamás. Eso no es ser un buen papá".

Para este experto, los papás tienen labores muy concretas dentro de los hogares. Entre ellas está: la apropiación de la sexualidad, en lo que tiene que ver con la figura masculina. También aportan una parte racional (no quiere decir que las mamás sean irracionales).

"Los hombres son mucho más concretos y tienden a ver las cosas de una manera mucho más práctica, mientras que las mujeres son más afectivas", explica Cano.

Una parte muy importante en este proceso de transición es la expresión de los sentimientos hacia los hijos. Sin embargo, esta debe comenzar desde el embarazo de la mujer.

"La maternidad es un fenómeno biológico, en cambio la paternidad es un fenómeno funcional. Hay que tener un vínculo real con la mamá para que cuando el hijo nazca el padre esté pendiente de su crianza, de sus vacunas, de su comida, de su ropa. Son cosas simples a las que a veces muchos papás no les prestan atención", asegura Sierra.

Así mismo, explica que hay un interés por parte de los papás de hacer las cosas bien y tiene que ver mucho con la sensibilidad. "Anteriormente, los hombres eran incompetentes afectivamente. De ellos no se esperaba que fueran cariñosos, solo que fueran potentes, que embarazaran. Pero, la masculinidad no tiene porqué ser insensible.

El afecto tiene más peso en la educación. Queremos papás que sean papás delicados, comprensivos y cariñosos con sus hijos y esposas".

Un papá en todo el sentido de la palabra

Mario ha aprendido que expresar los sentimientos hacia sus hijos no tiene nada de malo. Por el contrario, contribuye a generar una bonita relación familiar. Su hija Juanita lo dice. "Tu primera labor como papá es amarnos. Mi papá es cariñoso, es tierno, amoroso y querido".

"Sin mis hijas mi vida sería desordenada. Yo antes solo rumbeaba y no ahorraba plata. No cambio por nada la paz que me dan. Me encanta arruncharme a su lado, escucharlas y compartir. Cuando estoy con ellas me siento tranquilo. Se me olvida el resto del mundo y los problemas", dice Mario, y en su expresión se nota el cariño que siente por su familia.

También tiene claro que la felicidad de ellas es lo más importante. "Me interesa que sean educadas, cultas, responsables, pero si viven vidas aburridas y tristes ¿cuál es el sentido?", señala Mario.

Sergio Camacho Iannini
REDACCIÓN EL TIEMPO

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